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El Papa espera que su viaje contribuya al diálogo
con ortodoxos y musulmanes
Benedicto XVI visita Turquía
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Benedicto XVI espera que la "inolvidable experiencia" de su viaje a Turquía contribuya a profundizar en la colaboración y el diálogo con los cristianos ortodoxos y con los seguidores del islam. El pontífice confesó su deseo al dirigirse a miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro para participar en el primer Ángelus presidido por él, el domingo 3 de diciembre, a su regreso de Estambul.
Hablando desde la ventana de su estudio, el Santo Padre dio ante todo "gracias al Señor" y a todas las personas del mundo que han rezado por el buen resultado de su peregrinación por tierras turcas, que tuvo lugar del 28 de noviembre al 1 de diciembre.
Asimismo, recordó "con afecto y reconocimiento a la querida comunidad católica que vive en tierras turcas" y que atraviesa "condiciones que con frecuencia no son fáciles". "Verdaderamente es un pequeño rebaño, variado, rico de entusiasmo y de fe que por así decir, que vive constantemente y de manera intensa la experiencia del Adviento apoyado por la esperanza", reconoció.
LA VISITA
El Santo Padre llegó a Turquía el martes 28 de noviembre a las 13:00 hora local, iniciando así una visita oficial por invitación de su presidente, Ahmet Necdet Sezer, que concluyó el viernes 1 de diciembre, en la que visitó el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y a la pequeña comunidad católica turca.
Benedicto XVI y el primer ministro turco, Recep Tayiip Erdogan, mantuvieron un encuentro de unos 20 minutos en el aeropuerto internacional de Esenboga (Ankara) en un ambiente de cordialidad. Erdogan tendió la mano al Papa como gesto de amistad, en la pista de aterrizaje, y ambos desfilaron por la alfombra hasta una sala en la que se encontraba el retrato de Mustafá Kemal Ataturk, el fundador de la Turquía moderna en 1923. Al inicio del encuentro el primer ministro se disculpó por no poder atenderle durante más tiempo debido a su asistencia a la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte celebrada por esos días en Riga, Letonia. En vísperas de la visita, el primer ministro había anunciado que no recibiría al Papa a su llegada a Turquía.
EL MAUSOLEO DE ATANTURK
Después del recibimiento el Papa viajó en coche al monumento en el que se encuentran los restos mortales del fundador y primer presidente de la moderna República de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk (1881-1938), quien sentó las bases del estado laico y democrático, terminando así la vigencia de la ley islámica en el país.
Acogido por el Comandante del Cuerpo de Guardia, el Santo Padre entró en el Mausoleo y colocó una corona de flores junto al monumento donde se encuentran los restos mortales de Ataturk. A continuación se dirigió a la sala de la Torre del Pacto Nacional, donde firmó el libro de Oro y escribió esta frase en inglés como recuerdo de su visita: "En esta tierra, lugar de encuentro entre religiones y culturas, y puente entre Asia y Europa, con gusto hago mías las palabras del fundador de la República turca para expresar el augurio: 'Paz a Turquía, paz al mundo'".
En un encuentro con los periodistas en el avión que lo llevaba a Turquía, ante la pregunta sobre la integración de ese país a la Unión Europea, el Papa recordó que Ataturk tomó como modelo la Constitución francesa y, por tanto, en el origen de la Turquía moderna se encuentra el diálogo con la razón europea, con su manera de pensar y de vivir, que hay que realizar en un contexto histórico y religioso diferente.
DIÁLOGO ENTRE CRISTIANOS Y MUSULMANES
El mismo día Benedicto XVI se reunió con Ali Bardakoglu, responsable de la Presidencia de Asuntos Religiosos de Turquía, con quien habló sobre el carácter sagrado y la dignidad de la persona humana como base para el diálogo y la colaboración de musulmanes y cristianos a favor de la paz. En el encuentro estuvieron presentes representantes de la comunidad musulmana, entre los que se encontraban el gran muftí de Ankara y el gran muftí de Estambul, así como cardenales y obispos que formaron parte del séquito papal.
A continuación, todos pasaron al auditorio de la Presidencia donde el profesor Bardakoglu y el Papa pronunciaron sus respectivos discursos.
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"Los cristianos y los musulmanes, siguiendo sus respectivas religiones, resaltan la verdad del carácter sagrado y de la dignidad de la persona", afirmó el Papa hablando en inglés. "Esta es la base de nuestro respeto recíproco y estima, esta es la base para la colaboración al servicio de la paz entre las naciones y pueblos, el deseo más querido por todos los creyentes y por todas las personas de buena voluntad", añadió. El obispo de Roma confirmó "la necesidad de afrontar el diálogo interreligioso e intercultural con optimismo y esperanza". "No puede quedar reducido a un accesorio opcional –advirtió–, por el contrario, es una necesidad vital, de la que depende en buena parte nuestro futuro". |
EL PAPA Y EL PATRIARCA DE CONSTATINOPLA
"Querido hermano, bienvenido". Con estas palabras acogió el patriarca ecuménico Bartolomé I en la Sede de Constantinopla (hoy Estambul) a Benedicto XVI, en la tarde del miércoles 29 de noviembre. La llegada del Papa estuvo acompañada por el repicar de las campanas del patriarcado. "Bendito el que viene en el nombre del Señor", añadió el patriarca, al final de una oración en la Iglesia patriarcal de San Jorge. Ambos adoraron las reliquias de San Gregorio Nazianzeno y de San Juan Crisóstomo, antiguos patriarcas de esta sede, venerados como doctores de la Iglesia por Oriente y Occidente.
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"Doy las gracias al Señor por el don de este encuentro, lleno de buena voluntad y de significado eclesial", le respondió el Papa, quien en su discurso pronunciado en inglés dio un fuerte empuje al diálogo entre católicos y ortodoxos en búsqueda de la unidad. El Santo Padre recordó los pasos que se han dado para superar este cisma que hace un milenio separó al Oriente y Occidente cristianos. En particular, recordó "la valiente decisión de remover la memoria de los anatemas de 1054" tomada por el papa Pablo VI y por el patriarca ecuménico Atenágoras, en 1965. Recordó también la contribución |
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ofrecida a este diálogo por el papa Juan Pablo II y por el patriarca Demetrio I. "¡Que sus nombres sean honrados y benditos!", expresó.
Tras la oración, el papa y el patriarca mantuvieron un encuentro privado en el que afrontaron cuestiones que afectan a las relaciones entre católicos y ortodoxos, así como el diálogo interreligioso, y la paz en el mundo. A continuación Benedicto XVI participó en la Divina Liturgia en la iglesia patriarcal de San Jorge, presidida por el patriarca ecuménico. El Papa, quien rezó el Padrenuestro en griego, asistió en un puesto de honor sin poder concelebrar, a causa de la división entre las dos Iglesias que dura desde el cisma de 1054. "Confesamos con gran tristeza que no podemos todavía celebrar los sacros misterios unidos y oramos por el día, en el cual se ha de realizar plenamente esta unión", reconoció Bartolomé I en la homilía. Tras la Divina Liturgia, el Papa y el Patriarca Ecuménico salieron al balcón del palacio patriarcal para bendecir en latín y en griego a los fieles presentes. Entre los aplausos, el Patriarca elevó la mano del Papa, provocando una espontánea sonrisa en el obispo de Roma.
A continuación, firmaron una Declaración común en la que ambos representantes cristianos lanzan una invitación a la paz, y expresan la alegría de sentirse hermanos, renovando el compromiso para alcanzar la comunión plena.
EN LA MEZQUITA AZUL
Más tarde, el Papa visitó el Museo de Santa Sofía y a continuación la Mezquita Azul, la más bella y grande de esta ciudad. El Papa entró en la mezquita descalzo, acompañado por el gran muftí y por el imán de la mezquita, Emanullah Hatiboglu.
Tras explicar cómo se recogen los musulmanes en oración, el gran muftí comenzó a rezar. Al lado del religioso musulmán, mirando hacia La Meca, el Papa se recogió durante unos minutos en silencio. La visita, de unos treinta minutos, concluyó con un intercambio de regalos. El muftí le ofreció la representación de una paloma, símbolo de la paz, con las palabras del Corán "en nombre de Dios clemente y misericordioso".
El obispo de Roma le regaló un mosaico en el que se representaban también palomas. Al ver la coincidencia, el muftí comentó: "Un feliz signo del destino".
EN ETESO
Efeso fue la siguiente escala de Benedicto XVI. Desde el santuario de la casa de la Virgen María, donde celebró la primera de las dos eucaristías programadas en este viaje, elevó una súplica de paz por Jerusalén y por el mundo entero. Una marcada connotación mariológica y eclesial caracterizó la celebración de la Eucaristía, porque allí se encuentra el santuario mariano nacional de Meryen Aria Evi o Casa de la Madre María. En la ciudad turca, donde se celebró el Concilio del año 431 que proclamó la maternidad divina de María, vivió durante cierto tiempo -según una tradición piadosa- la Virgen con el Apóstol Juan.
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Al celebrar la eucaristía con fieles católicos de Turquía, Benedicto XVI constató las dificultades que atraviesa esta pequeña minoría y recordó al sacerdote Andrea Santoro, asesinado hace tan sólo unos meses. Ante el santuario de Efeso, se congregaron al aire libre varios miles de fieles procedentes de Izmir, Mersin, Iskenderun e Antakia.
"Con esta visita he querido manifestar no sólo mi amor y cercanía espiritual, sino también los de la Iglesia universal a la comunidad cristiana que aquí, en Turquía, es verdaderamente una pequeña minoría y afronta cada día no pocos desafíos y dificultades", dijo el Papa en una homilía pronunciada en italiano pero traducida al |
turco. De los más de 75 millones de habitantes que tiene Turquía, el 99% son musulmanes, los católicos son algo más de 30 mil. La Iglesia católica no cuenta con reconocimiento jurídico en Turquía.
"PARTE DE MI CORAZÓN SE QUEDA EN ESTAMBUL"
La segunda celebración eucarística presidida por el Papa tuvo lugar el 1 de diciembre en Estambul, en la Iglesia catedral del Espíritu Santo, poco antes de regresar a Roma.
"Una parte de mi corazón se queda en Estambul, en esta ciudad magnífica", afirmó Benedicto XVI durante la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Estambul.
Dirigiéndose al gobernador de la ciudad, Muammar Guler, quien en nombre de las autoridades le acompañó hasta el avión de las líneas aéreas turcas en el que regresó a Roma, el Papa mantuvo un diálogo espontáneo en el que expresó sus sentimientos.
El gobernador de Estambul dio las gracias personalmente al Papa por "sus declaraciones sobre el islam, que nos han hecho felices", alejando "demasiadas malas interpretaciones".
"Ha sido una visita serena, gracias también a la colaboración de la población y espero que quede como signo de amistad entre los pueblos y las religiones", confesó el obispo de Roma. Benedicto XVI añadió que "Estambul es una ciudad verdaderamente europea, un puente entre Occidente y Asia, para acercar estructuras y organizaciones". |
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