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| Cuando este texto vea la luz, ya estará celebrándose o habrá terminado nuestra Feria del Libro. En ella se presentará o ya habrá sido presentada la edición cubana de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, símbolo de cubanía . Por delicadeza de la autora, buena y antigua amiga (no vieja; el viejo soy yo), y de la Editorial Oriente, tendré o habré tenido a mi cargo, en La Cabaña, la presentación de una obra que aprecio sobremanera. La edición anterior había sido impresa en el extranjero y se vendió en Cuba solo en moneda libremente convertible. La actual podrá ser adquirida en Cuba, en moneda nacional. El prólogo, a mi cargo, es el mismo en ambas ediciones. Sabiendo que me resultará imposible evitar repeticiones de otros textos sobre el tema, escritos también por mí en Palabra Nueva o en otras publicaciones nacionales, me siento gozosamente obligado a elaborar estas líneas, breves, en ocasión de la presentación del libro en la Feria.
Gozosamente obligado , ante todo, porque me gozo –como, por supuesto, la autora– con el hecho de que este buen texto, bien editado, pueda ser adquirido a un precio razonable en nuestro país y, por ende, circular ampliamente. Todos sabemos lo que significa entre nosotros esta advocación de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Y si alguien –cubano o no, residente en la Isla o en el extranjero– tenía dudas al respecto, estas habrán quedado resueltas por la reciente peregrinación de la imagen de Nuestra Señora, la Peregrina, la que se venera en el templo de Santo Tomás, en Santiago de Cuba, desde el Santuario a todos los pueblos y rincones de la Isla, desde Maisí hasta San Antonio. |
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No entro ahora en discusiones acerca de esta interpretación “nacional” del hecho y de la devoción cobrera. El texto del Prólogo es amplio y mis juicios sobre el tema aparecen en él con toda claridad. Ante todo, tengamos en cuenta de que se trata de un libro científico, de historia en el más completo sentido de la palabra. No es un libro de lectura espiritual, pero no resulta ajeno a esta, puesto que si la devoción a Nuestra Señora de la Caridad en Cuba está relacionada con el hecho del hallazgo de la imagen, con la pronta acogida devota que esta tuvo desde los primeros momentos en el hato de Barajagua (habitado entonces, al parecer, por una abundante población aborigen), con los traslados iniciales de la imagen ya en el pueblo de El Cobre (iglesia parroquial, ermita), con una cierta indeterminación, confusión y hasta “fusión” –también en los inicios– entre la advocación y la imagen de Nuestra Señora de la Caridad y la de Nuestra Señora de Guía Madre de Dios, así como a la añadidura en la advocación del título “…y de los Remedios”, la posibilidad de una cierta expansión previa –sobre todo en la población aborigen– de la devoción mariana, etcétera, agradecemos que una investigadora de la talla de la Dra. Olga Portuondo emplee su ciencia y su tiempo en esclarecer estos datos. |
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Olga Portuondo junto a monseñor
Carlos Manuel de Céspedes,
durante la presentación
de la edición cubana de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en la reciente Feria del Libro.
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Lo anterior implica que, en algunos casos, llegue a conclusiones científicamente probadas y, en consecuencia, claras y evidentes, mientras en otros precise la autora los contornos de las ambigüedades y de las incertidumbres, pues no todo está claro con respecto a los elementos secundarios en los inicios de nuestra devoción cobrera. En la apreciación de las situaciones en las que no contamos con datos científicos como para llegar a conclusiones apodícticas, entran –en este y en todos los ensayos que tienen que ver con la Historia– las inclinaciones y las opiniones personales, en uno u otro sentido, que podrían ser matizadas o cambiar, de acuerdo con nuevos datos no conocidos bien todavía. Los hechos que preceden y acompañan el establecimiento del culto a Nuestra Señora de la Caridad en Cuba constituyen, a mis ojos, una mina no agotada de detalles por investigar, aunque los hechos sustanciales están científicamente bien establecidos. |
Los hombres y mujeres de fe no deben temer a las investigaciones científicas rigurosas, como es el caso de la Dra. Portuondo en su texto. Mientras veamos con mejores certezas los hechos y circunstancias accidentales, más firme y razonable puede llegar a ser nuestra devoción a Nuestra Señora de la Caridad. ¿Es que acaso la exégesis bíblica ha perdido con la aplicación del método histórico-crítico, hoy imprescindible? ¿No ha sucedido más bien lo contrario?
Mis criterios sobre el libro, en algunos pasajes concretos, están mejor expresados en su Prólogo y no es este el lugar de repetirlos. Mas no dejo de reiterar mi gratitud a la autora y a la Editorial Oriente por un texto que ha enriquecido sobremanera mi aprecio por la advocación a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, como espero que incremente y lustre la devoción de todos los que lo lean con calma y atención.
La Habana, 16 de enero de 2012
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