Por ello, resulta muy saludable la publicación que ha hecho, en el 2011, la Editorial Letras Cubanas, de una antología de poemas de Buesa –como un tributo a su centenario ocurrido el año anterior– titulada Nadie sabe por qué… , en la que se incluyen poemas de su último libro publicado en República Dominicana, Año bisiesto . La compilación, prólogo y notas estuvieron a cargo de otro poeta, el investigador Virgilio López Lemus, quien con acertado juicio nos ofrece otra dimensión del Buesa más conocido y denostado. López Lemus aclara que “cuando se le acusó de cursi y se llegó a decir que no pasaba de versificador fácil, se cometían más que errores, injusticias, porque Buesa representaba en su poesía la sensibilidad de un sector de la población cubana”. (1)
Coincide el antologador con Cintio Vitier en que Lamentaciones de Proteo , posterior a Oasis , marca “su mejor momento creativo” (2) y también en la influencia que ejerciera en el poeta cubano los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Vitier, quien calificó a Oasis de “un lirismo amoroso de musicalidad fácil y temática monocorde” (3) considera a “Yo vi la noche” un “magnífico soneto”, (4) por lo que lo incluye en su imprescindible libro de consulta Cincuenta años de poesía cubana . Como es breve y casi desconocido, considero necesario transcribirlo a los lectores:
Yo vi la noche ardiendo en su tamaño,
y yo crecía hacia la noche pura
en un afán secreto de estatura,
uniendo mi alegría con su daño.
Y aquella realidad era un engaño,
en un sabor de ensueño y de aventura:
y abrí los ojos en la noche oscura,
y yo era yo, naciendo en un extraño.
Y yo era yo, pequeño en mi amargura,
muriendo en sombra bajo el cielo huraño
y cada vez más lejos de la altura.
Y odié mi realidad y amé mi engaño,
y entonces descendió la noche pura,
y sentí en mi estatura su tamaño.
Resulta curioso que para varios de sus poemarios ( Cantos de Proteo , Lamentaciones de Proteo y Alegría de Proteo ) el poeta haya tomado como símbolo al dios de la mitología griega –hijo de Poseidón– que poseía la facultad de cambiar de aspecto para evitar a quienes deseaban sus profecías. Quizás se deba a la semejanza de Buesa en cambiar, porque es difícil conciliar al hombre académico, conocedor de varios idiomas, profesor de la Universidad de Santo Domingo, con el poeta, en ocasiones demasiado almibarado y erótico, con algunos rasgos de prosaísmo de la peor especie.
Su “Poema del amor ajeno” denota puntos de contacto con la “Canción del sainete póstumo” de Rubén Martínez Villena, y su ya posterior “Testamento de poeta” con el de Eliseo Diego, lo que demuestra que los temas e influencias a veces confluyen en los líricos.
La poesía de Buesa logró llegar a todos. Es de destacar que coexistió con la de un monumental Lezama Lima y el grupo Orígenes, con la vanguardia liderada por Nicolás Guillén, y que perteneció a la corriente neorromántica donde se encontraba, también, el pulido verso de Dulce María Loynaz; mientras en Latinoamérica ya escribía el peruano César Vallejo. Pero en literatura –según aprendí con mi profesora Beatriz Maggi–, no son buenas las comparaciones; solo me refiero a algunos escritores contemporáneos de José Ángel Buesa para indicar el ambiente creativo de su época.
Indudablemente, en su obra escasea el lenguaje tropo-lógico original, la metáfora novedosa; abunda la expresión llana, sin rebuscamientos, con preferencia por el símil. En mi opinión, el error de José Ángel Buesa, si es que puede catalogarse como tal, fue el de aferrarse a su concepción ideoestética sobre la poesía. Aborrecía el verso libre, al que rechazaba ostensiblemente; y, en este caso, no tomó en cuenta los cambios de un Proteo, tantas veces nombrado por él, cuando ya era ineludible que existía una nueva forma de decir en el arte poético.
Los temas en la poesía de Buesa son recurrentes: por supuesto, el amor, el mar, la mujer idealizada, el capitán de barco, los náufragos… Sin duda, el primero fue el que le atrajo más seguidores. Supongo que los lectores no perdonarían que no se incluya en este texto uno de los poemas de su libro Oasis , por lo que a continuación transcribo el “Poema de la despedida”:
Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré:
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.
José Ángel Buesa también fue escritor de novelas radiales y director de programas en las desaparecidas emisoras RHC-Cadena Azul y CMQ. Sobre sus amores circulan diversos rumores que implican a más de una poetisa de su tiempo. En la década del sesenta abandona Cuba y recorre diferentes países hasta asentarse en la República Dominicana donde fallecería.
Había estudiado en Cienfuegos en el colegio de los Hermanos Maristas, pero sobre su visión del mundo pudiera considerársele un agnóstico, como declara en el verso “Ni creyente ni ateo”, del “Cuaderno del transeúnte” en su último libro Año bisiesto .
En “Recapitulación”, poema de 1980, escribió: “Por eso y otras cosas me deja indiferente, / aquí, allá y donde quiera, lo que diga la gente. / (…) / mientras sigan andando de un modo parecido, / los hombres en el tiempo, y el tiempo hacia el olvido”. 5
Podrían destacarse otros textos que equilibrarían la balanza en su justo fiel para un autor catalogado de “poeta menor”, consideraciones y apreciaciones que a veces encasillan a un nombre. Al igual que Buesa, existen algunos poetas necesitados de una revalorización en su contexto.
Meritoria resulta la labor de Letras Cubanas al editar esta antología del poeta cuya preferencia popular es incuestionable, y de la que habíamos carecido, así como del estudio preliminar y explicativo del ensayista Virgilio López Lemus. El público lector lo agradecerá sobremanera. |