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Beato John Henry Newman (1801-1890)
por fray Frank DUMOIS RUIZ, OFM
El pasado 19 de septiembre el papa Benedicto XVI beatificó en Cofton Pash, Birmingham (Inglaterra) al cardenal J. H. Newman. |
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John Henry Newman nació en 1801 en el centro de Londres. Era el primogénito de una familia de tres hermanos y tres hermanas. El padre fue un burgués de un nivel de vida desahogado; tenía una casa en la capital y otra de veraneo. La madre era de origen francés y hugonote (calvinista). Las relaciones del futuro beato con sus padres fueron difíciles por contrastar la poca piedad de ambos con la de John Henry, célibe y santa. En 1816 se sintió “elegido para la gloria eterna” y para hacer trabajos doctrinales. Pensaba que el Papa era el anticristo. Quiso estudiar derecho y logró entrar en el Trinity College de Oxford en 1817. En 1820 decidió recibir órdenes sagradas en la Iglesia anglicana, la oficial de Gran Bretaña.
En 1822 se hizo miembro del Oriel College. No estaba satisfecho por completo con su fe anglicana y, cual nuevo san Agustín antes de convertirse, siguió buscando certeza.
En el siglo xix en que vivió Newman, el anglicanismo se dividía en tres grupos: la High Church (Iglesia Alta), cercana al poder político y, en buena parte, próxima al catolicismo; otro grupo mayoritario –que vivía una religión ritualista– dedicado a los negocios sin interesarse mucho por la doctrina ni la moral, el cual hizo del imperio británico la primera potencia mundial; el tercer grupo, Low Church (Iglesia Baja), era de tendencias puritanas. Los grandes misioneros anglicanos del siglo xix , repartidos por las colonias británicas, provenían de esta última rama.
Cuando a los quince años Newman abrazó el credo anglicano, pasó de una fe propia de la burguesía a una religión centrada en la intimidad con Dios.
En 1824 fue ordenado diácono y al año siguiente sacerdote anglicano y vicedirector de St. Alban's Hall (Oxford); en 1827 fue nombrado examinador público en los clásicos y en 1828 vicario de St. Mary's, la iglesia de la universidad. |
| En 1832 John Henry recibió la influencia de Hurrel Froude, admirador de la Iglesia de Roma. Esto lo llevó a reconsiderar su fe anglicana y a leer intensamente a los padres de la Iglesia. (1) En 1833 escribió Los arrianos. (2)
El año anterior acompañó a Froude en un viaje a Italia.
Durante una enfermedad en Sicilia, Newman se sintió llamado a luchar contra el relajamiento de la Iglesia anglicana. Muchos de sus clérigos solo hacían los servicios el domingo, sin mucha espiritualidad.
Cuando John Keble, profesor de Froude, predicó un sermón sobre “Apostasía nacional”, Newman se sintió llamado a formar lo que sería el “movimiento de Oxford” y de entrada se llamó Asociación de Amigos de la Iglesia. Newman escribió Tratados para los tiempos , en los que exhortaba a los clérigos anglicanos a dedicarse más a su misión y les señalaba sus reiteradas y poco serias críticas a las supuestas corrupciones de Roma. Lo acusaron de “romanizante”.
El futuro cardenal llegó a la conclusión de que los 39 artículos de la Iglesia anglicana fueron en realidad contra los abusos de la Iglesia romana y la supremacía política del Papa, más que contra la doctrina católica romana. En los púlpitos de toda Inglaterra se le atacó. El obispo le prohibió continuar escribiendo sus tratados.
En su obra El desarrollo de la doctrina cristiana se movió hacia Roma. En 1843 renunció a vivir en St. Mary's y ser miembro en Oriel. Por fin, en 1845, pidió entrar en la Iglesia católica romana.
Al año siguiente, el 30 de mayo, fue a Roma para ser ordenado sacerdote católico –junto con otro converso– por el cardenal Fransoni, en la capilla del Seminario de Propaganda Fide. El 3 de junio celebró su primera misa como sacerdote católico.
Después de su ordenación convocó a todo el grupo de conversos ingleses para fundar en Inglaterra el Oratorio de San Felipe Neri. En 1847, el beato Pío IX los visitó y nombró superior a Newman.
Fue dificilísimo encontrar un local adecuado en Inglaterra. Newman lo que más apreciaba era el sagrario, para adorar a Jesús sacramentado. En su oratorio de Birmin-gham, Newman oraba, estudiaba y atendía a los emigrantes irlandeses.
Pero la cruz nunca falta en la vida, y menos en la de los santos. Y le llegó a él. Su conversión al catolicismo llevó a muchos a vilipendiarlo por traidor a su Iglesia y a su patria. Después vino la crítica de su nueva Iglesia. El obispo de Birmingham, Ullathorne, miró con sospechas el Oratorio por su condición extranjera y por escapar a su jurisdicción diocesana.
El padre Faber, converso también al catolicismo, apasionado e inteligente, con influencia sobre un amplio grupo de jóvenes, había pedido el ingreso en el Oratorio. Al fin entró en 1848, pero pronto se vio su ímpetu desmedido e imprudente. En primer lugar, publicó Vidas de santos católicos eligiendo algunos ajenos a la mentalidad anglo-sajona y con milagros y leyendas piadosas. El obispo tuvo que censurarlo. En segundo lugar, era muy agresivo contra el anglicanismo al que había pertenecido. En tercer lugar, transmitía a los novicios una idea del Oratorio diferente a la que Newman quería para Inglaterra. Gustaba más de la acción externa que de la formación espiritual.
Por fin, el padre Faber abandonó el Oratorio, y como Wisemar quería fundar otro en Londres, lo nombraron superior de este en 1849.
Según la idea del fundador, san Felipe Neri, los Oratoios eran independientes.
Newman atendía el culto y el confesionario, predicaba e impartía conferencias cuando las pedían. Escribió varias obras apologéticas, o sea, para defender y explicar la fe católica.
Remarcaba que la Iglesia de Inglaterra había nacido del poder de Enrique VIII y no tenía libertad por estar sometida al Estado.
Pío IX le otorgó el doctorado honorífico de Sagrada Escritura en 1850 por mediación del cardenal Wisemar.
Newman también escribió a sus amigos anglicanos afines al catolicismo pero con estilo respetuoso. Logró la conversión de los más allegados.
Los católicos habían sido discriminados desde la ruptura de 1534, pero la ola liberal europea del siglo xix logró la restauración de sus derechos civiles en 1829. En 1850 el beato Pío IX restauró la jerarquía católica en Inglaterra con catorce diócesis. Wisemar fue nombrado arzobispo de Westminster y cardenal.
Newman estaba convencido de que solo con un laicado bien formado progresaría la fe católica y de que los laicos debían ser consultados en las cuestiones de la fe. Esta posición le granjeó enemigos. Monseñor Talbot le escribió al cardenal Manning criticando a Newman por dejar a los laicos “entrometerse en los asuntos eclesiales”.
“El Dr. Newman es el hombre más peligroso de Inglaterra”, afirmó.
Newman habla y escribe con vehemencia sobre la vocación del laicado: “No hemos nacido para nosotros mismos, sino para nuestra especie, para nuestro prójimo, para nuestro país”.
Otro de los momentos difíciles de la vida de Newman fue la acusación de herejía que le hicieron. Dirigía la revista católica Rambler , que junto con la Dublin Review fundada por Wisemar y el Tablet , eran las de más prestigio entre los católicos ingleses. Pero Rambler dio un giro radical en 1854, con la dirección de Simpson. Se volvió de aire modernista, 3 liberal, 4 y muy crítica con la jerarquía y los católicos antiguos. Los obispos rechazaban subvenciones del gobierno para las escuelas católicas. A muchos esta postura les parecía suicida. El Rambler arremetió contra la jerarquía. El obispo Ullathorne encomendó a Newman la dimisión de Simpson o suavizar sus posturas. Simpson dejó la revista en sus manos, algo que no agradaba a Newman, pero aceptó. Escribió un artículo “Consulta de los fieles en materia doctrinal”. Ponía el ejemplo del beato Pío IX, que pidió a los obispos consultar a los laicos más representativos antes de definir la Inmaculada Concepción de María (1854). Y era práctica usual en la Iglesia antigua. Pero los obispos ingleses del siglo xix no estaban preparados para eso. Newman además citaba el caso de los obispos arrianos del siglo iv frente a la ortodoxia de la mayoría del pueblo de Dios. |
El obispo de Newport le escribió varias cartas llamándolo hereje y llevando la acusación a Roma. El obispo de Birmingham, Ullathorne, se entrevistó con Newman y le aconsejó ir a Roma. También se rumoraba que simpatizaba con Garibaldi, quien invadió los Estados Pontificios, y que no defendía el poder temporal del Papa sobre dichos territorios. El ambiente católico culto era ultramontano (ultrapapista), en contra de la cultura del siglo xix . Una carta de Propaganda Fide le instaba a dar explicaciones sobre el artículo. Se negó a contestar. No entendía de diplomacias.
Aislado y perseguido dimitió como director del Rambler . Varios teólogos del siglo xix también vivieron bajo la presión romana, como el caso Rosmieri, hoy beato. Había permanecido al frente de la revista poco más de un mes.
Tanto el Oratorio de Londres como el cardenal Wisemar arrastraban sonadas conversiones al catolicismo. Las conversiones en torno a su persona o en torno al Oratorio de Birmingham eran pocas. Empezaba a dudar de su propia persona y de su estilo.
Del 1859 al 1864 sufrió una severa depresión. Llegó a escribir: “Mi momento ha pasado, estoy en decadencia; soy raro, extraño, tengo mis ideas propias y no me llevo bien con los demás”. Tanto los católicos como los anglicanos lo criticaban. |
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| Era consciente de que en su etapa como católico había logros: la introducción del Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra, la fundación de la escuela del Oratorio y la gestación de la Universidad de Irlanda. Pero todo esto no le animaba.
Newman había pedido insistentemente a lo largo de su vida, no ser tenido en estima. En 1860 le pidió a Cristo que protegiera al Oratorio y no a él, y renovó su ofrecimiento heroicamente: “Muéstrame lo que tengo que hacer para ser más útil, para tu entera gloria, en los años que me quedan, porque mi aparente fracaso me desanima mucho. Oh Señor, me parece que he desperdiciado los años que llevo siendo católico”.
Sintió la presencia de Dios en su vida a pesar de todas las dificultades. En marzo de1864 creía cercana la muerte y escribió: “ Muero en la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Encomiendo mi alma a la Santísima Trinidad, a los méritos y gracia de Nuestro Señor Jesucristo, Dios encarnado, a la intercesión y compasión de María, nuestra amada Madre, a san José, a san Felipe Neri, a san Atanasio ” .
Las páginas depresivas del beato no son una mancha sino su gloria. Fue santo a pesar de sus debilidades, superó tristezas, permaneció fiel a su sacerdocio católico, amó a la Iglesia a pesar de que le acusaran de herejía y le encomendaran trabajos que luego ellos mismos le dificultaban. Él había planeado una existencia tranquila en el Oratorio rezando, estudiando, atendiendo a los niños pobres de la escuela y a los emigrantes irlandeses en la capilla.
Nunca fue crítico con nadie en público, ni se rebeló contra sus superiores. Desahogó sus penas ante el sagrario y ante su diario íntimo. Todavía le quedaba más sufrimiento por vivir. Dios se valió de su debilidad para fortalecerlo. Su depresión nos ayuda a dejar de lado la idea romántica e ideal de la santidad. Los santos no se vieron libres de luchas o de sufrimientos, pero renovaron su fidelidad a Dios diariamente.
En la primavera de 1864 su vida cambió totalmente. A la acusación de Charles Kingsley, profesor de Cambridge y clérigo anglicano, de que Newman en su período anglicano era un “papista” (católico) disfrazado y en su período católico un protestante camuflado, respondió con Apología pro vita sua ( Defensa de su vida ), que salió en siete folletos publicados entre abril y junio de 1863, uno semanal.
La tesis básica de su Apología... es que su paso del anglicanismo al catolicismo en 1845 fue el fruto de la fidelidad a su conciencia y del estudio de los Santos Padres. No atacaba a los anglicanos: “La Iglesia de Inglaterra ha sido para mí el instrumento de la providencia para hacerme grandes beneficios”.
El éxito editorial fue absoluto. En unas horas se agotó la primera edición. El mundo inglés se congració de nuevo con Newman. En 1865 se reeditó la obra con el subtítulo Historia de mis ideas religiosas . Ese mismo año tuvo un emotivo encuentro con Keble y Pusey, dos pilares del movimiento de Oxford.
En Inglaterra no existía un centro universitario católico. Su posibilidad se consolidó con un proyecto en 1865 en Oxford. Ullathorne pensó en Newman. Pero este pensaba que un college en la ciudad santa del anglicanismo podía interpretarse como agresión. Pensaba también que la educación mixta entre católicos y protestantes no era tan nociva como creían los obispos.
Tardó un año en aceptarlo, pero como el Papa alentaba el proyecto y había prohibido que los católicos se matricularan en los colleges anglicanos o aconfesionales de Oxford, siguió su plan.
La iniciativa quedó bloqueada. Ullathorne le había ocultado que en Roma no deseaban que viviera en Oxford. Y el cardenal Manning, arzobispo de Westminster, no simpatizaba con Newman. Tanto el cardenal como el director de la revista católica Tablet convencieron a Propaganda Fide de que el nuevo centro de Oxford podía convertirse en un foco de liberalismo.
En 1870 Newman publicó su obra Gramática del Asentimiento . Pretendía responder a una pregunta básica, ¿cómo puedo ser más creyente y demostrar que estoy en lo cierto, evitando a la vez especulaciones teológicas de dudosa veracidad?
Newman recibió ofertas de obispos y del mismo Papa para participar como consultor en el Concilio Vaticano I (1869-1870). Pero la rechazó alegando motivos de salud y sintiéndose indigno de tal honor.
El beato Pío IX murió en 1878 y lo sustituyó León XIII. Este Papa se preocupó por la justicia social con los obreros y otros aspectos del mundo moderno que encajaban con el aperturismo de Newman. León XIII ya conocía la fama del inglés, pues siendo nuncio en Bélgica tuvo noticias del movimiento Oxford. |
| El duque de Norfolk sugirió al nuevo pontífice confiriera a Newman el capelo cardenalicio. El asunto era delicado; se consideraba una declaración de intenciones del nuevo pontificado. Concederlo a un converso y sospechoso de liberal, resultaba arriesgado para los sectores más ultra-conservadores del catolicismo. En enero de 1879 el Vaticano le preguntó por carta si aceptaba. Puso como reparo que los cardenales no obispos vivían en Roma y el no quería abandonar el Oratorio, así que rogó lo eximieran de vivir en Roma. León XIII se lo concedió y lo nombró cardenal diácono de San Jorge en Velabro, en marzo.
Al mes siguiente el inglés llegaba a la Ciudad eterna. El Papa lo recibió afectuosamente y mostró interés por los detalles del Oratorio. El inglés escribió: “Al presentarme a él, se mostró conmigo tan extraordinariamente atento que todos se quedaron pasmados. Durante 20 o 30 años, católicos ignorantes o fanáticos han dicho que yo era prácticamente un hereje”.
El nuevo cardenal vivió plácidamente la década de 1880. Muchos acudían al Oratorio para consejos espirituales. Con gran paciencia no se irritaba y vivía en íntima unión con Dios. Esto lo conducía a amar a los hombres con una ternura progresiva.
En los últimos años estaba sordo, caminando con dificultad y su dieta básica era de sopas y leche.
En la Navidad de 1889 celebró su última misa.
Contrajo neumonía y el 10 de agosto de 1890 se le administraron los últimos sacramentos. Murió al día siguiente en su Oratorio de Birmingham. |
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| Se calcula que de 15 000 a 20 000 personas acompañaron el féretro. Tanto católicos como anglicanos creían que había muerto un santo, un hombre de mirada dulce y amable que había soportado heroicamente el aislamiento moral y que había trabajado como nadie por el ecumenismo, por el mutuo respeto entre católicos y anglicanos.
En febrero de 1991 Juan Pablo II lo declaró venerable: por virtudes heroicas y modelo universal. Uno de los rasgos característicos del cardenal inglés fue su estima por la naturaleza personal de la creencia religiosa. Si la conciencia está limpia y se ajusta a las exigencias morales, se dará un auténtico encuentro entre Dios y el hombre. Pero no puede presuponerse que esta relación sea querida, porque la mayoría de la gente siente repugnancia por el contenido de la Escritura. En realidad, solamente cree el que ama. El origen de la increencia está en la falta de apertura, de amor a la verdad, de humildad.
Newman daba mucha importancia a la inhabitación de Dios en el alma. Es el Espíritu Santo el que hace que Cristo sea Alguien íntimo.
La presencia de Cristo en la Eucaristía fue uno de los tesoros que descubrió al hacerse católico. El cristiano tiene que vivir íntimamente unido a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, en sus sacramentos, en la Iglesia y en la Palabra de Dios. Solo los que fundan su fe en el amor a Cristo y lo buscan en su Iglesia pueden permanecer junto a Él y sobrevivir al ataque del mundo ateo. Una vida inmoral incapacita al hombre para una auténtica relación con Dios.
Pablo VI consideró el Concilio Vaticano II como el Concilio de Newman. Algunos lo llamaron el “ cardenal ausente ” . Muchas de sus ideas permearon los documentos conciliares. Veamos:
1. El papel del laicado . Tomó de los Santos Padres la visión de la Iglesia como comunión de bautizado. Desde la Edad Media al Concilio Vaticano la visión de la Iglesia era jurídica. El Papa era el monarca y los laicos sus súbditos. Para nuestro beato la Iglesia era un sacramento, porque los sacramentos son signos materiales y visibles que nos remiten a Alguien Invisible como es Dios.
2. La autonomía de lo temporal . El ámbito civil y el religioso eran diferentes. La Iglesia no tenía por qué seguir en su papel de guardiana de la cultura o de las relaciones políticas. Tampoco es de fe el poder del Papa sobre los Estados Pontificios.
3. El amor a los Santos Padres y el respeto a su doctrina . La teología medieval heredó muchas cosas de la Iglesia primitiva, pero olvidó otras.
4. El ecumenismo . El hecho de que los católicos tuvieran que convivir con gente de otras confesiones o paganos podía ayudar a que la propia identidad se reforzara, como ocurría con frecuencia en pequeñas naciones o idiomas minoritarios.
5. El desarrollo del dogma de la inhabitación del Espíritu Santo en el alma en gracia .
Desde el Vaticano II, Newman ha sido citado muchas veces por los Papas. La encíclica Fides et Ratio ( Fe y Razón ) lo ensalza como uno de los teólogos que mejor ha conseguido equilibrar fe y razón (junto a santo Tomás de Aquino, OP). Es también uno de los autores más citados en el Catecismo de la Iglesia Católica. |
Nota
1 Padres de la Iglesia: Santos Padres, escritores eclesiásticos, notables por sus enseñanzas y su santidad. En los primeros ocho siglos de la Iglesia, en los de lengua griega destacan cuatro grandes doctores: san Atanasio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno y san Juan Crisóstomo; en los de lengua latina: san Ambrosio, san Jerónimo, san Agustín y san Gregorio Magno.
2 Arrianos: herejía de Arrio, sacerdote libio que vivió en Alejandría (Egipto) en el siglo iv. Sostenía que Jesús no es Dios. Era un hombre excepcional lleno de Dios, pero no Hijo eterno del Padre como creemos los cristianos católicos, ortodoxos y protestantes (evangélicos).
3 Modernismo: movimiento teológico del siglo xix que criticaba la veracidad de los evangelios y la Iglesia, especialmente sus dogmas y su autoridad. La religión se convertía no en una gracia de Cristo, sino en una obra humana que trata de explicar a Cristo, que consideraban no tanto como Hijo de Dios sino como un santo profeta bendecido especialmente por Dios. Los apóstoles, decían, inventaron la resurrección de Cristo porque tenían nostalgia de su Maestro. Fue condenado por san Pío X en 1907. El Papa descartó que Newman tuviera rasgos modernistas.
4 El espíritu liberal llevaba a explicar por la razón todos los aspectos de la religión para poder tener credibilidad. Newman se percató en su etapa anglicana de Oxford que algunos clérigos ocultaban las verdades evangélicas más “irracionales”.. |
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