Revista de la Arquidiócesis de La Habana Año XX. Enero / 2012 No. 214
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San Benito Menni
por fray Frank DUMOIS RUIZ, OFM

Entre las decenas de miles de hermanos de la Orden Hospitalaria (O.H.) fundada por el portugués san Juan de Dios en 1537 en Granada (Andalucía) para atender a los enfermos mentales, ocupa un lugar destacado san Benito Menni (1841-1914), quien murió tres meses antes de comenzar la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en el hospital de Dinan, en el norte de Francia. Sus restos descansan en la villa de Ciempozuelos a 32 km de Madrid.

El santo vivió como bienhechor de la humanidad con la convicción de que "no hay más que merece la pena; servir y amar a Jesús". Esta sería su consigna, el secreto de su compromiso con el hombre enfermo y marginado, inspirado en el amor misericordioso de Dios.

Nace en 1841 en Milán, capital de Lombardía, al norte de Italia y es bautizado como Ángel Hércules Menni y Figini. Es el quinto de quince hermanos de una familia cristiana que tenía un modesto negocio. Sus padres los educan en los principios evangélicos. A los seis años ha completado las clases primarias y cinco años en el gimnasio de Porta Nova como alumno aventajado.

Empieza a trabajar en un banco, pero es despedido por negarse a colaborar en operaciones poco limpias.

En la segunda mitad del siglo XIX en Italia bullía una fuerte corriente anticlerical y antipapista y es la época de oro de la masonería italiana, la que le ofreció adscribirse. Italia estaba dividida en muchos estados y el Risorgimento buscaba la unidad peninsular en la cual los Estados Pontificios ocupaban el centro, Garibaldi dirigía las tropas.

Durante la guerra de independencia contra Austria, después de la batalla de Magenta (1859), Ángel Hércules ayuda a transportar los heridos de guerra, de la estación del ferrocarril al hospital de Ara-Coeli, de los Hermanos de San Juan de Dios. Así descubrió su vocación de servir a los enfermos, niños minusválidos, etcétera. Siguiendo las huellas del padre de los pobres, san Juan de Dios. A los 19 años comienza el noviciado en el hospital de Porta Nova de Milán. Cambia su nombre de bautismo por el de Benito y hace su profesión religiosa al año siguiente. Como joven hospitalario tendrá un triple propósito: confianza en el Corazón de Jesús, amor al hermano que sufre y humildad. Los tres los practicó heroicamente. Hacia el final de su vida decía: "Soy un miserable, solo digno de desprecio; merecería que me echaran en un estercolero". Tales palabras resultan incomprensibles al cristiano común, quien solo quiere ser bueno, pero no aspira a la santidad, la cual es don de Dios que exige la máxima generosidad y reconoce que todo lo bueno que tenemos es don de Dios.

En la Orden Hospitalaria amplió sus conocimientos y prácticas de medicina y cirugía y cursa la carrera eclesiástica; es ordenado sacerdote en 1866.

El P. Juan María Alfieri, superior general de la Orden, percatado de las cualidades hermanas y del espíritu sacerdotal del joven fraile, piensa en él para restaurar la Orden en España, donde había desaparecido prácticamente por las leyes de desamortización del ministro J. Álvarez Mendizábal (1835-1836).

La empresa, bien difícil, era promovida por el Papa Pío IX (1846-1870) quien en audiencia concedida al superior general y al joven hospitalario le animó: "Hijo mío, vete a España con la bendición del cielo a restaurar tu Orden en su misma cuna".

Benito Menni con 26 años llega a España en 1867 (a Barcelona) cuando faltaba un año para el derrocamiento de Isabel II y el ambiente estaba caldeado por la lucha entre monárquicos y republicanos.

Por fin abrió una sencilla casa para acoger a niños pobres, raquíticos y escrofulosos. Algunas señoras y otros bienhechores apoyan la obra del P. Menni, entre ellos doña Dorotea Chopitez, cuya causa de canonización está introducida.

Después de la restauración de este asilo hospital, ni las enfermedades, ni las violentas persecuciones del anticlericalismo de la primera República española lo hicieron retroceder. Las dificultades lo fortalecen. Escribió:

"Mi misión de sacerdote hermano hospitalario me ha puesto repetidas veces en el caso de presenciar grandes catástrofes, principalmente durante las últimas revoluciones y guerra civil de España, pues en tales casos crece la obligación del hospitalario de sacrificarse a sí mismo para enjugar, cuanto sea posible, las lágrimas de los afligidos.

En tales circunstancias, me vi varias veces rodeado de personas mal intencionadas y muy decididas a darme muerte violenta, principalmente en tres, y en todas quedé sin lesión alguna, por la invocación de la Virgen Inmaculada, árbitra y dispensadora de los tesoros inefables del Corazón de Jesús".

 

En 1872 Menni es nombrado por el P. Alfieri comisario general de su Orden en España, y al año siguiente los revolucionarios, en una revuelta callejera están a punto de expulsar del asilo a los hermanos y sacar a los niños con el pretexto de que se celebran reuniones carlistas.1 La firmeza del P. Menni lo evita al demostrar la falsedad de las acusaciones y el valor humanitario de la obra, pero demostrada su inocencia son liberados con la condición de salir del país.

Con dos hermanos y dos novicios se retiran a Marsella.

En febrero de 1874, Menni, impactado por los sufrimientos de la guerra civil entre carlistas y liberales, en su período de mayor intensidad, se traslada a España para trabajar como voluntario de la Cruz Roja, acompañado de algunos de sus hermanos de la Orden, con gran riesgo de sus vidas.

Funda un centro en Escoriaza (Guipúzcoa) para atender a enfermos mentales, recluidos algunos en cárceles; a inválidos de la guerra y a niños víctimas de la misma. A los pocos meses de terminada la guerra (abril de 1876), tuvo que dejar este proyecto y retirarse. Carlistas y liberales les reconocieron a los hermanos su arriesgado y beneficioso servicio sin distinción de bandos.

Se traslada a Madrid y obtiene la aprobación del grupo de hermanos como Asociación de Enfermeros Hermanos de la Caridad, con el permiso para fundar asilos y hospitales en España.

De acuerdo con el carisma de san Juan de Dios, Benito descubre que los ámbitos de mayor necesidad son dos: los enfermos mentales y los niños huérfanos o con deficiencias físicas.

Ciempozuelos (Madrid) fue el verdadero hogar de la restauración hospitalaria en España. Allí se trasladaron los novicios de Barcelona, y pabellón tras pabellón, surgió un manicomio para hombres que resultó ser un hospital psiquiátrico de vanguardia.

Mientras iban creándose fundaciones, el P. Menni fue nombrado Provincial de la nueva provincia de España (1884) con 70 religiosos profesos y 25 novicios a su cuidado.

El nuevo Provincial fue reelegido en su cargo, por sucesivos capítulos ¡hasta seis veces!

Recuperar la iglesia de San Juan de Dios de Granada, con los restos del santo, es uno de sus objetivos y lo logró en 1878. A partir de ese momento, la labor restauradora, que se extiende a Portugal y México, es intensa; las dificultades, las incomprensiones y los peligros son grandes. S.S. Juan Pablo II lo afirmaba en la ceremonia de su beatificación (1985). Como todos los seguidores de Cristo, no escapó a todas estas situaciones, incluso por parte de personas muy cercanas a él. Pero el P. Menni convencido de sus buenas razones y confortado por su profunda comunión con Cristo y con la Iglesia, supo resistir a los ataques y llevar adelante su fecunda labor al servicio de la sociedad y del reino de Dios.

En 1909 es nombrado visitador apostólico de la Orden y en 1911 superior general. Al año siguiente se ve obligado a dimitir.

A continuación le recibe en audiencia el Papa S. Pío X. Menni le dijo: "Santidad, he tenido que comparecer ante todos los tribunales de la tierra. ¡Ojalá que como he salido felizmente de los tribunales de aquí abajo, salga un día absuelto del tribunal de Dios y encuentre su misericordia!". "La encontrará", respondió el papa con amabilidad.

Y la cruz le acompañará hasta el final de su vida. La ingratitud más amarga es saboreada por Benito Menni, cuya salud se va resquebrajando, a pesar de los cuidados de los hermanos. Los golpes han sido demasiado fuertes. Se le aísla en el hospital de Dinan (Francia); se le impide la relación con los hermanos religiosos. En la soledad, perdonando, B. Menni va a dejar que Dios haga de él una imagen de Jesús perfecto. En los últimos meses de su vida sufrió un ataque de parálisis que lo redujo a la inmovilidad casi absoluta. Se entregó totalmente y el Papa S. Pío X le dio una bendición especial. El 24 de abril de 1914 fue al encuentro del Padre escuchando: "Lo que hiciste con uno de mis hermanos, conmigo lo hiciste. Entra en el gozo de tu Señor".

S. Benito Menni fundó la congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús para atender a los enfermos mentales. El grupo inicia el noviciado en Ciempozuelos (Madrid) en 1881. La superiora María Josefa Recio realiza fielmente su oficio hasta que murió a consecuencia de la agresión de una enferma en 1883. La causa de su canonización está iniciada.

S. Benito Menni fue canonizado por Juan Pablo II (1999) previa aprobación de un milagro en una hermana hospitalaria con carcinoma de vejiga con afectación de uréteres.

En la vida del santo ocupan un lugar muy importante las calumnias de que fue víctima. Algo parecido le sucedió a S. Antonio María Claret.

Ante el Tribunal Penal de Madrid su proceso duró siete años (1895-1992). Los periódicos anticlericales lo acusaron de repugnantes violencias a una pobre demente. Caricaturizado soezmente en los diarios, aceptó un abogado defensor solo por pedírselo el obispo de Madrid. Al fin se le declaró inocente.

Más amarga fue la campaña de calumnias ante el Santo Oficio de Roma que al fin le absolvió en 1894. Fue víctima, además, de otras acusaciones en la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares ante su Superior General. La herida interna provenía de algunos de sus hermanos de Orden, y en ocasiones de sus hijas espirituales.

Así, comprendió que si hay que "sufrir por la Iglesia" a veces hay que sufrir "de la Iglesia". La santa Iglesia es también pecadora aun en sus miembros consagrados.

La identificación con el Cristo misericordioso que pasó por la tierra haciendo el bien fue su proyecto de vida. Su dinamismo y las más dispersas actividades fueron compatibles con un equilibrio psicológico nada común, todo lo que realizaba llevaba el sello de un corazón unificado, transformado por los sentimientos de Jesús.

Su espiritualidad está animada por la vivencia trinitaria, la confianza en el Corazón de Jesús. La contemplación de su pasión y la entrega filial a María, una piedad sin contemplaciones. Marcada por la recepción de los sacramentos y la adoración de la Eucaristía, por la oración ininterrumpida, por una humildad heroica y una caridad sin límites.

San Benito forma a hermanos y hermanas hospitalarios en el seguimiento de Jesús. También consigue que colaboradores y bienhechores se impregnen del amor a los pobres, enfermos y marginados de la sociedad. El amor al hermano, la solidaridad con quienes se hallan en carencia y en pobreza extremas, el servicio a los enfermos, imágenes de Jesús para los creyentes, han sido criterios fundamentales del hombre y del santo.

Nota

1 Carlistas: partidarios de don Carlos, aspirante al trono de España, en contra de su sobrina Isabel II, que se apoyaba en los liberales. Don Carlos, hermano de Fernando VII, se basaba en que las mujeres no debían tener derecho al trono (ley sálica, que derogó Fernando VII). Hubo tres guerras carlistas en el siglo XIX (en 1833-1840, 1846-1849 y 1872-1876). Después de la restauración borbónica (diciembre de 1874) con Alfonso XII el ejército tomó las plazas carlistas de Cataluña. El general Martínez Campos venció a los carlistas en Montejurra y Estella (febrero de 1876) y provocó la herida del pretendiente sucesor de don Carlos.

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