En 1872 Menni es nombrado por el P. Alfieri comisario general de su Orden en España, y al año siguiente los revolucionarios, en una revuelta callejera están a punto de expulsar del asilo a los hermanos y sacar a los niños con el pretexto de que se celebran reuniones carlistas.1 La firmeza del P. Menni lo evita al demostrar la falsedad de las acusaciones y el valor humanitario de la obra, pero demostrada su inocencia son liberados con la condición de salir del país.
Con dos hermanos y dos novicios se retiran a Marsella.
En febrero de 1874, Menni, impactado por los sufrimientos de la guerra civil entre carlistas y liberales, en su período de mayor intensidad, se traslada a España para trabajar como voluntario de la Cruz Roja, acompañado de algunos de sus hermanos de la Orden, con gran riesgo de sus vidas.
Funda un centro en Escoriaza (Guipúzcoa) para atender a enfermos mentales, recluidos algunos en cárceles; a inválidos de la guerra y a niños víctimas de la misma. A los pocos meses de terminada la guerra (abril de 1876), tuvo que dejar este proyecto y retirarse. Carlistas y liberales les reconocieron a los hermanos su arriesgado y beneficioso servicio sin distinción de bandos.
Se traslada a Madrid y obtiene la aprobación del grupo de hermanos como Asociación de Enfermeros Hermanos de la Caridad, con el permiso para fundar asilos y hospitales en España.
De acuerdo con el carisma de san Juan de Dios, Benito descubre que los ámbitos de mayor necesidad son dos: los enfermos mentales y los niños huérfanos o con deficiencias físicas.
Ciempozuelos (Madrid) fue el verdadero hogar de la restauración hospitalaria en España. Allí se trasladaron los novicios de Barcelona, y pabellón tras pabellón, surgió un manicomio para hombres que resultó ser un hospital psiquiátrico de vanguardia.
Mientras iban creándose fundaciones, el P. Menni fue nombrado Provincial de la nueva provincia de España (1884) con 70 religiosos profesos y 25 novicios a su cuidado.
El nuevo Provincial fue reelegido en su cargo, por sucesivos capítulos ¡hasta seis veces!
Recuperar la iglesia de San Juan de Dios de Granada, con los restos del santo, es uno de sus objetivos y lo logró en 1878. A partir de ese momento, la labor restauradora, que se extiende a Portugal y México, es intensa; las dificultades, las incomprensiones y los peligros son grandes. S.S. Juan Pablo II lo afirmaba en la ceremonia de su beatificación (1985). Como todos los seguidores de Cristo, no escapó a todas estas situaciones, incluso por parte de personas muy cercanas a él. Pero el P. Menni convencido de sus buenas razones y confortado por su profunda comunión con Cristo y con la Iglesia, supo resistir a los ataques y llevar adelante su fecunda labor al servicio de la sociedad y del reino de Dios.
En 1909 es nombrado visitador apostólico de la Orden y en 1911 superior general. Al año siguiente se ve obligado a dimitir.
A continuación le recibe en audiencia el Papa S. Pío X. Menni le dijo: "Santidad, he tenido que comparecer ante todos los tribunales de la tierra. ¡Ojalá que como he salido felizmente de los tribunales de aquí abajo, salga un día absuelto del tribunal de Dios y encuentre su misericordia!". "La encontrará", respondió el papa con amabilidad.
Y la cruz le acompañará hasta el final de su vida. La ingratitud más amarga es saboreada por Benito Menni, cuya salud se va resquebrajando, a pesar de los cuidados de los hermanos. Los golpes han sido demasiado fuertes. Se le aísla en el hospital de Dinan (Francia); se le impide la relación con los hermanos religiosos. En la soledad, perdonando, B. Menni va a dejar que Dios haga de él una imagen de Jesús perfecto. En los últimos meses de su vida sufrió un ataque de parálisis que lo redujo a la inmovilidad casi absoluta. Se entregó totalmente y el Papa S. Pío X le dio una bendición especial. El 24 de abril de 1914 fue al encuentro del Padre escuchando: "Lo que hiciste con uno de mis hermanos, conmigo lo hiciste. Entra en el gozo de tu Señor".
S. Benito Menni fundó la congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús para atender a los enfermos mentales. El grupo inicia el noviciado en Ciempozuelos (Madrid) en 1881. La superiora María Josefa Recio realiza fielmente su oficio hasta que murió a consecuencia de la agresión de una enferma en 1883. La causa de su canonización está iniciada.
S. Benito Menni fue canonizado por Juan Pablo II (1999) previa aprobación de un milagro en una hermana hospitalaria con carcinoma de vejiga con afectación de uréteres.
En la vida del santo ocupan un lugar muy importante las calumnias de que fue víctima. Algo parecido le sucedió a S. Antonio María Claret.
Ante el Tribunal Penal de Madrid su proceso duró siete años (1895-1992). Los periódicos anticlericales lo acusaron de repugnantes violencias a una pobre demente. Caricaturizado soezmente en los diarios, aceptó un abogado defensor solo por pedírselo el obispo de Madrid. Al fin se le declaró inocente.
Más amarga fue la campaña de calumnias ante el Santo Oficio de Roma que al fin le absolvió en 1894. Fue víctima, además, de otras acusaciones en la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares ante su Superior General. La herida interna provenía de algunos de sus hermanos de Orden, y en ocasiones de sus hijas espirituales.
Así, comprendió que si hay que "sufrir por la Iglesia" a veces hay que sufrir "de la Iglesia". La santa Iglesia es también pecadora aun en sus miembros consagrados.
La identificación con el Cristo misericordioso que pasó por la tierra haciendo el bien fue su proyecto de vida. Su dinamismo y las más dispersas actividades fueron compatibles con un equilibrio psicológico nada común, todo lo que realizaba llevaba el sello de un corazón unificado, transformado por los sentimientos de Jesús.
Su espiritualidad está animada por la vivencia trinitaria, la confianza en el Corazón de Jesús. La contemplación de su pasión y la entrega filial a María, una piedad sin contemplaciones. Marcada por la recepción de los sacramentos y la adoración de la Eucaristía, por la oración ininterrumpida, por una humildad heroica y una caridad sin límites.
San Benito forma a hermanos y hermanas hospitalarios en el seguimiento de Jesús. También consigue que colaboradores y bienhechores se impregnen del amor a los pobres, enfermos y marginados de la sociedad. El amor al hermano, la solidaridad con quienes se hallan en carencia y en pobreza extremas, el servicio a los enfermos, imágenes de Jesús para los creyentes, han sido criterios fundamentales del hombre y del santo. |