Pocas veces nos detenemos a pensar que, para todos aquellos que decidan echar el resto de sus días en la capital cubana, la Necrópolis de Colón será su morada última. Como muchos camposantos, esta inmensa área llena de mitos y leyendas que brotan de nuestra fértil imaginación popular era objeto de escandalosas profanaciones y de los más condenables actos vandálicos. En las últimas décadas, de ese sagrado lugar se han sustraído muchas piezas de alto valor monetario y patrimonial, lo cual constituye, ante todo, un ultraje a la memoria familiar e histórica de la nación cubana.