A Justo Luis Pérez de los Ríos lo conocí, como si empre está, buscando datos para su archivo personal. La primera vez que intercambiamos palabras fue a través del hilo telefónico. Él, creyendo que yo podía tener un poderoso acceso a Internet, intentaba conseguir conmigo informaciones necesarias para actualizar sus archivos correspondientes a las Series del Caribe de Béisbol. Al final creo que sí le pude ayudar.
Justo es un hombre de cuarenta y dos años, reside en Jaruco, es licenciado en Cultura Física y en la actualidad trata de hacer “milagros” para llevar adelante a sus bisoños peloteritos de la categoría 9-10 años.
Sencillo y directo al hablar, conserva uno de los archivos más grandes del Béisbol no solo en la isla sino también a nivel internacional. Para tratar con él e intercambiar fotos, souvenirs y álbumes personales, han llegado hasta su casa, coleccionistas de varios países.
Justo, ¿te consideras un historiador o un coleccionista?
“Yo creo que soy un poco de las dos cosas. Coleccionando llevo más de treinta años, como historiador la mitad de ese tiempo. Sucede que cualquiera puede ser un coleccionista, pero no todos son historiadores, pues hay detalles, requisitos, que no dependen solo de la persona. Es necesario pertenecer a un equipo municipal de historiadores, estar inscripto y contar con la aprobación de varias entidades”.
¿Y por qué el Béisbol?
“El Béisbol es mi pasión. Lo jugué con cierto nivel, incluso llegué a las Series Provinciales, aunque no niego que me hubiera gustado llegar a la Nacional pero está claro que no todos pueden y cada uno trata de sobresalir en su nivel. No lo niego, para mí el Béisbol es algo muy grande”.
¿Cuándo comenzaste a coleccionar?
“Aún siendo niño y en parte se lo debo a una de mis abuelas. Ella tenía más de trescientos ejemplares de la revista Bohemia, que incluían números desde 1959 hacia atrás. Recuerdo que cuando la visitábamos, a veces salían a buscarme y yo estaba precisamente en medio de ellas recortando fotos, artículos, etcétera. Así me entró ese ‘bichito’ por ser un coleccionista. Me gustaba tanto hacer eso que se convirtió para mí en algo necesario, incluso más que los estudios, aunque reconozco que no fui un mal estudiante pero aquello, poco a poco, se fue convirtiendo en una pasión”.
Comenzaste con la revista Bohemia, pero luego aquel formato cambió, cada vez fueron menos las publicaciones deportivas y el acceso a otros materiales resulta casi imposible, ¿cómo haces para mantenerte tan actualizado?
“Mira, aunque me moleste un poco la popularidad, ya mucha gente del pueblo, que sigue el deporte, me conoce y siempre hay quienes se me acercan y regalan esto o aquello. Yo lo acepto todo independientemente de que alguno tenga más valor que otro.
”Otra forma es el intercambio. En Cuba hay muchos como yo, nos conocemos y cambiamos cosas entre nosotros según nuestros intereses. Además de eso, tengo amigos en más de diez localidades de los Estados Unidos que se encargan de enviarme recortes de periódicos, revistas, libros de final de temporadas, pelotas autografiadas, fichas técnicas, que comúnmente les llamamos ‘postalitas’. También le escribo a emisoras de radio y me mandan algunos materiales como libros, guías, etcétera”.
Si tuvieras que elegir los mejores cinco artículos que posees en tu colección…
“Eso realmente resulta difícil porque cada uno tiene su propia historia y su valor tanto histórico como sentimental, pero si me apuras un poco, te diría que las cosas de más valor son los álbumes que recogen toda la historia del Béisbol profesional cubano, las Series del Caribe y la pelota de Grandes Ligas. Asimismo, conservo una Enciclopedia del Béisbol con un valor inestimable y numerosas fichas técnicas con peloteros de otras épocas, muchas de ellas muy cotizadas por las figuras que representan, el año de emisión, la compañía que la produjo y el estado de conservación en que se encuentran”.
Por necesidad, ¿te has visto obligado a vender alguno de tus artículos?
“Esa es una tentación siempre latente, pero no. Necesidad he tenido como la mayoría de los cubanos pero, hasta ahora, no he tenido que desprenderme de ninguna de mis piezas. Recuerdo que hace un tiempo me visitaron tres coleccionistas dominicanos y uno cubano, interesados en mi álbum del Béisbol profesional cubano. Me ofrecieron una cifra astro-nómica, pero decidí quedarme con él. Mira, ya no es tanto la información que tienen los álbumes, porque en los últimos tiempos se han publicado libros fuera de Cuba que recogen bastante los datos que yo colecciono, sino por el valor que hay detrás de cada trabajo realizado y eso para mí es muy importante. No te niego que en algún momento pudiera desprenderme de ellos ante una necesidad apremiante pero hasta ahora no”.
¿Coleccionas también datos de la Serie Nacional Cubana?
“Sí, cómo no. Yo tengo más de veinte álbumes de las Series Nacionales, lo que ocurre es que ahora se publica la Guía Oficial de cada año y aunque no me resulta muy fácil acceder a ella, casi siempre se consigue”.
Imagino que para los que quisieran dedicarse a coleccionar en Cuba, actualmente sería muy difícil encontrar publicaciones como las que te sirvieron a ti.
“Eso es cierto porque la prensa no publica los box scores de los juegos, los espacios son reducidos, no existen esos grandes titulares de primera plana y eso afecta el espectáculo. Te pongo un ejemplo, yo soy amigo de Carlos Raúl Calderón, un pitcher ya retirado, pero a mí me hubiera gustado ir a ver lanzar a Calderón con una camisa con su nombre y su número, tener una pelota autografiada por él después del juego, y no se puede. Todo eso atenta, no solo para los coleccionistas, sino para el mismo espectáculo.
”Por otro lado, no sé por qué hay un divorcio entre el Béisbol profesional cubano y el actual. La prensa apenas publica artículos históricos y la pelota en Cuba no comenzó en 1962 con la primera Serie Nacional, la pelota en Cuba tiene una historia que data de 1887. Si se habla de la pelota rentada solo se mencionan a Conrado Marrero y a Martin Dihigo, y ciertamente tienen su legado, pero también están los Camilo Pascual, Miñoso, Luis Tiant, Tony Oliva, etcétera. Ellos pusieron al Béisbol cubano a las puertas de tener un equipo en las Grandes Ligas, incluso hubo un lema que rezaba: ‘un pasito más y llegamos’. Eso es motivo de regocijo para el pueblo cubano y no sé por qué se trata de silenciar, como si nada hubiera pasado”.
A Justo, natural de Madruga y jaruqueño por adopción, le ilusiona la idea de exhibir su trabajo en una Exposición, pero no es optimista de cara a ese reto.
“Mira, he pensado en esa posibilidad, pero estoy seguro de que las autoridades del gobierno en Jaruco ni saben que yo hago este trabajo. Hace un tiempo un señor, que también es coleccionista y que reside en San Antonio de Río Blanco, propuso la idea de hacer una Exposición con materiales del Béisbol revolucionario y no fue aceptada, así que imagínate tú, si yo propongo hacer una con datos del Béisbol profesional”.
Sin embargo, dejas un legado a las nuevas generaciones de jaruqueños…
“Bueno… Cuando estaba en el tercer año de la Licenciatura en Cultura Física, comencé un trabajo con Pepe Feliú sobre la historia del Béisbol aquí, en Jaruco y lamentablemente el final no fue el que yo esperaba, no quedé feliz; en fin, eso se lo dejo al destino; pero sí, aunque no se reconozca, hice un aporte importante en la investigación sobre el Béisbol en la localidad”.
¿Es público el equipo y el pelotero de preferencia de Justo?
“Sí. Siempre he simpatizado con Villa Clara y con Víctor Mesa. Recuerdo que en mi clóset tenía una foto de Víctor en la premiación del Campeonato Mundial de La Habana en 1984. Mi mamá me decía que yo soñaba con él, pero es que me gustaba todo lo que hacía en el terreno. Muchos creían que era un payaso, pero ojalá hubieran cien como él”.
Una idea para la despedida…
“Quiero aprovechar esta oportunidad para saludar a todos los lectores de Palabra Nueva, es una revista que tiene artículos muy interesantes, no solo desde el punto de vista deportivo, ojalá que la tirada fuera mayor; y no puedo dejar de mencionar a mi vecina Gisela, quien siempre está al tanto de su salida y en cuanto la tiene me la presta para poder leerla. A ella le agradezco mucho”.
Muchas gracias.




