¿ Rap para Dios?

Por Alejandro Zamora Montes


Es poseedora de unos hermosos ojos que todo lo escudriñan y una prosa fulminante, que utiliza para alcanzar almas mediante el empleo de la música urbana. Quizás por esa razón escogió Hefzibá como nombre artístico, que en hebreo significa “Mi deleite está en ella”, reafirmándose plenamente como una sierva del Señor. Siempre que he ido a visitarla a su casa, me encuentro con un hervidero de músicos y productores que buscan sedientos sus consejos o anhelan su colaboración para futuros trabajos discográficos. Pionera en Cuba del denominado rap cristiano, también conocido como gospel rap o urban ministry, Dámarys Benavides Criollo es fiel defensora de un estilo musical que, desde sus inicios, ha sido preterido y poco estudiado.

¿Cómo era Dámarys Benavides antes del rap y de su conversión al cristianismo?
“Una muchacha normal, al igual que soy ahora. Me convertí a los dieciséis años. Hoy tengo treinta y cinco. Es decir, que mi conversión tuvo lugar en una etapa difícil. No obstante, fue bien bonito. No vino un cristiano a predicarme la palabra, como sucede de forma habitual. Yo me encontraba en mi casa cuando de repente, se viró un tanque de agua. Esta nos llegaba hasta las rodillas y yo quería huir del trabajo, literalmente [risas]. Le dije a mi mamá: ‘¿Dónde están mis hermanos?’. Y ella me respondió: ‘Los mandé para la iglesia’. Y me dije por dentro: ‘¡Pues yo también voy para allá!’. Y fui, me gustó lo que escuché y volví a repetir la visita. Quien me habló de Dios en realidad fue una persona no creyente. En específico, un vecino de la otra cuadra, lo que conocemos habitualmente como un ‘mundano’. Fue quien me explicó acerca de los beneficios de aceptar a Cristo. Escuché cosas que no había oído nunca, siendo incluso vecina cercana de la iglesia a la que pertenezco. Y decidí aceptar a Cristo esa misma noche”.

¿Consideras que el rap como género musical es plenamente aceptado dentro de las instituciones cristianas en Cuba?
“No en todas. Hay muchas que sí nos han abierto sus puertas, en las cuales hemos hecho muy buenas actividades. Pero no todas las iglesias aceptan el rap y sus diversos estilos, entre los cuales se encuentra el rap cristiano. Hay quien teme el discurso, hay quien teme a los raperos. El temor a los raperos, en mi opinión, ha sido provocado por culpa de nosotros mismos. Algunos se han dedicado a dar una mala imagen, después que tanto se ha luchado por encumbrarla. ¡Porque ya podemos hablar de veinte años o más de cultura hip hop en Cuba! Es como que echan por tierra esta cultura de resistencia, haciendo todo lo contrario a lo que están cantando, a lo que se supone que deban vivir. Y tal vez por eso, muchas puertas se cerraron. Sin embargo, otras se están abriendo ahora porque están viendo el cambio y la madurez alcanzada. Hay instituciones cristianas que sí se han abierto totalmente al género. Hay a quien no le gusta el rap de ningún modo. En mi iglesia, por ejemplo, no gusta el rap, pero me dejan hacerlo. Y si a una persona no le gusta algo, pues no se lo des.
”El rap es solo un medio, un arma de evangelización más, pero no es obligado. Lo que sucede también es que en algunas iglesias se encuentran muy arraigados prejuicios relacionados con la entrada de costumbres mundanas o de la música propia de la calle, y temen que estas contaminen a la institución. Se piensa muchas veces: ‘Que ellos se conviertan a nosotros, no al revés’. Y muchas veces no se dan cuenta que no nos estamos convirtiendo en ellos, sino que los estamos convirtiendo a nosotros. El rap es una forma de expresarse, una manera de llegar. Son como las parábolas. Si tú no me entiendes, entonces voy a llegar a ti con los códigos que tú entiendes. Pablo dijo: ‘Yo a los judíos, me hice judío, y a los griegos, me hice griego’. Y está esa canción de rap que dice: ‘Yo como rapero, a los raperos voy de rapero’. Es decir, yo no puedo llegar a una persona con un lenguaje totalmente diferente al que entiende, porque entonces ni me acepta, ni me decodifica. Yo no voy a cambiar mis textos ni mi forma, simplemente voy a llegar a ti con lo que tú sabes hacer. Y el rap es lo que me gusta hacer, porque me encanta improvisar. Y llevo bastante tiempo en la calle rapeando y ofreciendo el mensaje, así que muchos ya me conocen”.
 
¿Crees que existe un nuestro país un movimiento de rap cristiano o solo se trata de pequeños focos dispersos?
“Bueno, considero que sí existe un movimiento de rap cristiano, ya que existen exponentes de este estilo musical en muchas partes de nuestro país. Aunque creo que deberíamos unirnos un poco más. Pertenezco a un proyecto llamado Camino a Sión, con el que hemos recorrido casi todo el país. Nos faltan solo las últimas provincias: Granma, Santiago y Guantánamo. Hemos tratado de articular a casi todos los cristianos de Cuba que se interesen por la cultura hip hop. Los ayudamos, les damos background para que hagan su música”.

Coméntame un poco más acerca de este proyecto cultural.
“Camino a Sión es un proyecto que no solo se centra en el rap. Nosotros llevamos todas las manifestaciones del arte: danza, teatro, poesía, etcétera. Tenemos un muchacho que hace mimos. Incluimos el arte de jugar con las luces, con las banderas, con el fuego, cosas así. Y tratamos de realizar las actividades generalmente en la calle, para las personas que no son de la iglesia. Utilizamos el breakdance, el DJ, el graffiti, la fotografía, la poesía en vivo… Es un proyecto que ya lleva un tiempito, pues surgió en el año 1992. Ese fue un año difícil para nosotros, porque todos los que estábamos metidos en eso ya éramos miembros, líderes. Y cuando se enteraron los directivos, nos dijeron: ‘¿Ustedes hacen rap? ¡No!’. Entonces vino la censura. Y nosotros diciendo: ‘¡Pero si no estamos haciendo nada malo!’. Después llegó la calma, los líderes espirituales se dieron cuenta de que estaba insertándose una cultura llamada hip hop en nuestro país…
”Es como todo: lo nuevo da miedo, todo el mundo se resiste un poco al cambio, pero nunca nos impusimos. Debo decirte que no solo nos limitamos a cantar, nos encanta ir a los barrios marginales, adonde nadie casi nunca quiere ir. Hemos reunido ropa para llevársela a personas del campo, de otras provincias. El año pasado, en nuestra capital, fuimos a la terminal de trenes y me dolió ver a muchos viejitos durmiendo dentro y fuera de la misma. Había muchos borrachos también. Porque estén en esa condición no deben ser marginados, maltratados. Recuerdo que hubo meses de mucho frío. Fuimos a las tiendas de ropa reciclada y compramos chaquetas. Entonces fuimos tapando una por una a esas personas. A algunos les hablamos de Dios, a otros no, porque estaban dormidos.
”Entonces, no se trata solo de hacer rap, es una pasión que va más allá de un escenario, que va más allá de que una audiencia nos vea. Nunca he ido a ofrecer mi arte en una prisión, me gustaría muchísimo ir. Estuvimos hace poco en el hospital oncológico, con los niños enfermos de cáncer. En la actividad hubo jazz, rap, música infantil con carácter terapéutico. También hemos ido a una casa de niños sin amparo filial. Puerta que se nos abre, puerta que llegamos. Nunca dejamos abierta una, para allá vamos. No nos interesan los medios ni cómo llegar. Tenemos un lema: ‘Vamos a repartir bendiciones sin importarnos las condiciones’. Hemos ido a lugares donde ni siquiera ha habido recursos con que cantar. Se trata de conectar con las personas y hacer algo por ellas, darle la mano al caído. Es llegar a Sión con acción”.

¿Cómo definirías la relación existente entre las raperas cristianas y las seculares?
“En lo personal, me llevo muy bien con las raperas y raperos seculares. No sé si es por mi forma de ser, que soy un poco más abierta mentalmente. Yo digo que mientras exista respeto, podemos seguir adelante. Es como dice la Biblia: ‘No pueden andar dos personas juntas si no están de acuerdo’. Entonces, tú respetas mi espacio y yo respeto el tuyo. Hasta ahora no he tenido ningún problema, todos saben que soy cristiana. Algunos se acercan a mí, hay quien me pregunta, hay quien se burla, hay quien no le gusta… Pero hasta ahora no he tenido problemas con nadie del gremio rapero”.

Existen solo dos discos compilatorios de rap femenino: Respuestas y Emancipación. El primero fue elaborado por la Agencia Cubana de Rap y el segundo es una producción independiente. ¿Crees que esto se deba a deficiencias relacionadas con la preservación de una memoria histórica del rap nacional o porque en cuestiones de género, el hip hop en nuestro país no ha tenido un sólido espíritu progresista?
“Creo que unir a las mujeres es una tarea difícil. Es como poner un reguero de hormigas bravas en una olla [risas]. Pero es una tarea bonita, porque cuando nos unimos las raperas seculares y las cristianas, salen productos musicales y comunicativos realmente interesantes. Creo que el rap se ha concentrado tanto en los hombres, que a veces se olvidan de un discurso femenino que está aportando grandes cosas. Y no sé si decirlo así, y no quiero que se malinterprete, pero pienso que le tienen un poco de miedo al discurso femenino, a lo que estamos expresando nosotras”.

¿A qué crees que se deba ese temor?
“Es que siempre los hombres han dominado desde el punto de vista económico, cultural y simbólico. Temen perder el control, el poder. Y no es que nosotras pretendamos dominar, simplemente nos estamos expresando, luchamos por una equidad. Es como decirles plenamente: déjame empezar, desarrollarme, déjame decir lo que tengo que decirte. No puedes censurar el rap femenino y pretender que estemos enmarcadas en el estereotipo de la saya o short corto mostrando hasta el infinito, para que entonces tú me escuches, como en esos audiovisuales, donde la mujer tiene que salir con un ‘chupa chupa’ en la boca y enseñar todo su cuerpo, cuyo fin es la sujeción hegemónica de una mirada masculina. ¿Por qué? No somos objetos.
”Si las mujeres y los hombres nos uniéramos un poco más, sería maravilloso. Habría menos discursos sexistas, menos estrés, menos dureza. No habría tanta violencia. Se habla de un puño arriba, de un puño cerrado en el hip hop. Pero a veces está tan cerrado que no te dejan entrar. A veces no sabemos si está cerrado porque nos estamos apoyando unos a otros o porque nos quieren golpear”.

¿Qué estrategias deberían utilizar las raperas y raperos cristianos desde lo comunicativo, para ir ganando terreno en las instituciones religiosas y seculares que los excluyen?
“Seguir siendo uno. No gritar. No cerrar las puertas como mismo hacen ellos. El rap es un género muy rico, si lo sabes fusionar bien. Yo comencé a fusionarlo con la música campesina, con la Nueva Trova. Empecé a ir a la misma Madriguera, un espacio para el arte joven. Empecé a defender las canciones de los seculares, no las mías. Porque muchos exponentes del rap cristiano se subían al escenario y cantaban con canciones improvisadas que no tenían que ver con el texto. Y uno piensa: ¿qué estás haciendo? No era para que te vieras tú, sino para que se viera Él. Que el mensaje no te hable de Dios directamente, no quiere decir que no te hubiera hablado de Él. Porque todo lo que hago, lo hago para Dios.
”Creo que los raperos cristianos en vez de protestar, deberían ponerse a pensar que se cerró simplemente una ventana, una puerta. El camino está. ¡Sigue caminando! Todos los caminos tienen baches, huecos. Te puedes caer. Solo levántate y sigue, no pierdas la visión de hasta dónde quieres llegar. Cuando empecé en esto, no solo los medios de comunicación masiva se cerraron. Hasta en la misma iglesia se cerraron mentalmente. Yo llegué a cuestionarme, durante un tiempo, llegué a sentirme muy mal. Me cuestioné si el hecho de hacer rap estaba mal, después de haber participado incluso en competencias de freestyle y en reconocidos programas televisivos como Cuerda Viva. Recuerdo que me encerré a llorar, diciendo para mis adentros que no asistiría más a esos eventos.
”Entonces, en esa relación tan linda que tengo con Dios, aunque mucha gente a veces no crea en ella, me fue revelado algo. Estaba soñando y en el sueño escuché una voz que me dijo: ‘¿Por qué llamas inmundos a los lugares donde yo te mandé?’. Y me dije, bueno, no más dudas. Muchas veces las personas critican la presencia de cristianos en una discoteca o en una fiesta popular. Y yo pregunto: ‘¿Cómo se están relacionando esos cristianos en esas discotecas, de qué manera?’. Tú tienes que saber quién eres. He estado en lugares donde los mismos raperos seculares dicen: ‘A ella no’. Es decir, me protegen. Simplemente por ser yo, sin tener que agredirles o ser pesada, solo por ser quien soy. Se trata de que te conozcas a ti mismo, te ames a ti mismo para poder amar a otros. Que no haya confusión entre lo que eres y lo que proyectas. Si Dios te da libre albedrío… ¿Quién soy yo para amonestar?”.

¿Crees que a Dios le guste el rap?
“Creo que si a Dios no le gustara el rap, ya me hubiese dejado muda. Tiene suficiente poder para eso. Porque a mí me gusta Dios. Y sé que a Dios le gusta lo que hago”.


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