{"id":15746,"date":"2022-01-04T07:02:06","date_gmt":"2022-01-04T11:02:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.palabranueva.net\/sobre-un-diario\/"},"modified":"2022-01-04T07:04:55","modified_gmt":"2022-01-04T11:04:55","slug":"sobre-un-diario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.palabranueva.net\/en\/sobre-un-diario\/","title":{"rendered":"Sobre un diario"},"content":{"rendered":"<p>En mayo de 2020 respond\u00ed a un cuestionario que me enviara el escritor Jos\u00e9 Antonio Michelena. A fines de ese mes la entrevista apareci\u00f3 en el sitio web de <em>Palabra Nueva<\/em>, en la secci\u00f3n \u201cHoy y ma\u00f1ana de una pandemia\u201d. Aunque apenas hab\u00edan transcurrido tres meses del encierro provocado por aquel azote, me parec\u00eda entonces que el aislamiento hab\u00eda sido prolongad\u00edsimo y quiz\u00e1 durar\u00eda solo hasta la mitad del verano, sin embargo, me refer\u00eda en ella al sentido espiritual que yo otorgaba a aquella experiencia que para m\u00ed se convert\u00eda en oportunidad para reflexionar, crear y sobre todo para dedicarse a la familia, casi libres de ruidos exteriores.<\/p>\n<p>Los pron\u00f3sticos eran enga\u00f1osos. Aun con restricciones, fuimos a la playa en el verano y, a fines de a\u00f1o, con una prometedora reducci\u00f3n de las cifras de contagio, se hizo posible no solo asistir a la inauguraci\u00f3n de un sal\u00f3n fotogr\u00e1fico, sino festejar, de nuevo en la playa, nuestro aniversario de matrimonio y las notas obtenidas por mi hijo en sus ex\u00e1menes de ingreso a la Universidad. Los brindis del 31 de diciembre siguiente apuntaban tanto a la inminente desaparici\u00f3n de aquella enfermedad extra\u00f1a como a la realizaci\u00f3n de los proyectos postergados: actividades p\u00fablicas, publicaciones, viajes\u2026<\/p>\n<p>Enero lleg\u00f3 te\u00f1ido con los colores de la decepci\u00f3n. El mal se resist\u00eda a abandonarnos. Lo que no pod\u00edamos suponer es que lo peor estaba por llegar: un verano lleno de muertes, de hospitales desbordados, carencia de alimentos, de medicamentos, m\u00e1s una imparable devaluaci\u00f3n de la moneda que desemboc\u00f3 en una situaci\u00f3n social cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Para esas fechas yo hab\u00eda vuelto al encierro riguroso y ya eran visibles los resultados del trabajo intelectual que hab\u00eda ocupado mi tiempo por m\u00e1s de un a\u00f1o: hab\u00eda concluido y revisado una novela de m\u00e1s de quinientas p\u00e1ginas e iniciado otra muy diferente, tambi\u00e9n hab\u00eda dado aparente conclusi\u00f3n a un libro de poemas llamado <em>Cartas de la plaga<\/em> y otros materiales ya comenzaban a divulgarse en Internet como la <em>Introducci\u00f3n a la Historia de la Iglesia Cat\u00f3lica en Cuba<\/em> que yo hab\u00eda puesto a punto junto al P. Ram\u00f3n Rivas SJ y el libro que el profesor Stefano Tedeschi, de la Universidad La Sapienza en Roma, hab\u00eda publicado en homenaje al centenario de Eliseo Diego donde aparec\u00eda un ensayo m\u00edo sobre los v\u00ednculos de su poes\u00eda con la arquitectura.<\/p>\n<p>Encargos no faltaban en mi mesa de trabajo; entrevistas por responder, art\u00edculos solicitados por revistas o blogs y hasta las grabaciones dom\u00e9sticas que con grandes medidas de seguridad realiz\u00f3 m\u00e1s de una vez Cubapoes\u00eda en mi casa. Sin embargo, yo sent\u00eda que algo me faltaba por hacer. Mi propio quehacer demostraba que no era necesario salir a la calle para encontrar temas literarios, en primer t\u00e9rmino porque los asuntos m\u00e1s importantes siempre hallaban el modo de burlar la clausura de puertas y ventanas, pero adem\u00e1s porque la memoria y la imaginaci\u00f3n aportaban asuntos que hasta entonces yo hab\u00eda ignorado o preterido. Desde el inicio de 2021 comprend\u00ed que no se trataba solamente de edificar una especie de castillo para conservar la salud f\u00edsica y espiritual de nuestra familia, sino que no era posible tener una aut\u00e9ntica actitud humanista de espaldas a la catastr\u00f3fica enfermedad, era preciso aprender de ella y todav\u00eda m\u00e1s, filosofar sobre ella y la impronta que dejaba ya en Cuba y en el resto del mundo.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, no me sorprend\u00ed cuando el 2 de febrero, sin esquema previo alguno, abr\u00ed un fichero nuevo en mi computadora, que inmediatamente bautic\u00e9 como <em>Diario de la epidemia.<\/em> En modo alguno me propon\u00eda hacer anotaciones cotidianas, rigurosamente fechadas, ni introducir informaci\u00f3n \u201cobjetiva\u201d \u2014cifras, descripciones de sucesos, noticias tomadas de aqu\u00ed y all\u00e1\u2014. Mi labor no era la de un epidemi\u00f3logo, ni la de un cient\u00edfico social, sino la de un escritor que no se resignaba a filosofar solo desde sus novelas, poemas y ensayos hist\u00f3ricos, sino que, a trav\u00e9s de sucesivos apuntes o fragmentos asentados en un cuaderno digital, procuraba desahogar sentimientos, esclarecer ideas, liberarse de much\u00edsimos recuerdos que el alejamiento de la vida social hab\u00eda contribuido a despertar y hasta procurar la ligaz\u00f3n entre literatura, arte, vida cotidiana y enfermedad. En fin, una filosof\u00eda del vivir y el crear, que fuera tambi\u00e9n un exorcismo a las fuerzas negativas que se levantaban en torno m\u00edo y la explicaci\u00f3n de ese doloroso tr\u00e1nsito que es el cambio de \u00e9poca en nuestras existencias.<\/p>\n<p>Nunca tuve una preocupaci\u00f3n estrictamente literaria con ese <em>Diario<\/em>. Los apuntes en \u00e9l unas veces se inclinaban a lo testimonial, otras a las evocaciones o an\u00e9cdotas propias de las memorias, m\u00e1s de una vez estaban en la frontera del poema en prosa, as\u00ed como en otras ocasiones se erig\u00edan en peque\u00f1os ensayos sobre las lecturas de esos d\u00edas, que fueron desde la <em>Ant\u00edgona <\/em>de S\u00f3focles hasta <em>La peste<\/em> de Albert Camus, pasando por el <em>Decamer\u00f3n<\/em> de Boccaccio y <em>El proceso<\/em> de Kafka, sin olvidar la Biblia y hasta los libros ap\u00f3crifos atribuidos a Henoc, el hombre piadoso y sabio que no conoci\u00f3 la muerte. No pretend\u00ed con ello crear un sistema filos\u00f3fico, ni adherirme a uno ya existente. Escribir en aquel cuaderno era en realidad sacar cosas de mi interior, no dejar que las obsesiones me dominaran e intentar que esa suma de fragmentos, ese peque\u00f1o caos, arrojara alguna claridad sobre m\u00ed. Era lo mismo que otros autores hab\u00edan hecho antes que yo, confiar en sus apuntes como material cat\u00e1rtico sin sujetarlos a estrictas normas est\u00e9ticas, los ejemplos de Mart\u00ed, Vitier, Cioran, Canetti y otros muchos me mostraban la efectividad del procedimiento.<\/p>\n<p>La primera anotaci\u00f3n fue escrita, sin pensar mucho, el 2 de febrero:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cCada d\u00eda enciendo la televisi\u00f3n durante el desayuno para escuchar el bolet\u00edn de la epidemia. El locutor, un m\u00e9dico fatigado, lee con voz cansina el n\u00famero de muertos. Hoy apenas dos. Se\u00f1ala sus avanzadas edades, enumera sus m\u00faltiples padecimientos previos, lo inevitable de su fin, mientras me sirvo otra tostada. Apenas dos, sin nombres, sin familiares, solo un obst\u00e1culo a quitar de en medio. Como un diligente jefe de escena, los ha hecho desaparecer de la vista sin demasiado ruido. La muerte se banaliza. Eso nos hace estar menos vivos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de all\u00ed, le fueron sucediendo otros. Como no me hab\u00eda propuesto un esquema, lo mismo pod\u00eda tratarse de un recuerdo de infancia, una imagen motivadora, las ideas despertadas por una lectura, sin un orden establecido, por el contrario, la l\u00f3gica del desorden me parec\u00eda m\u00e1s esclarecedora para esa labor.<\/p>\n<p>Pod\u00edan pasar algunos d\u00edas en que yo trabajara en otra cosa o me dedicara a leer y no volviera sobre el cuaderno, en otras ocasiones, lo abr\u00eda y redactaba dos o tres textos sucesivos. Mi prop\u00f3sito era no forzarme, ni obligarme a nada, porque no hab\u00eda meta alguna, ni siquiera una clara intenci\u00f3n de entregarlo a los lectores.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un fragmento de un ensayo de apenas una p\u00e1gina que es un paralelo entre dos personajes de la literatura cl\u00e1sica griega, Aquiles y Edipo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAquiles tiene la peque\u00f1ez de un pol\u00edtico moderno. Cuando sale insatisfecho de la divisi\u00f3n del bot\u00edn entre los suyos, convence a su madre para que pida a Zeus que favorezca a los troyanos. Se trata de una alianza entre potencias que se forja y deshace a conveniencia. Edipo es m\u00e1s grande, su desdicha viene de no reconocer que lo que ignora es mucho mayor que lo que sabe. Derrotar a la Esfinge lo hab\u00eda convertido en un rey sabio, pero procurar saber m\u00e1s all\u00e1 de lo que le estaba concedido desata un monstruo mayor. El que gobernaba no por las armas sino por el intelecto, ha cometido excesos que no conoc\u00eda y el exceso, la <em>hybris<\/em>, trae un castigo inevitable.<\/p>\n<p>\u201dEntre los griegos no hay redenci\u00f3n, aunque haya piedad para la v\u00edctima. El hijo de Layo es una especie de intelectual que, como salvador de su pueblo, es elevado a legislador supremo, a ide\u00f3logo, ese engrandecimiento solo lo prepara para su ca\u00edda y tras \u00e9l vienen la guerra civil y el dominio de un ser peque\u00f1o y mezquino, el demagogo Creonte. La ca\u00edda de los caudillos tit\u00e1nicos casi siempre a\u00fapa a escu\u00e1lidos puritanos. El or\u00e1culo es sustituido por el orden y la conveniencia.<\/p>\n<p>\u201dNo hay como una epidemia para sustituir una tiran\u00eda por otra\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A principios de 2021 el Instituto Varela convoc\u00f3 a uno de sus foros dedicados a debatir temas de actualidad. En esa ocasi\u00f3n se someti\u00f3 a an\u00e1lisis la historia, el alcance y el sentido de las utop\u00edas. Yo, perdido el h\u00e1bito del intercambio social, ahogado por el nasobuco \u2014que me resulta tan inc\u00f3modo como una mordaza\u2014 y rodeado de asistentes preocupados por la tos nerviosa que no me abandonaba, me fui sin haber intervenido en el encuentro. D\u00edas despu\u00e9s, lleg\u00f3 mi parecer a las p\u00e1ginas que acumulaba:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cToda utop\u00eda es horrible. Cuando saltan de las p\u00e1ginas de los libros de filosof\u00eda al experimento social, comienzan por hacer <em>tabula rasa<\/em> de la tradici\u00f3n para intentar crear nuevos tipos de personas. Inevitablemente se cierran en s\u00ed mismas para protegerse del mundo exterior hostil y \u2018contaminado\u2019 y eso les crea numerosos enemigos, que les sirven para fomentar la ignorancia de los de adentro con f\u00e1bulas sobre las amenazas que vienen del exterior. Mientras tanto, el grupo dirigente, los guardianes, tienden a uniformar al resto, lo convierten en una masa en la que todos viven en casas iguales, visten igual, estudian lo mismo y comparten la misma falta de individualidad. Todos tienen id\u00e9ntica grisura y falta de rostro propio. Da lo mismo que se trate de Moro, Campanella, Babeuf, Fourier o Stalin. Todos quieren hacer desaparecer la pobreza y las grandes desigualdades, construir ciudades ideales, hacer c\u00f3digos hasta para el empleo del tiempo libre. En realidad, edifican conventos para gente sin vocaci\u00f3n, abad\u00edas sin Dios que al final terminan como fortalezas sitiadas. Cuando los sue\u00f1os hermosos pretenden escenificarse en la sociedad se convierten inevitablemente en pesadillas\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En muchas ocasiones me ocupo de asuntos casi metaf\u00edsicos, por ejemplo algo que desde ni\u00f1o me preocup\u00f3: la relaci\u00f3n entre la persona que realmente somos y esa otra que los dem\u00e1s desean que seamos. Me sorprende que solo ahora, en fecha tard\u00eda de mi vida, me haya detenido en ese asunto que es tan importante para nuestra salud espiritual y felicidad:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cDesde que nacemos resultamos invisibles. Los que nos rodean apenas nos ven, sencillamente se dedican a comparar las expectativas que se formularon sobre nosotros con nuestra ingrata imagen real. Padres, amigos, maestros, gu\u00edas religiosos, jefes y hasta nuestras relaciones m\u00e1s \u00edntimas, acaban deshaci\u00e9ndose en quejas porque ni siquiera nos parecemos a ese que ellos se inventaron sin nuestro permiso. Les ofende descubrir que no somos tan limpios, gentiles, laboriosos, discretos, corteses, honestos y generosos como ellos pretendieron fabricarnos. Jam\u00e1s fui el ni\u00f1o modelo que so\u00f1\u00f3 mi madre; ni el trabajador ejemplar que fue el paradigma de mi padre; algunos ciudadanos me encuentran poco c\u00edvico y muchos cristianos me describir\u00edan como menos caritativo que ego\u00edsta. Casi nadie aprecia a las pobres, verdaderas personas, prefieren cargar en sus brazos las sombras destrozadas de esos que quisieron que fu\u00e9ramos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado 30 de noviembre, con un apunte no necesariamente conclusivo ni recapitulador, ubicado en la p\u00e1gina 144, di por cerrado el Cuaderno, no porque la epidemia se haya marchado totalmente, sino porque creo que dije ya en \u00e9l todo lo que necesitaba. No creo probable que, al menos inmediatamente, alg\u00fan editor se interese en publicarlo. La propia indefinici\u00f3n de su g\u00e9nero literario dificulta su inclusi\u00f3n en colecciones prestablecidas. Sin embargo, el objetivo de esta escritura se cumpli\u00f3, he podido pensar y algo ha cambiado en m\u00ed. Tengo m\u00e1s conciencia de mi fragilidad como ser humano, de mis imperfecciones como individuo, pero tambi\u00e9n de las gracias que en nosotros derrama el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Concluyo, no con el apunte final, sino con otro, escrito poco antes del 15 de octubre, fiesta de santa Teresa de Jes\u00fas, cuyo talante human\u00edsimo me ha acompa\u00f1ado en d\u00edas muy dif\u00edciles:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cSe\u00f1ora del sart\u00e9n tiznado y de la brasa triste, que alababas a Dios por el no haber y sobre todo por el <em>casi,<\/em> que es m\u00e1s doloroso. Maestra del \u00e9xtasis al contemplar la ternura de lo parco, la estrechez, la casa al borde. Mira que tus monjas van a sujetarte para que no derrames esa porci\u00f3n m\u00ednima, para que no se te ocurra irte al cielo con ella o derramar el \u00f3leo sobre el fuego que procuran avivar desde la madrugada. La teolog\u00eda del no recibir es la m\u00e1s oscura. Ven, entregada, pon tu dedo en la oquedad enorme y donde deb\u00eda estar el desposorio solo est\u00e1n las tinajas para el vino, selladas por el hilo polvoriento de los insectos. El hacedor nos golpea con sus mercedes negadas: faltan el pan, el arroz, el az\u00facar humilde y prieta, hasta el ox\u00edgeno falta, de tanto amor vamos a gritar por el cielo que niegan. Di al \u00e1ngel que cauterice con su dedo la \u00falcera para amar como corresponde y que las l\u00e1grimas no formen otro p\u00e1rpado. Se\u00f1ora del convento pobre, no dejes que los pr\u00edncipes nos callen con sus memoriales. Pon un poco de mansa harina en nuestra ansiedad. No arrojes esas gotas de \u00edntimos olivares. Las chispas saltan en su j\u00fabilo, pero en los rescoldos se quema el alma, lentamente, con ese amor que nos deshace, hueso a hueso. Que el esp\u00edritu venga tras el ayuno. Escr\u00edbenos con letra apretada el alma\u201d. \u2126<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\">En mayo de 2020 respond\u00ed a un cuestionario que me enviara el escritor Jos\u00e9 Antonio Michelena. 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Mi labor no era la de un epidemi\u00f3logo, ni la de un cient\u00edfico social, sino la de un escritor que no se resignaba a filosofar solo desde sus novelas, poemas y ensayos hist\u00f3ricos, sino que, a trav\u00e9s de sucesivos apuntes o fragmentos asentados en un cuaderno digital, procuraba desahogar sentimientos, esclarecer ideas, liberarse de much\u00edsimos recuerdos que el alejamiento de la vida social hab\u00eda contribuido a despertar y hasta procurar la ligaz\u00f3n entre literatura, arte, vida cotidiana y enfermedad. En fin, una filosof\u00eda del vivir y el crear, que fuera tambi\u00e9n un exorcismo a las fuerzas negativas que se levantaban en torno m\u00edo y la explicaci\u00f3n de ese doloroso tr\u00e1nsito que es el cambio de \u00e9poca en nuestras existencias\u201d.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.palabranueva.net\/en\/sobre-un-diario\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Sobre un diario\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Roberto M\u00e9ndez Mart\u00ednez fue el primer sorprendido cuando el 2 de febrero, sin esquema previo alguno, abri\u00f3 un fichero nuevo en su computadora, que inmediatamente bautiz\u00f3 como Diario de la epidemia. \u201cEn modo alguno me propon\u00eda hacer anotaciones cotidianas, rigurosamente fechadas, ni introducir informaci\u00f3n \u2018objetiva\u2019 \u2014cifras, descripciones de sucesos, noticias tomadas de aqu\u00ed y all\u00e1\u2014. 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