{"id":16173,"date":"2022-03-31T12:59:15","date_gmt":"2022-03-31T16:59:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.palabranueva.net\/la-cuaresma\/"},"modified":"2022-03-31T13:00:12","modified_gmt":"2022-03-31T17:00:12","slug":"la-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.palabranueva.net\/en\/la-cuaresma\/","title":{"rendered":"La Cuaresma"},"content":{"rendered":"<p>\u201cMemento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris\u201d.<br \/>\n(Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertir\u00e1s).<\/p>\n<p>Estas palabras, de la sentencia de Dios al hombre en el Ed\u00e9n, es la f\u00f3rmula latina que durante siglos ha marcado uno de los ritos de imposici\u00f3n de las cenizas al comienzo de la Cuaresma. Desde ese d\u00eda, Mi\u00e9rcoles de Cenizas, durante cuarenta d\u00edas, la Iglesia invita a una recapitulaci\u00f3n de nuestras vidas en Cristo como preparaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n del Misterio Pascual, el misterio de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, piedra y columna angular de la Nueva Alianza.<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos, con cambiantes matices, la praxis de este tiempo lit\u00fargico no ha sido lineal. Desde \u00e9pocas de penitencia austera y ayuno riguroso, hasta otras de parcial inobservancia, la Iglesia contin\u00faa invitando a los fieles, no a una ascesis artificial, o a un incremento de observancias, sino a un tiempo de gracia que prepare al cristiano a la celebraci\u00f3n del triunfo luminoso de la ma\u00f1ana de Pascua.<\/p>\n<p>Es la Pascua la meta del transitar de la Cuaresma. Cristo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, deroga la sanci\u00f3n ad\u00e1mica y restaura la gracia primigenia; la conversi\u00f3n es el eje principal de la pr\u00e1ctica cuaresmal: \u201cConvi\u00e9rtete y cree en el Evangelio\u201d, es la invitaci\u00f3n cardinal que, comenzando el Mi\u00e9rcoles de Ceniza con la imposici\u00f3n de las cenizas, constituye su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Or\u00edgenes de la Cuaresma<\/p>\n<p>En la Nueva Alianza la celebraci\u00f3n lit\u00fargica que va a centrar el ser y el actuar de la Iglesia es la celebraci\u00f3n del domingo, d\u00eda de la Resurrecci\u00f3n de Cristo. Al respecto la Sagrada Escritura no deja el menor atisbo: La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ocurre el primer d\u00eda de la semana. Pero de entre los domingos hay uno que descuella de modo singular: el Domingo de Pascua de Resurrecci\u00f3n.<br \/>\nAl respecto, cerca del a\u00f1o 150, san Justino M\u00e1rtir precisaba: \u201cY en el d\u00eda del Sol (domingo) todos nos reunimos en un lugar, y leemos las memorias de los ap\u00f3stoles o los escritos de los profetas\u2026 El domingo es el d\u00eda en el cual celebramos nuestra asamblea com\u00fan, porque es el primer d\u00eda en el que Dios, haciendo volver la luz y la materia, cre\u00f3 el mundo, y tambi\u00e9n porque en ese d\u00eda Jesucristo, nuestro Salvador, resucit\u00f3 de entre los muertos\u201d.<br \/>\nEs decir, para la Iglesia primitiva la liturgia dominical constitu\u00eda el recuerdo de la Resurrecci\u00f3n. Ello ofrece una explicaci\u00f3n natural a algunas divergencias que aparecen en la segunda mitad del siglo ii en lo tocante al tiempo adecuado para celebrar la Pascua en tanto celebraci\u00f3n anual, m\u00e1xime si se tiene en cuenta que la Iglesia se va expandiendo, tanto en Occidente como en Oriente, y que exist\u00edan discrepancias entre los cristianos procedentes del juda\u00edsmo y aquellos que no proven\u00edan de la cultura jud\u00eda. De este modo, mientras que para los cristianos procedentes del juda\u00edsmo la fijaci\u00f3n de la Pascua continuaba siendo la salida de Egipto, que seg\u00fan el calendario lunar babil\u00f3nico correspond\u00eda a la primera noche de luna llena posterior al equinoccio de primavera (decimocuarto d\u00eda del mes de Nis\u00e1n), y a partir de ella fijaban la Pascua de Resurrecci\u00f3n, independientemente del d\u00eda de la semana en que esta ocurriera, para los cristianos procedentes del mundo gentil se tomaba como centro el d\u00eda de la Resurrecci\u00f3n, ocurrida el primer d\u00eda de la semana, es decir, el primer domingo despu\u00e9s de la Pascua jud\u00eda y, a partir de este d\u00eda, fijaban la celebraci\u00f3n de la Pascua de Resurrecci\u00f3n, aunque cayera en d\u00edas diferentes de un a\u00f1o a otro. Esta no fue la \u00fanica divergencia entre los cristianos procedentes del juda\u00edsmo y los que no proced\u00edan de este mundo, recordemos al efecto las divergencias que convergieron en la necesidad de realizar el Concilio Apost\u00f3lico (Hech 15).<br \/>\nPero no era solo la fijaci\u00f3n del d\u00eda de la celebraci\u00f3n de la Pascua de Resurrecci\u00f3n lo que tra\u00eda divergencias, sino tambi\u00e9n el hecho de que, poco a poco, se fue introduciendo la praxis de un ayuno preparatorio a la celebraci\u00f3n pascual, primero de un d\u00eda, luego de dos d\u00edas de duraci\u00f3n, viernes y s\u00e1bado, que con el domingo, dieron lugar a lo que luego ser\u00eda el triduo pascual. Este ayuno era m\u00e1s sacramental que asc\u00e9tico; es decir, ten\u00eda un sentido pascual (participaci\u00f3n en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo) y escatol\u00f3gico (espera de la vuelta de Cristo, arrebatado moment\u00e1neamente por la muerte).<\/p>\n<p>As\u00ed, entre los siglos i y ii, comienza a perfilarse un ayuno comunitario de dos d\u00edas previos a la celebraci\u00f3n de la Pascua; mientras que para mediados del siglo iii se extender\u00e1 el ayuno a las tres semanas precedentes, durante las cuales se preparaban los catec\u00famenos para el bautismo en la noche pascual. A finales del siglo iv el triduo incluye el jueves, que ser\u00e1 destinado a la reconciliaci\u00f3n de los penitentes, se le agrega la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y se extiende el ayuno a otras dos semanas m\u00e1s, sin contar los domingos, en los cuales no se ayunaba.<br \/>\nEsta \u00e9poca es la que conoce el mayor esplendor del catecumenado de adultos, cuya \u00faltima etapa, la anterior a la recepci\u00f3n de los sacramentos de iniciaci\u00f3n cristiana, se desarrollaba en las semanas previas a la Pascua. Durante estos a\u00f1os se impulsar\u00e1 otra instituci\u00f3n pastoral de la Iglesia: la penitencia p\u00fablica de los grandes pecados, con el rito de la reconciliaci\u00f3n de los penitentes en la ma\u00f1ana del Jueves Santo.<\/p>\n<p>A finales del siglo iv ya se contaban, de este modo, cuarenta d\u00edas de ayuno que comenzaban despu\u00e9s del domingo primero de la Cuaresma. Ahora bien, como la reconciliaci\u00f3n de los penitentes se hac\u00eda el Jueves Santo, se determin\u00f3, al objeto de que fueran cuarenta d\u00edas de ayuno, comenzar la Cuaresma el Mi\u00e9rcoles de Cenizas, dado que los domingos no constituyen d\u00edas de ayuno.<br \/>\nAs\u00ed pues, la Cuaresma, tal y como hoy la conocemos, queda definida en el siglo iv, y se consolida a partir de estas fechas tanto en Oriente como en Occidente. Ella, como tal, se extiende desde el Mi\u00e9rcoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Se\u00f1or, la cual no se incluye; el simbolismo b\u00edblico de los cuarenta d\u00edas es bien conocido en la Iglesia como per\u00edodo de prueba, tentaci\u00f3n y \u00e9xodo a trav\u00e9s del desierto, a la par de tiempo de gracia y de acci\u00f3n divina en favor de su pueblo. Recordemos los cuarenta d\u00edas del diluvio, los cuarenta a\u00f1os de peregrinaci\u00f3n del pueblo de Israel por el Sina\u00ed, los cuarenta d\u00edas de Mois\u00e9s y El\u00edas previos al encuentro con el Se\u00f1or, los cuarenta d\u00edas de ayuno de Jes\u00fas antes del comienzo de su ministerio p\u00fablico, etc. De ah\u00ed los cuarenta d\u00edas como per\u00edodo de preparaci\u00f3n para la celebraci\u00f3n de la solemnidad pascual.&lt;<img decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-16164 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.palabranueva.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/WhatsApp-Image-2022-03-31-at-1.10.22-AM-300x239.jpeg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"239\" srcset=\"https:\/\/www.palabranueva.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/WhatsApp-Image-2022-03-31-at-1.10.22-AM-300x239.jpeg 300w, https:\/\/www.palabranueva.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/WhatsApp-Image-2022-03-31-at-1.10.22-AM.jpeg 500w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>El ayuno<\/p>\n<p>En los siglos ii y iii ya exist\u00eda bajo diversas formas lo que hoy denominamos \u201cayuno cuaresmal\u201d, llamado entonces \u201cayuno pascual\u201d. Cuando la Cuaresma toma su forma definitiva en el siglo vi, es acompa\u00f1ada de ayuno, limosnas y oraci\u00f3n. En estos siglos el ayuno consist\u00eda en una sola comida al d\u00eda que se tomaba en la noche y en la cual la carne estaba prohibida, al igual que los huevos y los productos l\u00e1cteos. El uso de vino tambi\u00e9n era juzgado incompatible con el ayuno.<\/p>\n<p>Durante la Semana Santa, el ayuno se tornaba m\u00e1s riguroso, solamente estaba permitida la ingesti\u00f3n de alimentos secos. Algunos ayunaban dos o tres d\u00edas seguidos, mientras que otros, m\u00e1s austeros, lo guardaban durante toda la Semana Santa, para suspenderlo despu\u00e9s del primer canto de gallo de la aurora de Pascua.<\/p>\n<p>Con el tiempo, estas rigurosas exigencias fueron suavizadas. Entre los siglos VII y IX era permitida la ingesti\u00f3n de alimentos hasta ese momento prohibidos, como huevos, leche, queso y pescado, al igual que el consumo de vino, aunque en peque\u00f1as cantidades. Para el siglo xii se intenta mantener la regla que impide romper al ayuno antes de la noche, pero pronto las excepciones empiezan a implantarse. La comida de Cuaresma primero es trasladada a las tres de la tarde y luego al mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Esta primera concesi\u00f3n pronto llev\u00f3 a otra. Al prolongado ayuno de un mediod\u00eda a otro, sin comer nada entre ellos, se le permite la ingesti\u00f3n de l\u00edquidos en la noche. Ya en el siglo xiii el hecho de beber entre las comidas es algo habitual, conjuntamente con el consumo de frutas y conservas.<\/p>\n<p>Durante todos estos siglos el consumo de carne permanece totalmente prohibido, salvo necesidad absoluta o enfermedad. Como principio se impone el ayuno a toda persona, exceptuando a las de edad avanzada o las que realmente tuvieran necesidad de evitarlo, como aquellos que realizaban largos viajes. Los mendigos y los que no ten\u00edan recursos fijos para garantizar su alimentaci\u00f3n eran tambi\u00e9n excluidos de la obligaci\u00f3n del ayuno. Con respecto a las edades, se prescrib\u00eda para todo bautizado mayor de veinti\u00fan a\u00f1os.<\/p>\n<p>A partir del siglo xvi, la ley del ayuno es menos exigente y aumentan las dispensas, sobre todo con compensaciones como oraciones, mortificaciones, limosnas, etc., se deja a libre decisi\u00f3n de cada cual los t\u00e9rminos de su pr\u00e1ctica, pero se mantiene en estas fechas como \u00fanico alimento prohibido la carne.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas el actual C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico establece que \u201c\u2026Todos los fieles, cada uno a su modo, est\u00e1n obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna pr\u00e1ctica com\u00fan de penitencia, se han fijado unos d\u00edas penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oraci\u00f3n, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a s\u00ed mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia\u2026 En la Iglesia universal, son d\u00edas y tiempos penitenciales todos los viernes del a\u00f1o y el tiempo de Cuaresma\u201d (Nros. 1249-1250).<\/p>\n<p>Tiempo catecumenal<\/p>\n<p>La Cuaresma es, por excelencia, un tiempo de conversi\u00f3n. Esta conversi\u00f3n, con su elemento penitencial, encuentra su manifestaci\u00f3n privilegiada en el bautismo de los catec\u00famenos. Si bien la pr\u00e1ctica catecumenal no se presenta de forma clara en la primera generaci\u00f3n apost\u00f3lica y solo vemos una especie de \u201csecuencia bautismal\u201d: predicaci\u00f3n, acogida, petici\u00f3n y bautismo, el hecho de la conversi\u00f3n, y la radicalidad que esta implica, es tenida como algo imprescindible en la Iglesia primitiva.<\/p>\n<p>Al dispersarse los ap\u00f3stoles por el mundo conocido de entonces llevaron con ellos el mensaje cristiano, aquello que hab\u00edan visto y o\u00eddo, aquello que en su momento no comprendieron, pero que a la luz de la aurora de Pascua tomaba un nuevo significado. El terreno en que se habr\u00eda de implantar la semilla del evangelio, el mundo jud\u00edo y gentil de entonces, hostil a la novedad de un mensaje que remov\u00eda sus propios basamentos, hace que las primeras comunidades vean la necesidad de garantizar, en lo humanamente posible, una verdadera conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si bien la conversi\u00f3n es obra exclusiva de la fe, algo que entra en el terreno inescrutable de la interioridad personal y de la relaci\u00f3n de esta con Dios, un tiempo de caminar en comunidad, recibiendo los fundamentos de la fe, y las exigencias que de la misma se derivan, se hace imprescindible. Con este fin, es creado por la Iglesia el catecumenado. A partir de los siglos ii y iii el catecumenado va a tomar consistencia a partir de dos vertientes: una moral, destinada a madurar la conversi\u00f3n, y otra m\u00e1s dogm\u00e1tica o doctrinal, dirigida a la defensa de los elementos de fe de las tergiversaciones procedentes del exterior y de las herej\u00edas que germinaban dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Es por ello que el catecumenado comienza a ser entendido no como un ente individual, sino comunitario. Es la comunidad quien introduce a los catec\u00famenos en los misterios de la fe, no solo en cuanto doctrina, sino tambi\u00e9n como modo de vida. Este andar del catec\u00fameno con la comunidad (en Roma, por ejemplo, duraba tres a\u00f1os en los siglos ii y iii), despu\u00e9s de pasar por varias etapas, llega a su meta en la celebraci\u00f3n bautismal de la Vigilia Pascual.<\/p>\n<p>A partir del siglo iv, con la disminuci\u00f3n de las persecuciones contra la Iglesia, sobre todo despu\u00e9s del Edicto de Mil\u00e1n con la paz constantiniana, se produce el bautismo de pueblos enteros, muchas veces m\u00e1s por decisi\u00f3n imperial, que por convicci\u00f3n personal. Poco a poco disminuye el n\u00famero de adultos que se preparan para recibir el bautismo, siendo el sacramento algo que desde el nacimiento, en los pa\u00edses de la cristiandad, es administrado.<\/p>\n<p>Como consecuencia de lo anterior, la preparaci\u00f3n cuaresmal, en lo referente al catecumenado, va a tomar un nuevo espectro. Aquello que era reservado a los conversos, la asimilaci\u00f3n de los rudimentos de la fe y la renuncia a todo lo que alejara de ella, es propuesto a todos los fieles para que en la noche de Pascua vigoricen el don recibido. A partir del siglo vi, el largo camino catecumenal es limitado al tiempo de Cuaresma e incluso toma el nombre de \u201ccatecumenado cuaresmal\u201d.<\/p>\n<p>Un andar en Cristo<\/p>\n<p>La Cuaresma a lo largo de los siglos ha estado determinada por las condiciones eclesiol\u00f3gicas de cada per\u00edodo de la historia de la Iglesia. Desaparecida la instituci\u00f3n del catecumenado y de la penitencia p\u00fablica (aunque no de forma similar o simult\u00e1nea en todas las regiones donde el cristianismo se hab\u00eda implantado), la Cuaresma es orientada a ser un per\u00edodo penitencial y asc\u00e9tico, orientado a la purificaci\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n personal y comunitaria.<\/p>\n<p>Durante siglos, el bautismo de adultos fue algo reservado a los \u201cpa\u00edses de misi\u00f3n\u201d. No obstante, en la actualidad, ante el avance del secularismo, la frontera de estos es bastante ambigua. Grandes regiones de la antigua cristiandad pueden ser hoy consideradas \u201czonas de misi\u00f3n\u201d, lugares donde las mentalidades y las formas de vivir distan mucho del ideal evang\u00e9lico. Es por ello que la pr\u00e1ctica cuaresmal, lejos de fosilizarse, constituye algo que la Iglesia, con las modalidades propias de cada \u00e9poca, no deja de proponer, haciendo \u00e9nfasis en aquellos elementos que la caracterizan: el ayuno purificador, la limosna caritativa y la oraci\u00f3n confiada. Su reanimaci\u00f3n como tiempo de gracia, tal y como lo enuncia el Concilio Vaticano II, es una asignatura a\u00fan pendiente en muchos lugares.<\/p>\n<p>\u201cPuesto que el tiempo de la Cuaresma prepara a los fieles\u2026 para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparaci\u00f3n del Bautismo y mediante la penitencia\u201d, refiere el Vaticano II, \u201cse ha de dar un particular relieve, en la liturgia y en una m\u00e1s amplia catequesis lit\u00fargica, al doble car\u00e1cter de dicho tiempo\u201d; emple\u00e1ndose \u201cm\u00e1s abundantemente, los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal y, seg\u00fan las circunstancias, se restauren ciertos elementos de anterior tradici\u00f3n, a la par de los elementos penitenciales\u2026\u201d. En cuanto a la catequesis, invita que \u201cse inculque a los fieles, junto con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia\u2026 La penitencia del tiempo cuaresmal\u201d, enfatiza el Concilio, \u201cno debe ser solo interna e individual, sino tambi\u00e9n externa y social. Fom\u00e9ntese la pr\u00e1ctica penitencial de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos pa\u00edses y condiciones de los fieles\u2026 t\u00e9ngase como sagrado el ayuno pascual\u2026 el Viernes de la Pasi\u00f3n y Muerte del Se\u00f1or y a\u00fan se extender\u00e1, seg\u00fan las circunstancias, al S\u00e1bado Santo, para que, de este modo, se llegue con \u00e1nimo elevado y abierto al gozo de la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or\u2026\u201d (Sacrosanctum Concilium, Nros. 109-110).<\/p>\n<p>Es decir, la meta de la pr\u00e1ctica de la Cuaresma no es el \u201cMiserere\u201d del Viernes Santo, sino el \u201cGloria\u201d triunfal de la Pascua. La fe en Jesucristo no es una fe orientada a la muerte sino a la vida, pero esa vida en plenitud solo se alcanza desde el insondable misterio de la Cruz. Es por ello que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo en muchas ocasiones ese \u201cgran desconocido\u201d que san Pablo predicara en el Are\u00f3pago de Atenas. La fe en Jes\u00fas es una fe de interioridad y conversi\u00f3n, de dentro para fuera. Es la b\u00fasqueda de esa interioridad, de esa intimidad del creyente con Dios, la que la Iglesia durante veinte siglos ha propuesto de modo privilegiado durante la Cuaresma ya que, como recordara Goethe, \u201cla humanidad avanza siempre, pero el hombre permanece el mismo\u201d.<br \/>\nLa fe cristiana no es una revisi\u00f3n de determinados hechos hist\u00f3ricos con valor salvador. Cristo pasa a ser un mito inoperante desde el momento en que deja de actuar en nuestras vidas y en nuestro coraz\u00f3n. El \u00c9xodo es mucho m\u00e1s largo y dif\u00edcil de lo que supon\u00eda el pueblo israelita. La Iglesia en su continuo peregrinar hace suyo el hecho y el s\u00edmbolo del desierto y se constituye en permanente \u00e9xodo hacia la patria de la promesa.<\/p>\n<p>Por ello, sin un acercamiento renovado a Cristo, la Cuaresma y la Pascua corren el riesgo de convertirse en un conjunto de ritos ancestrales, hermosos o costumbristas, pero vac\u00edos en cuanto significado, so pena de convertirse en algo puramente folkl\u00f3rico. Una fe sin obras, como recuerda el ap\u00f3stol, es est\u00e9ril. La caridad cristiana no es solo \u201cdar limosna\u201d, sino que, sin excluirla, la supera para convertirla en el \u00fanico criterio seguro del verdadero cristianismo: la caridad.<\/p>\n<p>Vivir la Cuaresma no significa, pues, la observancia de un conjunto de preceptos, sino la interiorizaci\u00f3n de la necesidad de una continua conversi\u00f3n; m\u00e1s que a guardar la \u201cletra de la ley\u201d, la invitaci\u00f3n es dirigida a descubrir el \u201cesp\u00edritu de la ley\u201d. As\u00ed lo recuerda el profeta Isa\u00edas:<\/p>\n<p>\u201cEste es el ayuno que yo amo \u2014or\u00e1culo del Se\u00f1or\u2014: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntar\u00e1 tu luz como la aurora y tu llaga no tardar\u00e1 en cicatrizar; delante de ti avanzar\u00e1 tu justicia y detr\u00e1s de ti ir\u00e1 la gloria del Se\u00f1or. Entonces llamar\u00e1s, y el Se\u00f1or responder\u00e1; pedir\u00e1s auxilio, y \u00e9l dir\u00e1: \u00a1Aqu\u00ed estoy!<\/p>\n<p>Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzar\u00e1 en las tinieblas y tu oscuridad ser\u00e1 como al mediod\u00eda, El Se\u00f1or te guiar\u00e1 incesantemente, te saciar\u00e1 en los ardores del desierto y llenar\u00e1 tus huesos de vigor; t\u00fa ser\u00e1s como un jard\u00edn bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan\u201d (Is 58, 6-11).<\/p>\n<p>Es esto a lo que la Iglesia invita de modo especial durante la Cuaresma, a entrar en la \u201cdin\u00e1mica pascual\u201d: tinieblas-luz, pecado-gracia, esclavitud-liberaci\u00f3n, muerte-vida; en la din\u00e1mica del intercambio rec\u00edproco entre el misterio de la libertad humana y el misterio de la gratuidad de Dios, entre el abismo de la pecaminosidad del hombre y el abismo de la misericordia divina, con la seguridad de que si nuestros pecados son grandes, m\u00e1s grande es el amor de Dios, ese Amor que, resucitado del sepulcro en la aurora de la Pascua, constituye nuestra certeza y nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\">\u201cMemento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris\u201d. 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