Nomadland, el viaje infinito a ninguna parte

Por: José Antonio Michelena

El 31 de enero de 2011, debido la disminución de la demanda de yeso, American Gysump Company cerró su fábrica de 88 años en Empel, Nevada. En julio del propio año, el código postal de Empel, 89405, fue descontinuado. Con esa información comienza Nomadland, y en la continuidad de la escena vemos a Fern, la protagonista, escogiendo los artículos elementales que se llevará, y despidiéndose del resto, para reiniciar su vida en el camino, en ese viaje a ninguna parte que va a emprender.

No es difícil darse cuenta por qué Nomadland está alcanzando premios y nominaciones por encima del resto de las producciones cinematográficas de 2020: es un film que trata, en profundidad, de un tema cardinal en nuestras vidas: nuestro lugar de pertenencia, en conexión con otros, como la familia y la amistad, a los que se imbrica, de manera orgánica, uno de los asuntos más antiguos de todas las culturas: el viaje.

Nomadland es un road movie, o road trip, una película de carretera muy singular, porque Fern no está huyendo de nadie, no está viajando de regreso a casa, como Odiseo, ni está buscando la tierra prometida, o explorando espacios para establecerse, como los pioneros del oeste. El viaje de Fern es en círculos que siempre remiten al desierto.

Pero Fern no eligió ser una peregrina: su situación personal la lanzó al camino. Murió su esposo, cerraron las minas de yeso en Empel, quedó sin empleo y sin hogar. De manera que debió convertir su RV (recreational vehicle) en su casa, y salir a realizar trabajos ocasionales, al tiempo que (nos) descubre ese universo de nómadas que, al igual que ella, emprendieron la marcha, salieron al camino; y es allí donde se va construyendo el relato, donde Fern encuentra una diversidad de personas que, por múltiples motivos, viven en tierra de nadie.

Pero si existe el road movie como género cinematógrafo, expresión de una subcultura que hasta posee un libro de culto en la literatura norteamericana (Jack Kerouac: En el camino), y que ese género ha producido no pocas películas memorables, los personajes, las situaciones, los conflictos, que encontramos en Nomadland son diferentes. Aquí no vamos a encontrar ni asaltadores de bancos, ni amantes en fuga, ni hippies en motos.

Para realizar esta película, el equipo de producción, comandado por la cineasta chino-estadounidense Chloé Zhao, se echó al camino para tomar contacto con el mundo nómada más real y visceral. Así fue brotando el guion, fueron entrando personajes, y fueron filmándose los escenarios.

Significativamente, cuando vemos el cartel de Nomadland, observamos que aparecen siete personajes sin perfil de actores, tales como Linda May, Swankie, o Bob Wells. Todos ellos son nómadas reales. El más célebre es Wells, fundador de CheapRVLiving, una suerte de gurú, de líder del estilo de vida nómada, quien convoca a miles de personas cada año a un encuentro en el desierto para exponerles sus ideas de cómo es vivir en una caravana.

La idea de filmar Nomadland fue de Frances McDormand (protagonista y productora), quien había leído el reportaje de Jessica Bruder País nómada y se entusiasmó con llevarlo al cine, para lo cual escogió a Zhao para dirigirlo. McDormand tomó esa decisión después de haber visto la forma de captar los escenarios en The rider, la última realización de la cineasta de origen chino.

En la misma medida en que sentimos la energía de la comunidad nómada agrupada junto al fuego, o conversando en pequeños grupos, así también nos llega el pálpito por esos escenarios naturales que contrastan con la inmensa cinta de asfalto: árboles, ríos, o cielo estrellado, donde reposan el cuerpo y el alma de Fern, como alivio en el largo camino, en las travesías que la llevan de un lugar a otro.

Pero la belleza de Nomadland trasciende los escenarios filmados, habita en el interior de Fern, Linda May, o Swankie, seres humanos cuyas historias nos conmueven en más de una escena, y especialmente cuando Fern, en la soledad de su furgoneta, mira hacia un pasado donde fue feliz, a un tiempo que nunca volverá, o cuando despide el año a solas, entre sus recuerdos y el frío. Es difícil encontrar, en el cine reciente, una imagen más sobrecogedora que aquella donde Fern sale a caminar, entre la nieve, gritando Happy New Year en su aparcamiento sin que nadie responda.

Al igual que su familia y que uno de sus amigos, quienes le ofrecen su hogar para vivir, los espectadores nos preguntamos por qué Fern no se acoge a esa hospitalidad. Por qué sale, en medio de la noche, a dormir en su vehículo, si puede hacerlo en la casa de su amigo exnómada, adonde ha viajado desde muy lejos, y donde ha encontrado la calidez de un espacio y una familia casi de postal.

Ella también se lo pregunta. Para saber su respuesta hay que ver el film, uno de los candidatos más fuertes para Mejor Película en los Premios Oscar de 2021.

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