Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,
contigo por el camino Santa María va.
Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven.
Basta una conocida melodía, como Santa María del Camino, del español Juan Antonio Espinosa, para soñar alrededor de la Virgen de la Caridad del Cobre, que este ocho de septiembre arropó a millones de cubanos con su manto de alegría y esperanza.
La fe que transmite la Virgen de la Caridad con el niño Jesús en brazos sacó de los cubanos sus reservas de aliento y miles de ellos, en decenas de rincones del país, salieron en procesión para declarar su amor a la Madre y acompañarla en estos días de sacrificio.
Quizás no sea así, pero más de un cubano ha notado que este ocho de septiembre las muestras de devoción a la Virgen dentro y fuera de Cuba han sido tantas, que en Facebook, la red social más usada por ellos, este martes no cabía una señal más de veneración a Cachita.
En Santiago de Cuba, Pinar del Río, Miami, México, La Habana, Argentina, devotos de todas las edades asistieron a misas y pasearon a la Virgen por las calles, la custodiaron y le pidieron, en silencio y a toda voz, por sus familias y por sus vidas.
En paradas breves, y luego de gritos de «¡Viva la Virgen de la Caridad!», el sacerdote franciscano Geraoid Fran O Conaire, que ayudó a animar la procesión de la comunidad de la parroquia Santa Cruz de Jerusalén, en el municipio habanero de Playa, pidió a los fieles congregados dejar siempre huellas de bien con su actitud cotidiana.
Como suele suceder, durante las distintas procesiones en La Habana, la gente que no se sumaba quedaba atenta en las aceras observando o haciendo fotos con sus celulares, unos por curiosidad, otros por respeto a la Virgen, crean o no en ella, y algunos, incluso, venerándola desde lo más íntimo, aun cuando no se sumaran a caminar físicamente.
En la procesión por el barrio de Buena Vista, en Playa, tanto feligreses como curiosos, entre ellos niños y adolescentes, soportaron la fetidez de las montañas de basura podrida acumulada en las esquinas, con tal de acompañar a la Virgen de la Caridad.
La pertenencia de la Patrona de Cuba a sus hijos es por tradición cultural, amor y fe, por eso es el símbolo antillano que mejor une a creyentes y no creyentes. Solo de mirar una imagen de la Virgen de la Caridad, que es lo mismo que decir la Virgen María, las personas establecen con ella un lazo interior que las agiganta. El contenido que luego las une a la Madre pertenece a lo más cerrado del mundo de cada cual.
Este ocho de septiembre la esperanza y la alegría crecieron en Cuba, pese a la vida precaria que padece la mayoría de los cubanos, que el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García, lamentó durante la festividad por la Virgen de la Caridad del Cobre, y por la cual llamó a las autoridades gubernamentales a erradicar con los cambios que sean necesarios.




















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