
«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!»
Lucas 1,42
Una vez más, el pueblo de Cuba se reúne para festejar en nombre de su patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. La Basílica-Menor Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre acogió a una comunidad proveniente de disímiles partes de la capital, pero principalmente los fieles y devotos de Centro Habana.
Si bien rindieron tributo en una tarde gris debido a las lluvias, esto no cortó las alas de los feligreses que se acercaron al hogar de la Virgen en la ciudad. Todos esperaban ser colmados por el manto protector de la patrona, a la vez que le pedían que intercediera por ellos, por sus familias y por la paz, mientras depositaban, en cambio, una vela encendida a los pies de su altar.
Previo a la procesión en la fiesta patronal de la Virgen de la Caridad se realizó la Santa Eucaristía, presidida por su Eminencia, el cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana, y fue concelebrada por el representante del Papa en Cuba, el Nuncio Apostólico, monseñor Antoine Camilleri, y monseñor Ramón S. Polcari, vicario general y canciller del Arzobispado de La Habana. A estos los acompañaron en el presbiterio el padre Ariel Suárez, rector de la Basílica-Menor, el padre Fernando Rivero, párroco de la iglesia del Santo Ángel Custodio y el padre Juan Ayala, oriundo de República Dominicana.
La misa fue colmada de emociones debido a la comunión existente entre los presentes y la Palabra, extendida por el cardenal Juan García de manera cordial, quien declaró la Basílica-Menor como un cielo en ese momento. En su homilía contempló a la Virgen de la Caridad como imagen de confirmación plena y entrega hacia el Señor, al comentar: «Le ha dicho Sí a Dios Padre, cuando él la envió en una imagen a la bahía de Nipe y fue recogida por los hermanos Juan y Rodrigo Hoyos y el negrito esclavo Juan Moreno. (…) Sigue diciendo Sí a nuestras oraciones, a nuestras peticiones».
Para el cardenal, la fiesta patronal de la Virgen fue un lugar de encuentros y bienestar puro para un pueblo. «Estas paredes son, pues, un ejemplo de los muchos milagros que se han escuchado al venir a agradecer», mencionó al referirse a las múltiples peticiones que recibe la Patrona de Cuba en su hogar cada día.
Como parte de la celebración, fue condecorada Ada María Rabelo, directora del coro del Santuario de la Caridad por más de sesenta años, con la Medalla Pro Ecclesia Et Pontifice, máxima distinción papal que le es entregada a un laico.
Culminada la Santa Misa, la imagen de la Virgen de la Caridad caminó una vez más junto a su pueblo por las calles habaneras, que la acompañó entre rezos, canciones, himnos y bailes. La procesión fue sinónimo de alegría, gracia y cosecha de bien. La Virgen se transformaba en símbolo de paz para todos los fieles que seguían su paso, ya fuera junto a ella en la calle, desde la altura de los balcones o en las aceras.
Después de la bendición del cardenal Juan de la Caridad a la comunidad habanera, la multitud entonó las notas del Himno Nacional, lo que marcaba el fin de la procesión y la entrada nuevamente de la Virgen de la Caridad a su Santuario, tras dejar a su paso una estela de esperanza, felicidad y armonía.











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