La esperanza del padre Alberto

Por: Antonio Miguel Fontela Lamelas

Pbro. Alberto Reyes
Pbro. Alberto Reyes

Segundo premio del concurso de periodismo La esperanza en mi vida, organizado por Palabra Nueva

 

Entrevista al párroco Alberto Reyes Pías, nacido el 26 de mayo de 1967, en Florida, Camagüey.

 

Preguntarle a un sacerdote de existencia apacible su opinión acerca de la esperanza, sería algo baladí porque, con toda seguridad, enfocaría la respuesta únicamente desde el Final de los Tiempos, la Vida Eterna y el perdón de los pecados, los cuales constituyen aspectos muy importantes de nuestra doctrina, sin la menor duda, pero son temas bien conocidos por todos los creyentes.

Sin embargo, al preguntarle lo mismo a un cura que ha recorrido a pie los 3000 kilómetros de Roma a Jerusalén, cursado la carrera de medicina hasta el tercer año en la Facultad de Camagüey; la eclesiástica en los seminarios San Basilio Magno de Santiago de Cuba, San Carlos y San Ambrosio de La Habana y Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma; la de psicólogo clínico en la Pontificia Comillas de Madrid; brindado sus servicios pastorales en Camagüey, Guáimaro, Maisí (lo sorprende Matthew, categoría 5, en octubre de 2016) así como en Esmeralda y que además, por si fuera poco, deja oír su voz eufónica en el país de los susurros… la respuesta cambia sustancialmente de contenido y, aunque sea católicamente igual, el enfoque sería otro.

Pensé que rechazaría la conversación por el recelo que llevamos los cubanos encima de la epidermis, disfraz resultante de nuestra historia monopartidista. No obstante, aceptó mi propuesta en cuanto escuchó que era un trabajo para una revista católica, «¿Para la Iglesia?» —dijo, y sin darme tiempo a comentar, respondió—: «No puedo negarme».

Me hubiera gustado verle la cara en ese instante, mas tuve que contactarlo por teléfono, y esa imagen la perdí. Por suerte, encontrar el número telefónico de la parroquia de Esmeralda no fue difícil, pues Internet sabe casi todo de todo y salir de la provincia de La Habana me hubiera sido imposible, dada la problemática situación del transporte.

Este municipio, a pesar de ser un poblado humilde, con apenas 30 000 habitantes, donde lo único sorprendente es la línea férrea que atraviesa su parque principal, resulta fácil de hallar en la actualidad debido a 139 artículos que ha publicado en Facebook su párroco Alberto Reyes Pías bajo el título «He estado pensando», pues en Cuba el criterio de un discrepante vibra muy alto, viaja mucho y estremece a los autócratas tanto como la carcajada a los dolientes.

En cada uno el autor denuncia los abusos de poder que deben ser erradicados de nuestra patria, los padecimientos innecesarios del pueblo, enaltece la dignidad de los cubanos y defiende los derechos humanos que nos asisten a todos por igual con independencia de las ideas políticas.

De este modo su cometido espiritual trasciende los muros de la parroquia y alcanza a todos los nacionales a ambos lados de la frontera, convirtiendo su trabajo pastoral en un apostolado a favor de la cubanidad y la cubanía.

Por tales motivos me propuse entrevistar al padre Alberto.

 

AMFL: Por favor, padre: ¿qué es la esperanza?

ARP: Me parecería pretencioso definir yo la esperanza, por eso prefiero decir qué es la esperanza «para mí», y para mí la esperanza es confiar en que siempre, a la corta o a la larga, el bien será más poderoso que el mal, la luz más fuerte que la oscuridad, la verdad más fuerte que la mentira, y que antes o después siempre llega un momento en el cual triunfa la luz, se asume la verdad y el bien se establece.

 

AMFL: ¿Qué importancia tiene esta virtud teologal para el individuo, la Iglesia y la sociedad?

ARP: Como virtud teologal, la esperanza adquiere una consistencia importante, porque significa que no es el fruto de una simple inspiración humana, sino un atributo que se enraíza en el mismo Dios, en la misma naturaleza de Dios. Visto así, es el mismo Dios el que se hace garante del triunfo del bien, de la verdad, de la justicia. Y abrirse a esta virtud es esencial para el ser humano porque necesitamos la esperanza, sobre todo cuando caminamos en medio de la oscuridad, cuando la vida se vuelve un desierto implacable e infinito. ¿Cómo tener energías para caminar en la oscuridad, cómo enfrentar el desierto sin la convicción profunda de que en algún momento llegará la luz y terminará el desierto? Sin la esperanza, nuestro espíritu no tendría fuerzas para luchar, porque se haría incapaz de confiar. Sin la esperanza, las tormentas te hacen creer que son eternas, y si lo crees, dejas de luchar y te hundes para siempre.

 

AMFL: ¿Cómo reconocer la verdadera esperanza?

ARP: Paradójicamente, cuando se espera contra toda esperanza, cuando a pesar de que no existen signos de que lo que sueñas es posible, continúas haciendo todo el esfuerzo por hacer posible lo que sueñas. La verdadera esperanza no es un sentimiento sino una actitud, una conducta: luchar por lo que amas incluso cuando tu mente te dice que esa lucha no tiene sentido y que nada valdrá la pena.

 

AMFL: ¿Es la esperanza un placebo? ¿Pudiera actuar como un arma de doble filo?

ARP: Si no se une a la acción, es muy posible que la esperanza se convierta en un placebo, en una ilusión romántica que nunca se materializa porque, en realidad, no se está haciendo nada para que algo ocurra. La esperanza no es real si no lleva a la acción, porque incluso cuando una persona muere sin haber visto realizado su sueño, todo lo que ha hecho por conseguirlo habrá construido la bandera que otro podrá recoger y portar adelante.

 

AMFL: ¿Es posible que bajo ciertas circunstancias desaparezca la esperanza?

ARP: La esperanza es algo vivo, y como todo lo vivo, puede crecer, fortalecerse, enraizarse en lo más profundo, o puede debilitarse y morir. La esperanza es una actitud que necesita ser defendida, en primer lugar, de los miedos y las inseguridades de la propia mente, de las voces internas que pueden susurrarte que tu lucha es inútil, que lo que sueñas no es posible. Y más allá de eso, siempre estarán las voces de otros que (muchas veces sin mala intención) intentarán desanimarte y hacerte desistir de tu lucha «por tu propio bien». Y por supuesto, la esperanza tendrá que luchar siempre contra el desánimo de esa parte del camino imprescindible para el logro, pero donde todavía el logro no existe y, muchas veces, ni siquiera se ve de lejos.

 

AMFL: ¿Qué porvenir tendría una sociedad desprovista de esta virtud?

ARP: La esclavitud, la sumisión y la huida. Cuando una sociedad renuncia a la esperanza opta por dos únicos caminos: sobrevivir o irse. Irse permite muchas veces alcanzar los sueños que no podían realizarse antes, pero al precio de elegir resolver el propio problema, no el problema común. Y si, perdida la esperanza, se opta por sobrevivir, la persona puede incluso llegar a pactar con sus carceleros y con todo lo que estos le pidan. Los apoyará, los secundará, mientras se hunde cada vez más, convenciéndose a sí misma de que ha hecho lo correcto y que luchar por los propios ideales es sólo un sueño de juventud, una ilusión utópica.

 

AMFL: ¿En qué estado se encuentra la esperanza del cubano que vive aquí?

ARP: En Cuba no es fácil mantener la esperanza. Para empezar, durante generaciones el pueblo ha sido adoctrinado en una indefensión aprendida. Una y otra vez nos han repetido de mil modos posibles que nunca cambiarán las cosas, que el sistema implantado en Cuba es inamovible. A esta indefensión se ha unido siempre una represión brutal, un castigo sin piedad a cualquiera que ose desafiar al sistema. Sin embargo, yo creo que el cubano es un pueblo que se niega a morir, se niega a someterse, y una y otra vez, aquí y allá, levanta la cabeza, intentando buscar una vía de salida. Ante cada golpe del gobierno, ante cada ola represiva, se aguanta, se toma su tiempo, pero luego vuelve, y lo intenta otra vez, empujando el muro que lo contiene, porque en lo más profundo de su alma sabe que ese muro, tarde o temprano, caerá.

 

AMFL: ¿Cómo restaurar la esperanza?

ARP: Yo creo que el mejor modo de restaurar la esperanza como pueblo sería volviendo nuestro corazón a Dios. Hace muchos años, como pueblo, le dimos la espalda a Dios, y perdimos nuestra fuerza mayor. Cuando Dios no está, la persona se vuelve más frágil, más vulnerable, es más fácil quebrarla. Cuando la esperanza se enraíza en Dios, es mucho más difícil atacarla, porque ya no nace de una simple ilusión humana, que no deja de ser válida, pero que es más frágil. Cuando la esperanza se enraíza en Dios, la persona encuentra una motivación y una fuerza que está más allá de ella, y eso le concede resiliencia.

 

AMFL: Padre, una última pregunta: ¿cuál es su esperanza?

ARP: Como te decía al inicio, yo creo firmemente que el bien es más poderoso que el mal, que la luz es más fuerte que la oscuridad, que la verdad es más fuerte que la mentira, y mi esperanza es que llegará un día en el que por fin amanecerá sobre esta tierra nuestra, y toda la oscuridad, la mentira y la maldad que ha traído sobre Cuba el sistema implantado desde 1959, se sanará. Será duro, y será largo, porque el daño al alma del cubano ha sido muy profundo, pero creo firmemente que un día dejaremos atrás esta dictadura que hoy aprisiona nuestros cuerpos y nuestras mentes y que lograremos construir un país de libertad y prosperidad, donde poco a poco emerja en plenitud el alma buena del cubano.

Y espero también que no se nos olvide nunca cómo nos engañaron, cómo nos manipularon y nos hicieron entrar en un sistema opresivo, que no se nos olvide para que nunca más exista algo así nuevamente sobre esta tierra nuestra. Y que tampoco se nos olvide cuánto nos ayudaron unos y cuánto nos abandonaron otros, para que, cuando seamos libres, sepamos tender nuestra mano a todo pueblo que sufra el dolor y la mutilación que nace de toda dictadura.

 

Muchas gracias, padre Alberto.

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