Cosas de Cura

Por: ONITOAN

¡Para firme, chofer, que va a montar un hombre vestido de mujer! Así dijo un policía habanero por los años sesenta del pasado siglo, cuando el padre Ángel Pérez Varela, cura de Regla, subía a un ómnibus.

El sacerdote miró a los demás pasajeros y nadie apoyó con su mirada u otro gesto a lo dicho por el policía. El padre Varela se acomodó en silencio en un asiento, pero estuvo al tanto para cuando el policía se bajase. Por suerte, lo hizo primero que él. En ese momento, le gritó al chofer: “¡Para firme, chofer, que va a bajar una mujer vestida de hombre! Todos los pasajeros prorrumpieron en una carcajada. El policía bajó en silencio, imagino que abochornado.

Mons. Ángel Pérez Varela fue cura párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla durante muchos años. En el entonces municipio más pequeño del mundo, llegó a ser considerado una institución. Murió en ese mismo pueblo, en una casa que el Poder Popular le había obsequiado. Nunca tuvo automóvil. Viajaba en la lancha o en guagua a las distintas iglesias que le asignaron, entre ellas la del poblado de Peñalver en Guanabacoa.

Allá por el año 1990, a solicitud de los combatientes del 26 de Julio en Regla, el presidente Fidel Castro le obsequió un automóvil Lada de estreno. A los 75 años de edad se acogió a la jubilación sacerdotal, y murió con 63 años de vida consagrada.

El padre Varela junto a dos de los combatientes del 26 de julio, muchos años después
El padre Varela junto a dos de los combatientes del 26 de julio, muchos años después

La escalera

Ocurrió el 6 de septiembre de 1958. Eran los meses finales del gobierno del presidente Batista. El Movimiento 26 de Julio en el llano, en su rama de acción y sabotaje, quería dar un sonado golpe publicitario en la ciudad capital de Cuba. La ocasión la propiciaba la gran procesión de la Virgen de Regla por la Bahía de La Habana, dedicada a su protección desde el 24 de febrero de 1956, cuando el cardenal Manuel Arteaga, con sus propias manos, la coronó. Era una festividad religiosa muy popular en la ciudad.

Los muchachos reglanos del 26 de Julio fueron a ver al padre Ángel Pérez Varela, párroco de Regla y rector del Santuario. Le comunicaron la intención que tenían de secuestrar la imagen de la Virgen colocada en el retablo mayor del templo, a fin de que se supiera la vitalidad del Movimiento. El grueso sacerdote los miró y les dijo: “Yo no estoy de acuerdo, pero no me opongo a lo que ustedes van a hacer”. Los jóvenes le dijeron que lo harían a eso del mediodía, cuando en el Santuario hubiese menos devotos. El acceso al nicho donde se halla la imagen, es por una puerta que todavía se encuentra por la pared de atrás de la iglesia, en la sacristía del Santuario.

A la hora ya conocida por el cura, el padre Varela, prudentemente, se había ausentado del templo y se hallaba en la casa parroquial, en los altos de la iglesia. Los revolucionarios llegaron tal y como habían anunciado. Y cuál hubo de ser la sorpresa, que encontraron colocada una escalera debajo de la puerta del nicho donde estaba la imagen de la Virgen.

La procesión se efectuó de todos modos, pero con otra imagen de la Virgen de Regla. Pocos días después del 7 de septiembre, la imagen secuestrada fue hallada en un horno de cal a pocos kilómetros de Regla. La policía llamó telefónicamente al padre Pérez Varela para que fuera a buscarla a la novena estación de Policía de La Habana. El jefe de esta estación era el coronel Esteban Ventura Novo.

Cuando el padre Varela llegó a la estación, encontró la imagen rodeada de velas encendidas, con las que los policías la habían iluminado. El cura se presentó a Ventura, y este le dijo: “Padre, puede llevarse la imagen”. Con alegría y rapidez, el padre la cargó. Y cuando iba saliendo, el Coronel le dijo: “Yo sé que usted estaba detrás de todo esto”.

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