Pasiones de una vida

Por: Yarelis Rico Hernández

La música y la guitarra

Al joven trovador pinareño Jorge (Xailon) le acompaña un huracán de motivos, aspiraciones y sueños. Él es todo creación, trabajo y constancia. La guitarra y la composición van de la mano en su vida y, sin vacilar un segundo, asegura que es música, y no sangre, lo que corre por sus venas. María Elena, su abuela materna lo supo muy pronto, cuando lo vio llevar con los dedos los compases de una canción, mientras lo mecía para dormir. Después se despertó en él aquella admiración por Polo Montañez y por sus canciones, las que aprendió de memoria con uno o dos años, escuchar esa música era el único modo de que estuviese tranquilo con sus juguetes. Pero no hubo felicidad mayor que cuando tuvo entre sus manos una guitarra. Se la pidió prestada (o casi le imploró) a un señor que la tocaba en una descarga entre amigos, donde Jorgito estaba con sus padres. Era un mocoso todavía. Entonces entendió que quería una para él. También lo comprendieron su mamá y su papá.

Su primera guitarra fue tan pequeña como él. Era de juguete, pero le parecía oro molido. Antes ya se creía el gran músico, mientras rasgaba con fuerza una raqueta de bádminton. Se sentaba en el portal y les cantaba a sus amiguitos del barrio y a sus padres el tema Guajiro natural a golpe de raqueta, pero en su imaginación de allí salía pura música. Le encantaba que le hicieran fotos y videos desde entonces y si sentía que no estaba bien, a su modo, pedía “entrelenguas”, por su corta edad, repetir la toma…

“Llego a mi primera guitarra a los ocho o nueve años, pues insistí mucho en que deseaba tenerla, una amiga que conocía de mi sueño ayudó a mis padres a buscar un profesor que me enseñó lo elemental, pero no fue un avance real. Al llegar a la secundaria, comencé a componer mis primeras canciones, que todavía recuerdo y canto: Sin tu amor y Seguir viviendo. Cuando llegó el paso al preuniversitario, mis padres me preguntaron qué quería hacer, y dije resueltamente que estudiaría música. Ahí comenzó un camino muy difícil, pero hermoso. La música es una carrera que debes iniciar desde primaria, y en mi caso, por desconocimiento y falta de orientación, no había podido ser así”.

Según un viejo refrán, por un camino que se cierra, uno o varios se abren. ¿Ocurrió así para ti?

“Junto con mis padres comenzamos a preguntar qué debíamos hacer para iniciar mis estudios de música. Nos dijeron que ya no era posible. Fue la profesora María Elena Montesino, una maestra del solfeo de Pinar del Río, la que se encargó de conformar un claustro de profesores, entre los que estaba Yosniel Rivera, guitarrista, ellos comenzaron a prepararme también en piano, apreciación musical e instrumento. Al final aquel claustro se desintegró, pues nos dijeron que no había camino posible para estudiar música a mi edad. Mis padres no sabían qué hacer por mí y fue entonces que, en el Departamento de Enseñanza Artística de Cultura, otra persona comentó la posibilidad de prepararme para presentarme a unas pruebas de suficiencia al final del grado 12. De aprobar esos exámenes, me permitirían entrar a la Escuela Nacional de Arte. Se formó entonces un nuevo claustro integrado por profesores de Pinar del Río y de La Habana. A partir de ese momento tuve que llevar, conjuntamente, mi enseñanza preuniversitaria con la preparación musical para esta prueba de suficiencia. En el pre me pusieron muchas trabas para mi formación musical. Prácticamente, tuve que hacer cinco años de escuela de arte en solo meses y todo eso junto con mis asignaturas de pre.

”Sabía que los exámenes de suficiencia eran fuertes, y como no tenía la certeza de si los aprobaría, hice las pruebas para la compañía lírica Ernesto Lecuona, de Pinar del Río, y aprobé las captaciones. Más adelante, me fui para La Habana y durante una semana me presenté a los exámenes de solfeo oral y escrito, piano, apreciación musical, historia de la música y guitarra… De veintisiete estudiantes que nos presentamos de todo el país en esa convocatoria, aprobamos solo cuatro, yo entre ellos. Mis padres estaban conmigo, apoyándome todo el tiempo. Había cumplido mi gran sueño de entrar a la enseñanza artística, estudiar música y poder seguir mi vida por los caminos del arte. Hoy, después de cuatro años, me he graduado de nivel medio. Gracias al apoyo de mis padres, mi familia y mis profesores he podido llevar la enseñanza desde mi provincia, pues por mi condición de diabético, dependiente de insulina, no me era posible estar en La Habana, a lo que se suman los difíciles tiempos de pandemia que hemos atravesado”.

Siempre se te ve acompañado por la guitarra, es como si existiera una complicidad matrimonial entre ambos… ¿No te sientes demasiado atado a ella?

“La guitarra para mí es pasión, no sacrificio… Ella es mi entretenimiento, mi juego preferido. No es fácil estudiar un programa de veinte partituras, pero cuando buscas mejorar y descubrir cosas nuevas en lo que tocas, intentando siempre imprimir algo de ti, el estudio es gozo. Cuando digo que voy a tomar un descanso, no es que me voy a pasear o a jugar futbol, es que voy a escuchar música o a tocar una composición mía. Me gusta, en primerísimo lugar, la trova, también el pop rock, pero no tranzo con el reguetón ni con estos ritmos contemporáneos que llaman urbanos o de barrio. Sin embargo, eso no significa que, si en una fiesta ponen este tipo de música, me vaya del lugar; poseo mis propias herramientas para evadirme de esa realidad, apartar la crítica y concentrarme en la diversión”.

¿Cuáles son tus grandes motivos para componer?

“La vida es el motivo más inspirador. Escribo sobre vivencias personales, historias que ocurren en mi vida o en la de otras personas cercanas a mí. Las primeras canciones Sin tu amor y Seguir viviendo todavía las incluyo en muchas de mis presentaciones. Me resulta necesario volver a ellas. La primera habla del amor que sentimos por una persona, la segunda es una fotografía de mi preparación para lograr mi carrera, un camino difícil pero que ha sido necesario transitar para seguir viviendo.

”Yo soy un todo en uno. Lo que más disfruto es cantar la música que compongo, pero me gusta mucho interpretar temas de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Adrián Berazaín y Santiago Feliú. También disfruto acompañar a otra persona, pero nada como interpretar mis propias canciones”.

Muchos artistas consideran una fatalidad geográfica vivir en provincia, pues no se tiene el mismo fogueo ni nivel de presentaciones… ¿Sientes que esta realidad te afecta o pudiera hacerlo en el futuro?

“Es cierto que vivir en provincia limita, en La Habana hay más oportunidades, pero ahora mismo sigo enfocado en mi formación, creo que desde mi terruño he tenido buenas oportunidades, incluso en La Habana. Igual, en ocasiones me han insistido en la importancia del dinero, de ser remunerado por mis presentaciones. Y reconozco que sí, que el dinero es importante, pero no puede definir al artista. Mi mayor satisfacción es lograr que el público se sienta complacido con lo que hago. Uno hace música para agradar a las personas, y ahí encuentro mi mayor satisfacción: hacer felices a los demás.

”También encuentro motivación en dar clases, enseñar… En casa tenemos un proyecto comunitario y he desarrollado con niños talleres de guitarra, de piano y de canto. También enseñando alumnos en la escuela provincial de arte. Me gustaría seguir como profesor. A mi edad ya he hecho cosas que me hacen sentir satisfecho: toco guitarra de concierto y popular, canto y me acompaño con la guitarra. Mis objetivos son seguir componiendo, que mi música se dé a conocer, lograr grabar los dos discos que ya tengo preparados y continuar con mi creación. Quiero, además, tener mi propia banda, otra, porque ya antes tuve una que dirigí y donde logré combinar tres guitarras”.

¿Qué asoma para el futuro luego de tu graduación de nivel medio en música?

“La música no tiene metas, ella siempre te enseña algo nuevo. Tras mi graduación, además de la guitarra de concierto, quiero profundizar en la guitarra eléctrica. Esa superación lleva tiempo. Me gustaría musicalizar una serie, crear música incidental para cine… Y eso puede ser posible, pues ya orquesté una banda y la experiencia la llevo conmigo; todo está en que aparezca la persona y la oportunidad. No me asusta el trabajo. Cada vez que pongo la cabeza en la almohada, es como estar en un escenario. A esa hora me vienen muchas ideas para canciones. Es como si comenzara a sonar una orquesta completa. Entonces me grabo la voz para no olvidar ni un detalle y al otro día hago el arreglo”.

Una pregunta al hijo de una amiga querida, al joven talentoso, al músico que ya eres. ¿Qué sientes que define tu carrera?

“Xailon es mi nombre artístico. Lo conforman seis letras, las mismas que escojo para definir mi carrera, mi vida como músico: la X es la versión de mi guitarra eléctrica preferida, que me regaló un tío muy apegado a mí; la A muestra el amor por lo que hago, por la familia que me acompaña; la I es justamente la independencia con la que hago mis canciones; la L, mis logros como artista; la O, mi obra musical, que ojalá siga creciendo; por último, la N, para Nunca dejar de componer y hacer una música que agrade al público que la escucha”.

No llegar a tiempo a la enseñanza artística y tener que prepararse por la calle, lo ayudó a que hoy cante y se acompañe con la guitarra. Cantar La guantanamera y Las mañanitas, aunque a muchos pueda parecer simple, fue la oportunidad que le permitió descubrir estas posibilidades. Cada paso dado es una experiencia en la vida de Xailon, quien con una sonrisa que enamora, no ve derrotas en el camino. Sus pensamientos siempre se fijaron en una idea: sería músico. Hoy lo es.

yarelisricohernandez@gmail.com

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