
Fieles católicos de la Arquidiócesis de La Habana, directivos de la Oficina del Historiador, miembros del cuerpo diplomático acreditado en Cuba, intelectuales y académicos cubanos y representantes de Cuba Foundation, organización dedicada a impulsar iniciativas de desarrollo que ayudan directamente al pueblo cubano, emitieron este martes un signo concreto de cuánto se puede hacer, cuando se construyen redes con una motivación para el bien común.
Se trató de una velada cultural en la Catedral de La Habana, convocada por Cuba Foundation con el objetivo de recaudar fondos en bien de la ciudad y sus habitantes.
Cuidar ha sido un signo que deberá acompañar a generaciones de habaneros y a su identidad como cubanos. Realidades que se involucran para dar al pueblo algo que nos trasciende y que «nos reúne alrededor de una obra que forma parte de la historia y de la vida cotidiana de La Habana: el óculo de nuestra Catedral», como mencionó el padre Yosvany Carvajal, párroco de la Catedral de La Habana.
Un elemento icónico de la Santa Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana es su fachada, insignia fiel de la arquitectura barroca cubana y que, como recordó Carvajal, fue llamada por el escritor cubano Alejo Carpentier «música convertida en piedra». La pequeña apertura en la fachada de forma cuadrifoliada (cuatro lóbulos), llamada óculo y que significa ojo, tiene una función decorativa, y al mismo tiempo proporciona iluminación. Este espacio se develó este martes con la preciosa imagen de la Madonna Luminosa realizada por el artista visual Aluan Argüelles, una obra que hará que mientras esperamos la restauración integral del vitral original, nuestra madre, la virgen de la Luz, pose su amorosa mirada sobre nosotros.
Esta conmovedora imagen nos ayudará a vivir la espera. Ella fue la primera iluminada, ella, que procede del sol de la santidad. «Una mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza» (Apoc.12, 1).
María es, en efecto, la luz que anuncia la proximidad del sol a punto de nacer, Cristo. La presencia luminosa y resplandeciente de la Virgen María en la fachada de la Catedral habanera inunda de luz que despierta a la fe, dispone la esperanza y enciende la caridad. Dijo justamente el padre Yosvany: «Nos recuerda que la fe no se vive a solas: cada persona recibe una luz que puede compartir con los demás».
La velada tuvo la compañía de la música del pianista Aldo López-Gavilán, quien mostró, con las teclas de su piano, la unidad entre la música y la identidad cultural, parte de la cual es la fe, una relación que habla por sí sola de cohesión social y sentido de comunidad y nos acerca a la Virgen de la Luz, que está en lo cotidiano, en medio de la vulnerabilidad, de los días difíciles y oscuros.
La Santa Iglesia Catedral Metropolitana de La Habana, dedicada a la Inmaculada Concepción, es uno de los mejores exponentes del estilo barroco en América. Es la sede episcopal de la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana, y se prepara para celebrar sus 250 años.
Ha sido un tiempo en que innumerables personas e instituciones han ayudado a hacer de la Catedral un símbolo de una ciudad marcada por el tiempo y memorial de fe, un punto de referencia religioso, arquitectónico e histórico, siempre abierta, acogedora y evangelizadora.
Así las cosas, esperamos la celebración por los 250 años de la Catedral de La Habana con la Madonna luminosa, alusión a la Madre Santísima de la Luz, vestida de azul, símbolo de pureza y castidad, patrona de los empleados del gas y de la electricidad, protegiendo a La Habana.
Cada vez que pasemos delante de ella, será bueno ralentizar el paso y decirle: «En tiempos de oscuridad, cuando me siento frágil y necesito tanta ayuda, te miro, y percibo tu claridad y protección. ¡Virgen de Luz!».








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