
En medio de la difícil situación de los cubanos, queremos continuar viviendo el carisma de la Comunidad de San Egidio en nuestra isla y la misión a la que hemos sido llamados en todos los tiempos. Jesús dijo a sus discípulos «Pidan y se les dará; busquen y encontraran; llamen y se les abrirá» (Mateo 7,7). En tiempos como estos, la creatividad y el amor deben acompañarnos, con vistas a que nuestras iglesias continúen siendo un punto de referencia para todo el que busca, llama y tiene necesidad de pedir. Cada comunidad cristiana es una casa del buen samaritano, donde muchos pueden curarse las heridas del camino y aliviar el dolor que provoca la desesperación.
La Comunidad de San Egidio nace en La Habana y en Pinar del Rio, en junio de 1992, precisamente en un momento extremadamente complejo, llamado Período Especial. Todos recordamos esa época de gran escasez e incomunicación con el mundo, cuando podíamos tener la tentación de pensar que éramos demasiado pobres como para ponernos en función de ayudar a otros.
Siguiendo los pasos de la Comunidad Madre de Roma, nacida en 1968, nos aferramos al Evangelio y comenzamos a trabajar con los niños, los ancianos, los deambulantes, servicio que llamamos cariñosamente «Amigos por la calle» y con las realidades que aparecían ante nuestros ojos. Nos reuníamos para orar, escuchábamos el Evangelio e invitábamos a nuestros amigos de la Universidad a vivir esta experiencia que para nosotros significó permanecer, compartir e ir al encuentro de realidades que no sabíamos que existían. Éramos estudiantes y compartíamos con los pobres aquel poco que teníamos, siempre recordando las palabras de Andrea Riccardi, fundador de nuestra Comunidad: «Nadie es tan pobre como para no poder ayudar a los demás…». Así fueron naciendo los servicios que hoy realizamos y que, con el tiempo, se han enriquecido con la experiencia y el hacer de nuevos hermanos, quienes optaron por formar parte de la comunidad de San Egidio, que, con el tiempo, se extendió a otras provincias como Santiago de Cuba y Holguín.
En los momentos complejos, como lo fue el aislamiento debido al Covid 19, la comunidad multiplica fuerzas y espacios de oración y de servicio. En estos meses, cuando todos hemos sido afectados por la falta de electricidad y transporte, el aumento de los precios, el calor, el desagradable escenario y hedor de los basureros, las polémicas sobre el futuro, no queremos vivir en la queja, el desánimo y en temas de conversación llenos de desánimo.
La situación en la Cuba de hoy es un grito, y hay que ayudar a los más necesitados, estar presentes, y amar más. En este período se han abierto tres nuevas Escuelas de la Paz en barrios difíciles como Zamora, en Marianao, Jesús María, en La Habana Vieja, y Colón, en Centro Habana. Ya existían Escuelas de la Paz en el barrio de Belén en La Habana Vieja y en el barrio de La Timba en El Vedado, con las cuales suman cinco Escuelas de la Paz con más de 350 niños.
No solo es importante la preocupación por los espacios de caridad, también las oraciones en estos barrios, estamos muy felices de iniciar la oración junto a los ancianos de la comunidad cada martes en el Hospital Emergencia, es como un santuario, un lugar de dolor, donde todo el que llega está lleno de preocupaciones, donde vas con la esperanza de sanar, un lugar donde se necesita escuchar el Evangelio del Señor. Nos reunimos en el teatro para orar cada martes, el primero del mes por los enfermos, el segundo por la paz, el tercero por los pobres y el cuarto por los niños, adolescentes y jóvenes. Este es un momento muy importante, como también la presencia en los asilos estatales donde van nuestros adolescentes para acompañar a los ancianos.
En tiempos como estos, la misericordia del Señor debe multiplicarse con nosotros, discípulos del último llamado, y con un corazón agradecido vamos al encuentro con Jesús en los pobres.


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