Alocución, 3 de octubre, XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Hoy, 3 de octubre, XVII Domingo del Tiempo Ordinario escuchamos en todas las iglesias católicas el evangelio según San Marcos, capítulo 10, versículos 2 al 12.

(EVANGELIO)

Jesucristo en esta narración evangélica, se ha referido a los dos primeros capítulos del libro del Génesis, primero de la Biblia y del Pentateuco. En el Génesis, capítulo 1, versículos 26 y siguientes se escribe:

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Dios los bendijo diciéndoles: sean fecundos y multiplíquense, llenen la Tierra y sométanla, manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la Tierra. Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno”.

Palabra de Dios, te alabamos Señor.

El varón contempla admirado la belleza del cuerpo femenino. Indiscutiblemente, una obra de arte. Y cuando el hombre se enamora de la mujer y se casa con ella, la conoce más y se da cuenta cada día de la grandeza del amor que le brinda su esposa: un amor delicado, paciente, creciente… Y ese amor disfrutado en cuerpo y alma lo hace más feliz, y el enamoramiento primero crece día a día. La mujer contempla embelesada el cuerpo varonil y la fortaleza del hombre: una obra de arte creada por Dios para la esposa. Y cuando el hombre y la mujer se casan, ella se siente amada y protegida por él, Y juntos, paso a paso, unidos constituyen una bella familia donde reina el amor.

Esposo y esposa se unen y son una sola persona. Así lo han vivido y demostrado los matrimonios de un año, dos, cinco, diez, veinticinco, cincuenta, setenta y cinco años.

El amor es la necesidad mayor del hombre y de la mujer, de los niños y de los ancianos. El amor es como el sol que calienta en medio del frío, como el agua que se adapta al recipiente donde se vierte. El amor sana las heridas porque es como aceite perfumado. El amor quita las tenciones, relaja, serena… Sentirse amado es un punto de apoyo. Amar es vivir y el vivir necesita del amor. Felices los esposos que se aman, se perdonan, crecen en la concordia matrimonial. Felices los hijos que ven en sus padres y abuelos el amor.

El amor de los esposos viene de arriba, del Dios Amor Creador. Muchas muchachas más bonitas, más inteligentes, más ricas que Ana Lupe, conoció Franki, y sin embargo se enamoró de Ana Lupe. Muchos caballeros más elegantes, más fuertes, más inteligentes, más ricos que Franki, conoció Ana Lupe, y sin embargo, Ana Lupe se enamoró de Franki, su esposo. El amor del Dios Creador que puso en el corazón del hombre y la mujer, el amor que Cristo quiere alimentar cada día, el amor que el Espíritu Santo hace creativo, el amor que la Virgen cuida, protege, defiende como Madre de los esposos no lo pierdan, cuídenlo, riéguenlo, multiplíquenlo, y si ha habido heridas, sánenlo y  cúrenlo por la noche.

(CANTO)

El Papa Francisco comentando este evangelio ha dicho: “El evangelio de este domingo nos ofrece la Palabra de Jesús sobre el matrimonio. Jesús retoma el libro del Génesis, que dice: ‘Desde el comienzo de la creación Él los hizo varón y hembra, por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y los dos se harán una sola carne’. Y concluye diciendo: ‘Lo que Dios unió no lo separe el hombre’. En el proyecto originario del Creador, se trata de un hombre y una mujer llamados a reconocerse, a completarse, a ayudarse mutuamente en el matrimonio. Esta enseñanza de Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio como una unión de amor que implica fidelidad. Lo que permite a los esposos permanecer unidos en el matrimonio es un amor de donación recíproca sostenido por la gracia de Cristo. Si en vez de eso en los cónyuges prevalece el interés individual, la propia satisfacción, entonces su unión no podrá resistir, y es la misma página evangélica la que nos recuerda con gran realismo que el hombre y la mujer pueden realizar gestos que pongan en crisis su unión. Jesús confirma el designio de Dios, en el que destaca la fuerza y la belleza de la relación humana. La Iglesia, por una parte, no se cansa de confirmar la belleza de la familia como nos ha sido entregada por la escritura y la tradición, pero al mismo tiempo, se esfuerza por hacer sentir concretamente su cercanía materna a cuantos viven la experiencia de relaciones rotas o que siguen adelante de manera sufrida y fatigosa”.

(CANTO)

Tertuliano, en el siglo II, le dice a su esposa: “No hay palabras para expresar la felicidad de un matrimonio que la Iglesia une, la oblación divina confirma, la bendición consagra, los ángeles lo registran y Dios Padre lo ratifica”. ¡Qué dulce es el yugo que une a dos fieles en una misma esperanza, en una misma ley, en un mismo servicio! Los dos son hermanos, los dos sirven al mismo Señor;  no hay entre ellos desavenencia alguna, ni de carne ni de espíritu. Son verdaderamente dos en una misma carne, y donde la carne es una, el espíritu es uno: rezan juntos, adoran juntos, ayunan juntos, se enseñan el uno al otro, se soportan mutuamente. Son iguales en la Iglesia, iguales en el banquete de Dios; comparten por igual las penas, las persecuciones, las consolaciones. No tienen secreto el uno para el otro, nunca rehúyen la compañía mutua, jamás son causa de tristeza el uno para el otro. Cantan juntos los salmos e himnos. En lo único que rivalizan entre sí es en ver quién de los dos amará mejor. Cristo se regocija viendo a una familia así y les envía su paz. Donde están ellos, ahí está también Él presente; y donde está Él, el maligno, el diablo, no puede entrar y destruir el matrimonio.

(CANTO)

El matrimonio fiel es el creado por Dios Padre. La esposa quiere la fidelidad de su esposo. El esposo quiere la fidelidad de su esposa, y no le puede exigir a ella la fidelidad si él no le es fiel. La esposa dice a su esposo:

“El día que no me ames pasará cualquier cosa, se apagarán los vientos, se morirán las rosas. El cielo quedará oscuro y se caerán las estrellas como brújulas locas, se secarán los ríos y caerá la alondra, quedará la Tierra sin música y sin novias. El día que no me ames, moriré con tu nombre apretado en la boca”.

El esposo dice a su esposa:

“No te identifico, mujer, para no aprisionarte ni hacer despojo cruel de tus encantos. Eres, mujer, la más sublime criatura, madre, reina, compañera, estímulo, novia, amante, jardinera del amor y de caricias, alquimista exquisita, sufrida, galante, baluarte de gracias y virtudes, gentil, grácil y hermosa, rítmica, sensual, asustadiza. Eres preciosa voz del universo, flor perfumada que se marchita en la tarde de la vida, cofre pletórico de esencias, talismán, embrujo, tallo esbelto, quebradiza, en los jardines florecidos del camino. Maestra, mártir, heroína, arpegio de músicas astrales que encadenan las almas locamente. Pozo sin fondo del afecto y la donación, diadema de brillantes gemas, urna sagrada del corazón enamorado, clavel rojo de encendido amor que orgullosos ostentan los amantes, devorador incendio inextinguible en el alma encanecida de quien espera largas noches”.

(CANTO)

Dios ha creado el matrimonio fecundo. ¡Qué maravilla los hijos! ¡Qué maravilla que hayan estado en el seno materno fecundado por el amor del papá! ¡Qué maravilla celebrar y recordar el día del nacimiento, del bautismo, de las fiestas de fin de curso! ¡Qué maravilla amamantarlos, bañarlos, alimentarlos, rodeados del cariño familiar! ¡Qué maravilla jugar con ellos, ayudarlos en las tareas escolares, educarlos, regañarlos, encaminarlos, enseñarles las tareas domésticas! ¡Qué maravilla sentir sus abrazos, caricias, cariños! ¡Qué maravilla haberlos atendido en sus enfermedades y momentos difíciles! ¡Qué maravilla verlos crecer! ¡Qué maravilla sentirnos orgullosos de ellos por su rectitud, honradez, servicialidad, laboriosidad! ¡Qué maravilla el matrimonio fecundo!

(CANTO)

El lunes 4 de octubre celebramos la fiesta de San Francisco de Asís. Los esposos rezan esta oración atribuida a San Francisco adaptada al matrimonio:

“Señor, haz de nuestro hogar un sitio de amor, que no haya injuria porque tú nos das comprensión; que no haya amargura porque tú nos bendices; que no haya egoísmo porque tú nos alientas; que no haya rencor porque tú nos das el perdón; que no haya abandono porque tú estás con nosotros; que sepamos marchar hacia ti en nuestro diario vivir; que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio; que cada noche nos encuentre con más amor de esposos. Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir, una página llena de ti. Haz, Señor, de nuestros hijos lo que tu anhelas, ayúdanos a educarles y orientarles por tu camino, que nos esforcemos en el consuelo mutuo, y hagamos del amor un motivo para amarte más; que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar, que cuando amanezca el gran día de ir a ti, nos concedas el hallarnos unidos todos”. Amén.

El esposo lea a su esposa la parte que le corresponde en el libro de la Biblia “Cantar de los Cantares”. La esposa lea al esposo la parte que le corresponde. Sentirán que el amor declarado y manifestado entre él y ella es signo del amor fiel del padre Dios a su pueblo.

(CANTO)

Hoy es el día del Seminario. Cada católico se hace padrino o madrina de los seminaristas. Nuestros seminaristas habaneros se llaman: Ricardo, Yordanis, Alegnys, Luis Ángel, José Luis, aquí en La Habana. En Santiago de Cuba están los seminaristas habaneros, Dionne y Lázaro. Llame al teléfono del Seminario 77924660 y diga el nombre del seminarista por el cual usted desea rezar con más frecuencia.

Rogamos al Señor, nos envíe muchos sacerdotes, muchas monjas, muchos diáconos, que sirvan y enseñen a nuestros nietos y demás familiares.

Dios Padre, dueño de la mies, envíanos obreros…

 Señor Jesucristo, Salvador, llama a muchos discípulos para que estén contigo y anuncien el Evangelio…

Espíritu Santo inspira a muchos niños, adolescentes y jóvenes a ser sacerdotes, diáconos, monjas, hermanos…

Santa María de la Caridad mira la necesidad de tu pueblo y pide a tus hijos generosidad para entregar cuerpo y alma a la causa de tu Hijo…

Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, acompaña a tus hijos para que su testimonio suscite vocaciones…

Beato Olallo Valdés cuida la inocencia de niños y adolescentes y pide a Dios Padre muchos maestros de la fe y del amor…

Virgen de la Caridad, dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí, de mis enfermos, de mi familia, no apartes, ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes. Y ya que nos proteges tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

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