Carlos Lechuga: “más cerca de un cine popular”

Por: Daniel Céspedes Góngora

Carlos Lechuga.
Carlos Lechuga.

Carlos Lechuga (1983) es un cineasta inquieto e irreverente. Cuando no se lo achacan a razones extracinematográficas, lo sugieren sus películas. Además de sus cortos Cuca y el pollo (2005) y Los bañistas (2010), ha dirigido los largometrajes Melaza (2012) y la prohibida —y por ello recepcionada más de una vez— Santa y Andrés (2016)

Su tercer largometraje será Vicenta B, con el que acaba de ganar el premio WIP del Festival de San Sebastián. Entre sus películas y escritos para Hypermedia Magazine, el cineasta, estudiante de Dirección en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación (FAMCA) y graduado de guionista en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), escribió su primer libro: En brazos de la mujer casada (Hypermedia, 2020). Sobre cine y literatura, gustos y disgustos…  encauzamos esta conversación.

¿Quién es Vicenta B?

“Vicenta Bravo es una madre cubana. Una mujer independiente, fuerte, con una predisposición a ayudar a la gente de su comunidad. En los diarios de principios del siglo XX, a las religiosas, creyentes, se les trataba con cierto desprecio. Nunca escribían el nombre completo, siempre eran: la parda Marta F., la morena Luisa M. De ahí que nuestra Vicenta sea una Vicenta B.

”Vicenta Rosa Rodríguez Benítez era el nombre de mi abuela, que era una espiritista bien conocida en mi barrio. De pequeño yo la veía tirándoles las cartas a las mujeres que iban en busca de soluciones para sus problemas.

”Entonces nada, eso, Vicenta se puede decir que es un retrato de las mujeres cubanas, de las madres, de esos sentimientos de salir adelante y vencer los problemas, de no perder la fe.

”Hay una cosa muy bonita en el personaje, que más allá de ser una mujer que no está muy conectada con los nuevos tiempos, ni las nuevas tecnologías (hay que recalcar que al ser una espiritista está con un pie en este mundo y otro en el mundo de los seres del pasado), Vicenta es una mujer de estos tiempos. Vicenta es una mujer que, por perseguir sus sueños, se ha quedado sola. Es una mujer que defiende su manera de ser y por esto… se ha ido quedando al margen.

”Lo más bonito de la película es que es un retrato. Hay ciertas características, matices de su manera de ser, que quedan abiertos. Algunos espectadores se llevarán una idea, otros se quedarán con la lectura más obvia. Pero todo en la película es ella. Todo es Vicenta. Su cabeza. Su trayecto. Por eso tampoco te puedo contar mucho más quién es ella porque sería contarte la película. Es una película muy sencilla, muy pequeña. El reto ha sido ese: quitar, limpiar”.

El personaje de Vicenta en el filme más reciente de Carlos Lechuga.

¿Cómo surge la historia de esta próxima película?

“Yo estaba en medio de una depresión bastante profunda y casi no podía hacer nada, no podía trabajar, no me concentraba. Era verano y entonces, a manera de terapia de choque, comencé a ver toda la obra de Ingmar Bergman. Da la casualidad que empecé las proyecciones un 14 de julio y luego me enteré que era el día del cumpleaños del maestro sueco. Su trilogía del silencio de Dios me impresionó mucho y pensé en hacer algo con eso, pero desde mis creencias, desde el mestizaje, desde el Caribe.

”Poco a poco fue surgiendo la idea y apareció también la posibilidad de hacerle un homenaje a mi abuela. Mi abuela, Vicenta Rosa, era una cartomántica que estaba bastante clara. Yo no sabía si iba a poder a volver a filmar una película y me dije, si tengo la posibilidad de volver a filmar tiene que ser algo muy mío, muy personal.

”Al principio la historia era bien diferente, era de dos hermanas, era más ‘Persona’ y se llamaba ‘La pelota roja’. Cinco años después la película se llama ‘Vicenta B’ y se parece más a ‘Los comulgantes’”.

Más allá de lo que significa en término de recursos para hacer tu tercer largometraje, ¿qué ha significado ganar el premio EGEDA Platino Industrias?

“Es la posibilidad de acabar la película. Es mucho para mí esto. Pero es eso. Diez años atrás estaría muy embullado y con grandes planes sobre mi carrera. Hoy, viendo cómo está el mundo, como está el país, solo me puedo sentir agradecido. La película se va a terminar. Va a tener la posibilidad de tener un futuro. Es eso. Ahora, los grandes ‘embullos’ y las grandes ‘alegrías’ hace rato que no habitan en mí. Me he convertido en una persona muy pragmática”.

¿Qué esperas de esta película con respecto a tus dos largometrajes anteriores?

“Es mi película preferida. Me siento mejor con ella que con ‘Melaza’ o con ‘Santa y Andrés’. Esta película es más yo. La disfruté más a la hora de hacerla, más allá de los problemas que tuvimos. Espero que la película se abra camino y me gustaría que se viera más. Que tuviera una vida más sana”.

Te enmarcan con razón en el llamado cine de autor, pero me gustaría saber tu opinión sobre ese rango o clasificación.

“No sé si me enmarcan en el llamado ‘cine de autor’. Creo que, para muchos artistas, creadores, intelectuales, estoy más cerca de un cine popular que de un cine de autor. Yo si veo una línea que une las tres películas que he dirigido. Siento que hay un mundo que se rige por ciertas reglas y es el mismo en las tres obras. Santa, Vicenta y Mónica son las mujeres que mueven las historias. Las tres tienen familias poco convencionales o incompletas. Las tres son mujeres muy cubanas, negras, mestizas. En ese sentido son obras del mismo autor y creo que se puede sentir.

”Ahora, me veo más deseoso de llegar al público, que a un grupo de intelectuales o estudiosos. Me gusta probar cosas nuevas y creo que me gustaría que Vicenta se viera en alguna plataforma grande, onda Netflix. El mundo de los festivales de cine, de las salas de autor, cada vez me cuesta más”.

Si te menciono a Claudia Calviño, ¿qué tienes que decirme?

“Claudia ha estado desde el inicio y va a estar por siempre. Es mi productora, me entiende, sabe cómo hago las cosas y hacia dónde voy. La conozco desde la primaria y ya son más de treinta años en esto. No sé qué hubiera pasado en mi carrera sin Claudia.

”Cuando me gradúe de la EICTV, la visión que tenía Calviño del cine, del mundo, me golpeó y me abrió los ojos. Es muy bonito todo el trayecto que hemos caminado juntos. Después de diez años como pareja, de un divorcio, es un lujo poder seguir siendo cercano a ella, ser amigos, hacer equipo… poca gente tiene esa suerte”.

En tu libro En brazos de la mujer casada, ¿qué tanto hay de Lechuga y cuánto de ficción?

“Mira acabando el proceso de censura de ‘Santa y Andrés’ pensé que más nunca iba a filmar. Una amiga me dijo: ponte a escribir. Empecé a escribir unos textos para la revista literaria ‘La libélula Vaga’ y al mismo tiempo apareció El estornudo e Hypermedia para proponerme que colaborara con ellos.  Yo era nuevo en este tipo de escritura y pensé, en un primer momento, la verdad, que solo iba a escribir de cine. Pero luego, poco a poco, empecé a soltar todas las frustraciones, dolores, situaciones que tuve que pasar con las instituciones y con cierta gente de Cuba.

”Estaba soltero y compaginaba estos textos con mis experiencias en la calle. Pero siempre había un poco de ficción en todo. El título del libro se le ocurrió a Ladislao Aguado, mi editor.

”Hay muchas cosas que son ficción, la mayoría. La parte real está mezclada, cambiada, exagerada. Yo nunca pensé que iba a tener un libro. Los nuevos retos me encantan y esta experiencia me reinventa. Pero al mismo tiempo no me gusta el personaje principal del libro. No me gusta ese tipo tan oscuro, tan para abajo. Yo no soy eso, por suerte”.

Siendo cineasta, te atreves —como lo hicieron en otro tiempo algunos directores—de hacer crítica de cine en tu relato. A propósito que has entrevistado a críticos, ¿qué opinión te merece ese oficio que ha rebasado el siglo XX?

“Bueno no me aventuraría a tanto. Les tengo un gran respeto a los críticos y a los teóricos del cine. Gracias a ellos es que me nutro. Soy muy lector de revistas de cine. Las entrevistas que le hice a un grupo de críticos cubanos fue una especie de homenaje. Me encantan los críticos cubanos: los gustos, los cambios, las salidas raras. Toda persona que tenga esta pasión es bienvenida a mi vida; me caen bien, incluso los que no tienen nada que ver conmigo. Creo que los realizadores cubanos tienen poca calle y la piel muy sensible con respecto a las críticas que les hacen. Hay poca cultura de eso. Creo que es necesaria una crítica más dura. Eso ayuda”.

¿Cómo surgió la idea de promocionar el libro a través de esa suerte de contacto primero con el lector y de ese diálogo con la ciudad, donde se testimonia un aparente abandono o aislamiento de las palabras en un espacio arquitectónico?

“Como te decía, yo nací en una casa llena de libros, rodeado de periodistas y escritores, por lo que le tenía un gran respeto a eso de escribir. Nunca me pasó por la cabeza la idea de concebir un libro. Yo era un muchacho más de las imágenes. Prefería ver una película o una serie antes que leerme un libro. Poco a poco, cuando fui creciendo, empecé a leer más. Y ahora soy más de leer que de ver películas.

”Esa historia de ser un cineasta que intenta escribir me gusta mucho porque no me presiona. No siento ningún tipo de presión, no me considero un escritor, soy un cineasta que escribe. Entonces la promoción surgió así, sin pena, con desparpajo. Donde un escritor de verdad se siente con pena de compartir imágenes de su libro, para mí no es un problema. La portada la escogió Ladislao y como es un rostro a medias, la primera persona que compró el libro se tiró una foto con él para completar un rostro. Poco a poco todos los que compraban el libro me mandaban sus fotos y yo las compartía. Salió natural, sin preparación. Pero la frescura de no tener pena a la hora de compartirlo, ayudó. Cada dos meses algún amigo me dice: para de compartir. Y vienen más fotos y las sigo compartiendo. Es como una ola, ayuda a la venta, y pasa, y vuelve y así. Es un librito graciosito para el verano”.

¿Algún libro en camino a propósito quizás de tu enfrentamiento con la censura?

“Sí. El título provisional es ‘Ni Santa, ni Andrés’ y es un libro que he hecho junto a Adriana Normand. Estaba a punto de empezar a filmar mi tercera película y necesitaba contar mi experiencia con la censura, las reuniones, los encuentros con la policía, etc… No me considero un rencoroso, pero creo que me trataron mal. Fíjate si no soy rencoroso que se me estaba olvidando todo. Y para que no se me olvidara hablé con Adriana para acabar de hacer un texto, un librito corto. No es un libro de chismes, pero tampoco es un libro como ‘Persona non grata’.

”También le hemos sumado el guion. Puede ser un libro muy interesante para los curiosos. Por suerte ya me pude sacar eso de arriba para avanzar a nuevas cosas”.

¿Cómo definirías la censura cubana en relación con otras reprensiones foráneas?

“No conozco la censura en otros países. He dado entrevistas afuera y luego han puesto lo que han deseado. O han recalcado algo más que otra cosa. Pero lo que me pasó aquí no tiene que ver solo con censura. A mí me trataron bien mal. Amenazas policiales, intentos de comprarme. No sé. Lo que pasa en este país no pasa en ningún lado. Luego trataron de apagar la película en Uruguay, en NY. Había todo un movimiento contra ‘Santa y Andrés’ y luego contra Claudia y contra mí. Duró varios años. Creían que me iba a ir corriendo. Sin embargo, lo que no te mata te hace más fuerte”.

¿Qué significa ser hijo de una editora de libros del prestigio de Vivian Lechuga?

“Bueno mi madre es la mejor madre del mundo. Me ayuda con mis textos y gracias a ella he conocido a grandes escritores, a los que admiro y también a un grupo de intelectuales a los que no quiero ver ni en pintura.

”Es la primera que me lee y como soy nuevo en este tipo de escritura me ayuda un montón. Es una bendición crecer en una casa llena de libros. Vivian es mucho más que una editora y todo ese amor y entrega me ha hecho lo que soy”.

¿Cómo crees que la satisfacción propia del cineasta puede atentar contra el convencimiento de tu historia?

“Todo surge de la misma mente. El director tiene que ser lo suficientemente abierto para escuchar lo que le diga su equipo y al mismo tiempo tener bien claro cómo es ese planeta que se ha inventado. El planeta, el mundo, la galaxia que es una película carga con todo lo que es el cineasta. No se puede separar. Si el director tiene un gran ego eso va a salir (no creo que nadie piense que Kubrick era un director humilde). Si el director tiene miedo o el actor es demasiado fuerte, eso se va a sentir en la película. En mi caso, me critican el mundo visual de Melaza, pero ese mundo es el que quise crear, no le veía sentido a hacer una película realista, sucia, en mano, gastada. Creo que la satisfacción del cineasta debe estar en ser fiel a ese mundo/planeta/galaxia que creó. Esto lo mismo puede salir bien que mal. Puede haber malas películas que tengan un director super fiel a la historia. Uno como director invita a un mundo. El espectador entra o no. No hay otra cosa”.

El papel de la mujer en tus películas es sumamente llamativo por encima del protagonismo en las diferentes historias en que decides insertarlas. Se diría que pueden llegar a hacer más interesantes que los personajes masculinos. A ratos tus mujeres pueden ser emprendedoras pero impredecibles, calculadoras y vehementes, luchadoras y espirituales… No creo que por ello sea suficiente para que se te catalogue de feminista, pero algunos creen que sí. Cuéntame tú.

“Yo soy una persona que ama a las mujeres. Nací en una casa llena de mujeres sin un padre cerca. Santa, Mónica, Vicenta…. los personajes que me gustan escribir son femeninos, pero al mismo tiempo, el personaje que aparece en mis textos es un poco mujeriego. Es un tipo que no acaba de hacer bien las cosas con las mujeres. Me considero, como Truffaut, un hombre que ama el mundo femenino. Ahora, decir que soy un feminista, me parece que me puede traer problemas.

”Los personajes femeninos los veo más interesantes que los masculinos. No entiendo a esos directores que pueden hacer películas de hombres en las cárceles, o de peleas, persecuciones, ¡qué aburrimiento por Dios!

”En ‘Vicenta B’ tuve la suerte de trabajar con un equipo de mujeres que superaba a los hombres. Era un set muy femenino. La energía era hermosa”.

¿Cuál sería el estado del cine cubano contemporáneo sin la presencia del cine independiente? ¿Qué importancia le concedes a este último?

“El cine independiente nos ha regalado a autores como Miguel Coyula o Jorge Molina. Alejandro Alonso, Rafael Ramírez, Carlos Melián. Una cantidad de mundos, visiones, aproximaciones estéticas y éticas hermosas. Hay mucho cine cubano de la institución que me encanta y me parece súper válido. Pero desde hace un tiempo para acá me interesa la frescura y la sinceridad que emana del cine que está hecho al margen. El cine cubano independiente existe y es un tema que, a su vez, es viejo. Cuando veo a algún personaje tratando de demeritar al cine cubano independiente lo que me da es pena. Es una conversación vieja.

”Estamos en un momento en que es difícil encontrar un pan, imagínate la cantidad de discusiones que quedan fuera de lugar”.

¿Qué lees por estos días?

“Estoy leyendo ‘El bigote’ de Emmanuel Carrere, que es un autor que me interesa mucho por su juego con la novela de no ficción. Es un libro muy pequeño, pero que se disfruta mucho y por eso lo estoy leyendo con pausa, sin apuro.

”También estoy leyendo Cuadernos’ de Andrés Di Tella, porque me interesa ver cómo otros directores escriben. Es un libro muy bonito.  Y ‘Nocturno de Chile’ de Roberto Bolaño”.

Alguna película que recomiendes…

“‘Nocturno Hindú’”, de Alain Corneau; ‘First Cow’, de Kelly Reirchadht; ‘Benedetta’, de Paul Verhoeven; ‘Safo 63’, de Manuel Portillo”.

¿Con cuáles actores cubanos te gustaría o te hubiera gustado trabajar?

“Me hubiera gustado con Alina Rodríguez, de joven, Daysi Granados. Me encantaría trabajar con Grisell Monzón, Yaima Rodríguez, Ana de Armas”.

¿Y extranjeros?

“Con Isabelle Huppert, Marion Cotillard, Lea Seydoux, Isabella Rosellini, Hiam Abbass, Juliette Binoche”.

Además del cine y la literatura, de tu madre y tus mascotas, ¿qué te inspira y, por otra parte, qué le puede fastidiar un día a Carlos Lechuga?

“Me inspira mucho mi novia. Me inspira mucho el hijo de mi novia. Me inspiran los amigos que siguen adelante; una nueva idea. Probarme en terrenos que no conozco. Pintar un cuadro. Escribir una novela. Hacer cosas que no son lo mío. Pasear por la playa con mi novia.

”Nada me puede fastidiar el día. He llegado a un punto que me repongo de lo que sea. En dos segundos vuelvo a estar feliz”.

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