Carlo Acutis: luz en el camino de los otros 

Por: Fátima de los Ángeles Pompa Frómeta

palabranueva@ccpadrevarela.org

 

Desde que recibió la primera comunión, a los siete años de edad, nunca faltó a la santa misa, aunque sus padres no eran practicantes. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del sagrario para adorar al Señor, presente en el Santísimo Sacramento.

La Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el santo rosario. La modernidad y la actualidad de Carlo se fusionan perfectamente con su profunda vida eucarística y devoción mariana, que contribuyeron a que llegase a ser un chico muy especial, admirado por todos.

Hablamos de Carlo Acutis, un joven informático nacido en el Reino Unido el 3 de mayo de 1991, quien se convertirá en la persona contemporánea más joven en ser canonizada. Le siguen en el camino de la santidad dos niños pastores portugueses que vivieron a principios del siglo XX y fueron proclamados santos católicos en 2017.

Fue un adolescente de nuestro tiempo, comprometido con los estudios, con los amigos. Gracias a sus habilidades informáticas y junto a un amigo estudiante de ingeniería dirigía la página web de su parroquia, Santa María Segreta. También diseñó otros sitios, y mostró que la web podía ser una herramienta importante para la evangelización en la era digital. Era un influencer (en español, influyente), alguien con capacidad de comunicar e influir en las decisiones de otros, poder de convicción y un gran número de seguidores en las redes sociales.

Carlo Acutis falleció el 12 de octubre de 2006, a los quince años de edad a causa de una leucemia fulminante. Dejó en la memoria de todos los que lo conocieron, un gran vacío y una profunda admiración por el que fue su breve y a la vez intenso testimonio de vida, auténticamente cristiano.

El cuerpo de Carlo se encuentra en una de las basílicas de la ciudad italiana de Asís y ha realizado dos milagros. El primero, aprobado por el Vaticano en 2020 y que le dio la posibilidad de ser beatificado por la Iglesia católica, lo realizó con un niño brasileño.

Según el relato, un pequeño de siete años que sufría un extraño trastorno pancreático, incurable para los médicos, se curó luego de tener contacto con un trozo de camiseta que pertenecía a Acutis.

El segundo milagro, reconocido por el Papa, ocurrió con una mujer costarricense en julio de 2022. De acuerdo con informaciones de distintos medios, esa persona peregrinó hasta la tumba de Carlo Acutis para pedirle por la curación de su hija, que había sufrido un grave trauma cerebral después de caerse de una bicicleta. La joven, Valeria, recibió un diagnóstico médico desfavorable tras su caída, con pocas posibilidades de sobrevivir. No obstante, después de que su madre visitara la tumba de Carlo, comenzó a mostrar signos de mejoría y, en el transcurso de una semana, logró recuperarse completamente.

Citando las palabras de Carlo: «Nuestra meta debe ser el infinito, no lo finito. El infinito es nuestra patria. Desde siempre el cielo nos espera». Suya es la frase: «Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias».

Para dirigirse hacia esta meta y no «morir como fotocopias», Carlo decía que nuestra brújula tiene que ser la palabra de Dios, con la que tenemos que confrontarnos constantemente. Pero para una meta tan alta hacen falta medios muy especiales: los sacramentos y la oración. En especial, Carlo situaba en el centro de su vida el sacramento de la eucaristía, que llamaba «mi autopista hacia el Cielo».

Este joven fiel de la diócesis de Milán era un misterio, y antes de morir fue capaz de ofrecer su sufrimiento por el Papa y la Iglesia.

«Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida». Con estas pocas palabras Carlo Acutis, el chico que murió de leucemia, traza el rasgo especial de su breve existencia: vivir con Jesús, para Jesús, en Jesús. «Estoy contento de morir porque he vivido mi vida sin malgastar ni un solo minuto de ella en cosas que no le gustan a Dios».

«El testimonio evangélico de Carlo —opina el reverendo obispo Michelangelo M. Tribilli— no es solo un estímulo para los adolescentes de hoy, pues impulsa a los párrocos, sacerdotes y educadores a plantearse la validez de la formación que les dan a los chicos de nuestras comunidades parroquiales y qué hacer para que esta formación sea incisiva y eficaz».

Carlo Acutis también nos pide que contemos el Evangelio con nuestra vida para que cada uno de nosotros pueda ser luz que ilumine el camino de los demás.

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