¡Hay motivos para la esperanza!

Por: Fr. Francisco Gearóid Ó Conaire, OFM (gfoconaireofm@gmail.com)

Epígrafe: Una experiencia pastoral

 

En mayo, julio y septiembre de 2018, llegamos cuatro frailes franciscanos (OFM) misioneros a Cuba. Cumpliremos seis años de vivir y trabajar en el municipio Playa, en La Habana. Somos ahora seis frailes de profesión solemne: un cubano, un mexicano, un norteamericano, un irlandés y dos italianos, en dos fraternidades de la misma parroquia. Hay un fraile de profesión temporal, dos postulantes y dos jóvenes en proceso de pastoral vocacional. Esperamos un misionero en 2024 y otro en 2025.

Pasamos los primeros dos años conociendo la realidad, tanto de la parroquia, como del país y de la iglesia, así como la situación económica, política y cultural, visitando ocho de las once diócesis en el primer año, ayudados por la semana de inculturación organizada por la Conferencia de Religiosos/as (CONCUR). Nos quedamos agradecidos por la acogida de los obispos, sacerdotes, religiosos/as y laicos/as. Nos llamó la atención el aprecio y amor que muchos tenían para nuestros hermanos franciscanos, que habían trabajado en muchos lugares del país durante tiempos difíciles, incluidos Fran Dumois y Félix Padrón.

Vimos los escombros de conventos antiguos e iglesias construidos por los frailes, ya en manos de las diócesis, y hasta una catedral en Ciego de Ávila. Apreciamos los esfuerzos de las iglesias locales en sus respuestas a desafíos grandes, con el mínimo de recursos tanto materiales como personales. Escuchamos recuentos de cómo la fe fue transmitida por los abuelos y abuelas y gente dispuesta a sufrir las consecuencias en dar testimonio de Jesucristo.

Venimos de nuestras provincias religiosas, respondiendo a una llamada de la Orden en Roma por hermanos dispuestos a ser misioneros en Cuba. Nos ubicamos en la única parroquia que se quedó en manos de la Orden, Santa Cruz de Jerusalén, con el Santuario de San Antonio de Padua, donde solo había tres cubanos de profesión solemne y uno de profesión temporal. Antes de la revolución había 105 frailes en dieciocho presencias en todo el país. De hecho, los frailes aquí recibían financiamiento, en gran parte, del País Vasco.

Con la llegada de COVID-19 tratamos de mantener el mínimo de servicios religiosos al pueblo, incluidas las iglesias abiertas con una vida sacramental y la visita a enfermos, con todas las precauciones. Nos dio tiempo a incrementar nuestra oración personal y comunitaria como fraternidades franciscanas, y nos preparamos para la apertura al final de la pandemia. Se sembró la semilla de un proyecto de mantener abierta la iglesia, con voluntarios, de martes a viernes, durante cuatro horas diarias, con la exposición del Santísimo. Además, enfocamos las energías en reparar la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, ayudados por dos brigadas de excelentes trabajadores y un financiamiento de Adveniat, en Alemania. La iglesia fue reinaugurada por el arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García, el 13 de agosto 2022. Nos ha hecho imposible, hasta ahora, abrir otra presencia en el resto del país, aunque sigue siendo nuestro sueño. Mientras, queremos promover misiones populares.

¡Ya he escrito de cómo el proceso sinodal nos ayudó a salir de las zonas de las calmas ecuatoriales! Empezamos a reunirnos en torno al proceso diocesano y nacional en la preparación para el encuentro que tuvo lugar en Roma en octubre del año pasado. Con la constitución de un pequeño y nuevo consejo pastoral, empezamos a poner en práctica muchas ideas que salieron durante el proceso sinodal. Una de las primeras iniciativas fue un encuentro el domingo de resurrección con personas que asisten a las cuatro iglesias de la parroquia —San Antonio de Padua, Jesús Miramar y la Capilla de la Asunción y Santa Cruz de Jerusalén— para fortalecer la comunión entre nosotros y celebrar públicamente en el parque ecológico nuestra fe, con oración, cantos, dinámicas y comida.

Como acuerdo en el consejo pastoral, se ha dado, desde principios de 2023, un impulso para formar a nuestra gente en su conocimiento de la liturgia, la Biblia, los sacramentos y otros aspectos teológicos. Hemos hecho varios cursos sobre el Evangelio de San Mateo, la Doctrina Social de la Iglesia, los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan. El promedio de número de participantes fue entre diez y veinte personas. Como reconocimiento a las mujeres, quienes hacen la mayor parte del trabajo pastoral, pudimos organizar un retiro de cuatro días con diecinueve de ellas en Peñalver. Se espera promover otros en 2024, con la participación de hombres también.

A principios de año emprendimos un curso de nueve semanas sobre Cristología y otro en torno a la Biblia. Está proyectado continuar con una formación de quince semanas sobre el Evangelio de San Marcos.

El año pasado, los hermanos Focolares, con un pequeño apoyo nuestro, impulsaron ocho talleres —danza, manualidades, títeres, dibujo, teatro y canto— para niños de ocho a diez años, y pintura y fotografía por celular, con los adolescentes. El hecho de tener a niños, jóvenes y sus papás alrededor de la parroquia ha sido providencial, pues algunos padres han pedido la formación cristiana para sus hijos. Los talleres se enfocan en la formación humana de los muchachos, con un contenido ético y de valores.

Antes de la COVID organizamos un equipo de fútbol para jóvenes que se apagó con la pandemia. A mediados de este año, con la energía adicional de un fraile cubano, apoyado posteriormente por otros frailes recién llegados, se promovió la formación de dos grupos para varones de diferentes edades, uno para niños y otro para adolescentes. Además de enseñar técnicas futbolísticas, se atienden los valores, la disciplina y la reflexión sobre acontecimientos que surgen, a veces sorprendentes, positivos y no tan positivos. El fútbol es un ambiente propicio para transmitir valores, que se han ido perdiendo con la desintegración familiar. Se trata de estimular a los jóvenes, proveer lo necesario para jugar, incluyendo campos, balones y zapatos y sin que falten momentos lúdicos y celebrativos con comida.

Desde hace muchos años, la parroquia tiene una oficina de Caritas para la distribución de ropa de segunda mano. Mucha gente trae ropa y hemos podido distribuirla, no solo a gente de la parroquia, sino además ante emergencias por el clima. También a otras parroquias y diócesis, de acuerdo con la necesidad. Se está fortaleciendo el apoyo con medicinas, recetas médicas de por medio, gracias a donaciones del extranjero y por la generosidad del mismo pueblo cubano. Caritas diocesanas nos apoya en la ayuda a seis personas de escasos recursos. Intentamos, cuando sea posible, hacer visitas a las familias necesitadas, para comprobar su realidad. Esto, aparte de las visitas de nuestros ministerios de la comunión y de los enfermos. Nuestra esperanza es tener un equipo social, formado y adiestrado, para aumentar las áreas de ayuda, dentro de las posibilidades y peculiaridades del país.

Otro proyecto que se está gestando es el de espacios para reunirse gente mayor, que generalmente vive sola, aunque estarán abiertos para todo el que desee participar. Queremos ofrecerles juegos, charlas sobre temas de interés, conversaciones y ejercicios. Se espera ofrecer una merienda. Ya tenemos un grupo de Tai Chi con la participación de veinte mayores, y a veces un niño, incluyendo dos frailes. ¡Uno de ellos ha sentido un alivio inmediato de los dolores del nervio ciático!

Deseamos organizar un apoyo de expertos en el campo psicológico y familiar para los padres de niños y jóvenes involucrados en los diferentes proyectos de la parroquia, y un grupo juvenil con la colaboración de una religiosa. Sentimos la falta de niños y jóvenes en nuestra parroquia. Muchos de los proyectos mencionados tienen un doble objetivo evangelizador: atraer a los jóvenes y formarlos en el campo humano y espiritual.

La fraternidad de San Antonio de Padua organizó una comida semanal los sábados para la gente de la calle que visita nuestras iglesias. Los hermanos Capuchinos de Jesús de Miramar brindan almuerzo los martes y los jueves.

La providencia de Dios nos está abriendo los caminos. Veamos resultados concretos del impulso del Espíritu Santo, en su afán de sanar y hacer crecer a la gente. La oración durante el COVID y Lectio Divina después, han dado la fuerza más importante para las pequeñas iniciativas, que hemos podido promover, especialmente en el último año y medio.

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