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Aprovechar el inicio del año como estímulo para ser una mejor persona, puede ser posible con la respuesta a una pregunta que el nuncio apostólico, monseñor Antoine Camilleri, invita a hacer a cada uno de los cubanos: «ante esta contemplación del rostro de Dios, ¿qué tendría que cambiar en mí para reflejar el rostro del amor encarnado?».
La invitación del representante de la Santa Sede en Cuba durante la misa de la paz, en la catedral de La Habana, es sencilla: en lugar de mirar atrás para ver nuestras acciones, es preferible reflexionar sobre lo que podemos hacer a partir de ahora, sin olvidar que el ser humano está en las manos de Dios, cuyo plan para cada uno de nosotros hay que seguir, en lugar de querer que Él «apruebe nuestro plan».
El primer día del año está consagrado a la paz, el perdón y la reconciliación, esta vez a la entrada de un año jubilar dedicado a la esperanza, con el objetivo de que, como comunicó el papa Francisco en febrero del 2022, al anunciar el nuevo jubileo, «…hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar el futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras».
No por gusto el lema del nuevo Año Jubilar es «Peregrinos de Esperanza», algo que cobra más importancia en medio de guerras, divisiones y conflictos que marcan estos días en varias regiones del mundo. Llevar paz a los demás, orar porque llegue a cada sitio, es un sueño que podemos alcanzar en compañía de María.
En el misterio de la encarnación, una de las imágenes más familiares y tiernas es la de María con Jesús en sus brazos, un simbolismo más fuerte el primer día del año, cuando la Iglesia celebra la solemnidad de María, madre de Dios y reina de la paz.
Que este día la Iglesia se reúna en oración para invocar la paz, como en la liturgia de la catedral, que también presidió el cardenal y arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García, es como extender al mundo entero la bendición del Libro de los Números: «Que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz».
Es preciso recoger el canto de los ángeles en la noche de Navidad: «en la Tierra paz a los hombres en quienes él se complace». Oración y canto para el nuevo año.
La iniciativa de celebrar como «El día de la paz» el primer día del año surgió en 1968 a propuesta del papa Pablo VI. «Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarles a celebrar el día de la paz, en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, que sea la paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura».

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