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fotos de Marla Almaguer y Daryel Hernández
Durante la misa de acción de gracias por el pontificado del papa León XIV, en la Catedral de La Habana, fue un momento especial escuchar a monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las relaciones entre los Estados de la Santa Sede, decir que los cubanos «tienen un rinconcito en el corazón del Santo Padre».
«Él mismo me ha pedido que les traiga a los obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas, y a todos los hijos del pueblo cubano, un saludo afectuoso, asegurándoles que tienen, todos, un rinconcito en el corazón del Santo Padre», dijo.
Es, sin dudas, un espacio similar al que tuvieron en los afectos de los anteriores papas, Juan Pablo II, el primero en venir a Cuba, en 1998, Benedicto XVI, que visitó la Isla en 2012, y Francisco, quien lo hizo tres años después.
El papa León XIV, estadounidense naturalizado peruano, ha mostrado temprano —cuatro días antes de cumplirse un mes de su elección, el pasado 8 de mayo—, ese sentimiento hacia los cubanos, que sólo horas después de la fumata blanca y del ¡Habemus Papam!, supieron que el entonces sacerdote Robert Francis Prevost había visitado Cuba en dos ocasiones.
El cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana, le presentó a monseñor Gallagher, la Iglesia de Cuba, sus diócesis, y le pidió que en esta celebración litúrgica trajera la esperanza al pueblo cubano.
La Santa Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana estaba colmada este miércoles de un público atento, concentrado, y, como siempre, fiel al llamado del Señor, esta vez para acompañar a los obispos, sacerdotes, laicos, diáconos, religiosas y religiosos, en una misa especial, plena de señales, palabras, gestos, hacia los cubanos.
Monseñor Gallaguer, quien presidió la misa, aseguró que para él es «una gran alegría poder dirigirme hoy a todos ustedes en esta emblemática catedral dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, a quien, como un hijo más de este pueblo, le debo hoy mi oración, en el contexto de los noventa años de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Cuba, que han posibilitado especialmente el hacer sentir, a lo largo de estos años, la presencia y la cercanía del Santo Padre a todos y cada uno de los hijos del pueblo cubano».
Al aclarar que la Santa Sede ha acompañado los pasos de la Iglesia que peregrina en Cuba, por medio de sus nuncios, recordó en especial la visita del papa Francisco, hace diez años, y sus palabras, que la tarde de este miércoles se sintieron como un alivio en el ambiente sagrado de la Catedral de La Habana: «Vengo como hijo y como peregrino para pedirle a nuestra Madre, la Caridad del Cobre, por todos sus hijos cubanos y por esta querida nación, para que transite por los caminos de justicia, paz, libertad y reconciliación».
Al recordar a Francisco, monseñor Gallagher pidió corresponder con nuestra oración al «eterno descanso de aquel que vino a esta Isla a pedir la intercesión de los beatos José Olallo Valdés, José López Piteira y el venerable Félix Varela, gran propagador del amor entre los cubanos y entre todos los hombres, para que aumenten nuestros lazos de paz, solidaridad y respeto mutuo».
Los mensajes de unidad de la Iglesia, que han sobresalido en alocuciones y discursos del papa Leon XIV, desde su elección, llegaron a La Habana en la voz del canciller del Vaticano, quizás como una muestra coherente de la naturaleza del pontificado que parece encauzar el obispo de Roma, quien también ha hecho hincapié en la justicia social.
Las simpatías que ha despertado en Cuba el nuevo papa tras conocerse sus visitas a la Isla cuando era sacerdote, sintonizan con su rápida atención hacia un pequeño país que la leyenda popular alimentó como la Perla del Caribe y que fue la puerta de América durante cientos de años.
A la misa en la Catedral de La Habana asistieron el vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, y el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez.














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