To survive an island

Entrevista a Xavier Carbonell

A Xavier Carbonell lo sorprendió mucho la noticia de que había recibido el Premio de Novela Ciudad de Salamanca 2021. Tuvo que decírselo el mismo alcalde para creerlo. El joven escritor cubano, licenciado en Filología Hispánica y presidente de la Asociación católica para la comunicación (SIGNIS Cuba), confiesa que todo ha sido muy sorprendente, pues ha ganado un premio extraordinario, casi inalcanzable a su edad, con mucho prestigio y publicación casi inmediata.

Pero lo cierto es que para quienes conocemos a Xavier, lo leemos y sabemos de su disciplina de hormiga para el trabajo, el premio reconoce al escritor entregado, al investigador minucioso, al lector incansable y al periodista perspicaz. Cuba, la literatura y la fe rigen su agenda de más de veinticuatro horas.

Nada como aprovechar la oportunidad de tener al agasajado en casa para hacerle, desde Palabra Nueva, algunas preguntas.

¿Cómo supiste del premio?

“Como si fuera un personaje de Paul Auster, recibí tres llamadas perdidas de un número no registrado. Me pasé el día preguntándome quién podría ser, impaciente, y en la noche envié un mensaje al número. Era la oficina del alcalde de Salamanca, con el cual hablé la mañana siguiente. Luego comenzaron a llamarme los amigos, pues la noticia salió en algunos periódicos españoles. Todo ha sido muy sorprendente, pero estoy muy feliz, ¿cómo voy a negar eso?”.

Este premio surgió en 1996, un año después de que nacieras. Y hoy, en su vigesimoquinta edición, resultas el ganador. Probablemente seas el autor más joven, o uno de los más jóvenes en recibirlo… ¿Reconocimiento doble, triple?

“Ayuda mucho que, cuando lleguen premios como estos, uno sea joven y no tenga la vida resuelta. Un premio da tiempo y cobertura económica para seguir trabajando, y eso se agradece en todas partes, pero todavía más en Cuba, donde hay tantas carencias. Me siento, además, muy agradecido por el jurado, que decidió dar su voto a una novela que habla de libros, amigos, islas, tabacos, litografías y antigüedades. Todo eso conforma el universo del relato, que es también mi universo”.

¿De qué va el argumento de tu novela?

“Dieciséis grabados coloniales, de trazo enigmático, van a dar a manos de un profesor de literatura, que se obsesiona con ellos, les busca una explicación, una historia. A medida que esas litografías ocupan su vida, todo lo demás va siendo desplazado por una serie de ficciones, y este sujeto ve cómo todo puede ser suplantado por las palabras, por el vacío y los espejos.

”Por suerte, también es un hombre que lleva consigo un arsenal de amigos, habanos, conjuros de la vida cotidiana, y todo eso le sirve de talismán contra el mal que lo va cercando. La novela tiene la forma externa de un policial, pero también contiene un empeño casi metafísico por desentrañar lo que la isla tiene de profundo, lo que nos puede ser útil para salvarnos también a nosotros mismos”.

Este premio viene a sumarse a otros que reconocen tu obra no solo literaria, también periodística. Hablo del Premio de la Ciudad de Santa Clara, en 2020, a tu novela El libro de mis muertos, y el Paco Rabal de Periodismo Cultural, por una colección de artículos sobre cine. ¿Qué encuentra Xavier en este tipo de certamen? ¿Escribes pensando en los concursos?

“Es casi tradicional que un escritor tenga que ganarse la vida con otros oficios de la palabra. En mi caso, creo que me he ocupado de todos. Hasta hace muy poco trabajé como bibliotecario —o casi bibliotecario, porque lo que hacía era investigar, merodear, hablar de libros y a veces escribirlos— en mi querida Biblioteca Diocesana de Santa Clara. A ese lugar me ligan tantos afectos y deudas que sería imposible hablar de ellos aquí sin resultar extenso. También trabajo como editor y he escrito, sobre todo los últimos años, mucho periodismo. Pero es un periodismo engañoso, apóstata he llegado a llamarle, porque en realidad es literatura enviada periódicamente a revistas y sitios.

”Sobre los concursos: negar que uno escribe para enviar a competencias es una pedantería romántica que nadie cree. Los certámenes literarios ayudan mucho a impulsar la carrera de un autor y a publicar sus textos, lo cual por otros canales resulta arduo y agotador. ¿Cómo lograr, siendo joven, que una editorial se interese en el trabajo de uno? Me dirán que en Cuba existen, al menos teóricamente, las vías, las editoriales, las instituciones necesarias para ‘empinar’ a un joven escritor.

”Pero yo soy un desconfiado: ¿y si al final entro a ese sistema por razones extraliterarias? ¿Y si alguien me apadrinó? Bueno, en realidad soy huérfano de padrinos y no tengo parientes literatos, lo cual me tranquiliza al respecto de los concursos, los sistemas de premiación y demás. Me siento más tranquilo en la biblioteca, en la sala de la casa, en el sillón de fumar habanos. En ese silencio aparecen las palabras”.

¿Cuáles suelen ser los temas más recurrentes en tu obra? ¿Cuba asoma siempre? Si así fuera, ¿cómo es esa Cuba que muestras?

“Los personajes de las novelas que escribo siempre están anclados a la isla, y en ella luchan contra la muerte, el miedo y el tiempo. Esa tensión se resuelve en las palabras, todos quieren dejar un libro, una huella, un testimonio. Es una búsqueda muy humana, por un sentido.

”El cubano se pierde a menudo, se desprecia a sí mismo o no se entiende. Novelas como El fin del juego intentan mostrar la profundidad de significados a la cual puede acceder el cubano, cuán honda es el alma de la isla. Cuán poco conocemos nuestro pasado —ya bastante desfigurado— y qué urgente es, sobre todo hoy, regresar a las comidas esenciales, al humo purificador del tabaco, a las palabras que nos fundaron, al humor ante la desgracia, a lo irradiante de nuestra pobreza. Esos amuletos no son la solución a nuestros problemas, pero dan alivio y fuerzas para sobrevivir a una isla que, en ocasiones, puede ser muy hostil contra los náufragos que la habitamos”.

Si te pidiera que me dijeras el secreto para contar tanto, y tan bien, a mi juicio, ¿qué dirías?

“Ese elogio es demasiado generoso, pero si tuviera que hablar de un método, te diría que el trabajo continuo, el aprendizaje de los grandes maestros y sus libros, la escritura a solas, observar y amar la vida con los sentidos bien afilados. Mitad oficio y mitad suerte. Una guerra del tiempo, eso es la escritura”. Ω

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