Alocución 7 de enero del año 2024

(Canción)

Hoy, 7 de enero, domingo en que la Iglesia celebra la fiesta de Epifanía, más conocida por la Fiesta de los Reyes Magos, escuchamos en todas las iglesias católicas el evangelio según San Mateo, capítulo 2, versículos 1 al 12.

(Evangelio)

Unos magos vieron una estrella, una luz que llegó a lo más hondo de sus corazones, una luz que desempolvó viejos y hermosos sueños, una luz que los invitó a ponerse en camino para encontrar la felicidad que sus pueblos y ellos añoraban y deseaban disfrutarla. Y se pusieron en camino, porque para encontrar lo que deseamos hay que ponerse en camino y esa estrella los llevó a un niño recién nacido a quien querían adorar como Rey, como Dios y como niño.

Los maestros de la ley confirmaron que el niño nacido en Belén, príncipe de la paz, era el esperado por el pueblo de Dios y por todos los pueblos de la tierra.

Se postraron y le ofrecieron oro al Rey del amor, incienso al enviado de Dios, mirra, sustancia aromática para untar al niño de naturaleza humana.

Nosotros también hemos de descubrir la estrella de nuestras vidas que nos guíe a la paz, nosotros también queremos ver la luz que ilumine nuestras vidas, nuestros sufrimientos, nuestros proyectos. Y queremos ponernos en camino. Esa luz, esa estrella nos lleva a Cristo, príncipe de la paz, Rey del amor, Hijo de Dios que comparte nuestra vida con sus penas y dolores.

Queremos ofrecerle el oro de nuestro amor; el incienso de nuestra adoración y oración; la mirra para refrescar las angustias y dolores de las personas que Él mismo niño Dios carga, consuela y anima.

La fiesta de hoy se llama Epifanía, palabra griega, que quiere decir: Manifestación de Dios a todos los pueblos de la tierra. Dios quiere ser conocido por todas las personas que aún no saben que Él las ama y cada uno de nosotros somos los encargados de anunciarles que la luz que nos mueve a la felicidad; que la estrella principal de nuestras vidas; es el niño nacido en Belén, es el consolador de nuestras penas, es la esperanza de una familia y un pueblo mejor.

En estos días de Navidad y muy especialmente el día de los Reyes Magos regalamos a nuestros hijos y nietos muchas cosas bonitas, signo de nuestro amor hacia ellos. Queremos también regalar el oro de nuestro amor, el incienso de la fe que nos hace más hermanos, la mirra del perfume que hace agradable nuestra vida cuando caminamos juntos.

Entreguemos generosidad, que Dios la devuelve multiplicadamente.

Una antigua leyenda india nos cuenta: «Había una vez un hombre que iba cada día al panadero para comprar, infaliblemente cinco panes.

Un día el panadero, lleno de curiosidad, le preguntó:

¿Por qué compras cada día cinco panes?”.

El hombre, sin pensarlo ni siquiera un segundo, expresó:

“Compro cinco panes porque uno es para mí: dos son para darlos prestados; ¡los otros dos son para pagar mis deudas!”.

¡No lo entiendo!”, objetó el panadero: “¿Podrías explicarte mejor?”.

“Es muy sencillo: un pan lo como yo; dos son para mis hijos que, un día, deberán restituírmelos; dos son para mis viejos padres, en restitución de lo que me han dado en el pasado”».

Cuenta la leyenda que hubo un cuarto Rey mago que llegó tarde a la cita con los otros tres por ayudar a un anciano.

Se desplazó por sus propios medios a Belén, pero la Sagrada Familia había partido ya hacia Egipto, en donde intentó buscarlos infructuosamente, pues siempre se enredaba ayudando a algún necesitado.

Habiendo vuelto de nuevo a su lugar de origen, los tres reyes magos le contaron todo sobre el niño Jesús, y en su corazón se prometió encontrarlo.

Cuando después de 30 años oyó lo que se comentaba del profeta de Galilea, quiso verlo. Desafortunadamente, nunca llegaba en el momento oportuno, pues siempre tenía que atender las miserias que iba encontrando en el camino.

Por fin, ya anciano alcanzó a ver a Jesús subiendo al Gólgota y le dijo: «Toda mi vida te he buscado sin poder encontrarte. Jesús contestó desde la cruz: «No necesitabas buscarme, porque tú siempre has estado a mi lado».

(Canción)

Mañana, 8 de enero, la Iglesia celebra el Bautismo del Señor Jesús. Escuchamos el texto bíblico que ha de leerse en todas las iglesias católicas del mundo.

(Evangelio según San Marcos, capítulo 1, versículos 7 al 11).

El Señor Jesús viene para ser bautizado y quiere que su cuerpo santo sea lavado en las aguas del Jordán. Alguien dirá quizás: dirá quizás: «Si era santo, ¿por qué quiso ser bautizado?». Escucha, pues, lo siguiente: Cristo es bautizado no para ser él santificado por las aguas, sino para que las aguas sean santificadas por él, y para purificarlas con el contacto de su cuerpo. Más que de una consagración de Cristo, se trata de una consagración de la materia del bautismo (San Máximo de Turín, Sermón sobre la Epifanía).

Por el sacramento del bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo: no ahuyentes a tan escogido huésped con acciones pecaminosas, no te entregues otra vez como esclavo al demonio, pues has costado la Sangre de Cristo, quien te redimió según su misericordia y te juzgará confor­me a la verdad (San León Magno, Sermón 1 en la Nativi­dad del Señor).

(Canción)

Así como celebramos todos los años nuestro nacimiento o la vida natural, también celebremos el día de nuestro bautismo, nacimiento a la vida espiritual de hijos de Dios, miembros de la Iglesia, hermanos de todos.

El teólogo Karl Rahner nos habla del bautismo:

Dios infinito, la primera y la última experiencia de mi vida eres Tú. Sí, justamente Tú, no tú idea ni el nombre que nosotros te hemos dado. Tú, en efecto, has venido sobre mí en el agua y en el Espíritu del bautismo. Entonces, no he pensado, ni enlucubrado nada sobre ti. Entonces mi inteligencia, con su perspicacia sagaz, ha guardado silencio. Entonces Tú mismo te has hecho sin consultarme, el destino de mi corazón. Has sido Tú a tomarme, no yo a comprenderte. Tú has transformado mi ser, desde sus dos últimas raíces. Tú me has hecho partícipe de tu ser y de tu vida, te me has dado, te me has entregado Tú mismo y no una simple información poco clara y remota respecto a ti en palabras humanas. Es por esto que no logro olvidarte, porque te has hecho Tú el centro mismo de mí ser. Tu palabra y tu sabiduría están en mí, no porque te conozco en conceptos míos, sino porque Tú me reconoces como hijo y amigo.

¡Crece dentro de mí, resplandece cada vez más en mí, ilumíname, luz eterna! Sólo Tú debes iluminarme, sólo Tú hablarme. Todo lo demás que conozco o he aprendido debe solamente llevarte a Ti. Amén.

Veneremos a nuestro Salvador, adorado hoy por los magos, y aclamémosle con alegría cantando:

Luz de luz, ilumina nuestro día.

Oh Cristo, manifestado en la carne: santifícanos por la palabra de Dios y la oración.

Luz de luz, ilumina nuestro día

Oh Cristo, justificado en el espíritu: líbranos de todo error.

Luz de luz, ilumina nuestro día

Oh Cristo, contemplado por los ángeles: danos a gustar ya en la tierra de los bienes de tu reino de amor.

Luz de luz, ilumina nuestro día

Oh Cristo, predicado a todos los pueblos: ilumina el corazón de todos los hombres con la luz de tu Espíritu.

Luz de luz, ilumina nuestro día

Oh Cristo, presente en el corazón de todos: renueva la fe de cuantos creen en ti.

Luz de luz, ilumina nuestro día

Oh Cristo, llevado a la gloria: enciende en nosotros el deseo de estar en la casa del cielo.

Luz de luz, ilumina nuestro día.

Padre Nuestro…

Dios te salve María…

Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos Amén.

-El Dios que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, derrame abundantemente sus bendiciones sobre ustedes y afiance sus corazones en la Fe, la Esperanza y la Caridad. Amén.

Y Él, a todos ustedes, fieles seguidores de Cristo, manifestado hoy al mundo como luz en la tiniebla, los haga testigos de la verdad ante los hermanos. Amén.

Y así, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, lleguemos a encontrarnos con Cristo, luz de luz, a quien los magos guiados por la estrella contemplaron con inmensa alegría. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre quienes han hecho posible esta emisión. Amén.

(Canción)

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