Discurso del cardenal Stella en la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos

Por: Cardenal Beniamino Stella

El cardenal Stella en la clausura de la Semana de Oración por la unidad de los cristianos

Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias a Dios por este momento de fraternidad y alabanza. Es hermoso que, en las celebraciones que la Iglesia en Cuba ha preparado para conmemorar la visita del Papa san Juan Pablo II a su país, podamos tener esta oración ecuménica. Para el Papa polaco, encontrar a sus hermanos y hermanas cristianos en cada uno de sus innumerables viajes por el mundo, fue una prioridad. Haciendo mías sus propias palabras en la Nunciatura de La Habana, hace hoy justamente veinticinco años, repito: “les aseguro la alegría que me produce este encuentro con quienes compartimos la fe en el Dios vivo y verdadero. El ambiente propicio nos hace decir desde el principio: ‘Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos’ (Sal 132,1)”.

Durante mis años como nuncio apostólico entre ustedes, pude darme cuenta de que había aquí cristianos comprometidos con la causa de la unidad entre todos los discípulos del Señor. Sé que, en el curso de los años, han cultivado y hecho crecer una verdadera e intensa comunión entre muchos de los aquí presentes que, independientemente de su pertenencia a diversas Iglesias y comunidades cristianas, ofrecen el testimonio de que se saben hermanos y hermanas, y si me permiten añadir algo, tengo la sensación de que lo matizan con ese signo tan cubano y caribeño, que es el cariño y la cercanía recíprocos. Agradezco al Señor ese don para con los cristianos cubanos y pido crezca y se afiance, también en los líderes y fieles laicos más jóvenes en la práctica de la fe.

Este año los temas y oraciones para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos han sido preparados por grupos ecuménicos de Estados Unidos, concretamente de la zona de Minnesota, donde tuvo un gran influjo la figura del Reverendo Dr. Martin Luther King. Son conocidos sus loables esfuerzos en favor del reconocimiento de la dignidad y el valor de todo ser humano; y contrario a cualquier forma de discriminación por el color de la piel. A este propósito, se nos invita a confrontarnos con un texto del profeta Isaías, que se ha proclamado en el marco de esta celebración (cf. Is 1,12-17).

Isaías vive en un momento de cierta estabilidad política y económica para el pueblo de Israel. Los ricos y potentados de turno disfrutan cada vez de mayores beneficios y los más pobres viven en la exclusión y el descarte. En el templo se ofrecen sacrificios y se hacen ritos suntuosos. Los gestores del culto obtienen beneficios de todo aquello. Los más desfavorecidos no tienen los recursos para participar de aquellas liturgias. Por tanto, quedan no solamente fuera de la vida económica, política y social, sino también al margen de la relación con Dios. Es en este contexto, donde surge con fuerza la voz del profeta para llamar la atención sobre un culto vacío, formal, hecho de ritos externos, pero desprovisto de la caridad y de la justicia, que es lo que agrada a un Dios que es Amor.

“Haz el bien, practica la justicia”: así resuena hoy el llamamiento apremiante del profeta. Qué importante y qué actual, esta enseñanza de Isaías para nosotros y para los cristianos en el mundo entero. Los acontecimientos pasados y recientes de la historia han puesto en evidencia tantas situaciones de injusticia y desigualdad. La pandemia que hemos vivido y que todavía sigue afectando a personas en diversos lugares, ha mostrado la fragilidad y el desamparo de los más vulnerables.

Las situaciones de pobreza, las guerras y las faltas de posibilidades para el desarrollo humano y digno en tantas regiones del planeta han aumentado considerablemente los flujos migratorios, acrecentando así el número de los marginados, ya sea porque muchos emigrados tienen que asumir la pobreza de vivir en la ilegalidad y verse privados de sus afectos y cultura, como . Y también porque se empobrecen los pueblos que pierden a los más jóvenes o los más capacitados, quienes dejan en mayor grado de soledad a los abuelos y adultos mayores. Son también pobres los perseguidos por causa de la justicia, por pensar diferente, y los discriminados por causa de su fe, ideas o color de la piel. ¡Tanto de esto hay en nuestra tierra… incluso demasiado!

Los cristianos no podemos olvidar que el culto que agrada a Dios pasa, necesariamente, por el servicio y la defensa de la dignidad del ser humano, no podemos cerrar los oídos a lo que nos pidió el profeta Isaías y lo que san Juan Pablo II en la Plaza de la Revolución José Martí expresó, y cito:

“La Iglesia, al llevar a cabo su misión, propone al mundo una justicia nueva, la justicia del Reino de Dios (cf. Mt 6,33). En diversas ocasiones me he referido a los temas sociales. Es preciso continuar hablando de ello mientras en el mundo haya una injusticia, por pequeña que sea, pues de lo contrario la Iglesia no sería fiel a la misión confiada por Jesucristo. Está en juego el hombre, la persona concreta. Aunque los tiempos y las circunstancias cambien, siempre hay quienes necesitan la voz de la Iglesia para que sean reconocidos sus angustias, sus dolores y sus miserias. Los que se encuentren en estas circunstancias pueden estar seguros de que no quedarán defraudados, pues la Iglesia está con ellos y el Papa abraza con el corazón y con su palabra de aliento a todo aquel que sufre la injusticia”.

Sé que los cristianos cubanos, en sus diversas denominaciones, tienen estructuras y personas especialmente dedicadas a la promoción de la justicia, de la dignidad de todos y de la caridad fraterna. Soy consciente de que mis hermanos, los obispos católicos de Cuba, siempre han expresado, en diversas modalidades, su palabra y su contribución a todo lo que pueda mejorar el clima de fraternidad, justicia y paz en esta bella isla. Doy gracias a Dios por los avances obtenidos en la Pastoral carcelaria, en el trabajo con los campesinos, las personas con capacidades diferentes y la mujer. También he sabido que, después del paso del huracán Ian por Pinar del Río y zonas costeras de Artemisa y Mayabeque, han encontrado en la cercanía y el amor de los cristianos modos eficaces de hacer el bien y practicar la justicia. El Papa Francisco nos pide y nos muestra con su vida qué significa globalizar la solidaridad y no la indiferencia, vivir la cercanía, la ternura y la compasión, abrir el corazón a las periferias, dar testimonio de la espiritualidad del Buen Samaritano. Y san Juan Pablo II nos habló de las distintas dimensiones del ecumenismo y nos indicó que una de ellas es el Ecumenismo de la Caridad (cf. Ut Unum Sint).

Al reiterar mi agradecimiento al Señor por esta oración entre hermanos al único Dios y Padre, al único Señor y Redentor Jesucristo, y al único Espíritu de Amor y Santidad, imploro sobre todos los cristianos de esta amada nación las bendiciones y gracias que necesitan y anhelan, para que la práctica del bien y la justicia sean, también en esta tierra, culto que agrada y glorifica al Señor. Amén.

ARQUIDIÓCESIS DE LA HABANA
CELEBRACIÓN DE CLAUSURA DE LA SEMANA DE ORACIÓN

POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

25 de enero de 2023

“Haz el bien; busca la justicia”

Isaías 1,17

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