Alocución, 31 de octubre de 2021, XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Por: Arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García

Hoy 31 de octubre, XXXI Domingo del Tiempo Ordinario, escuchamos con oídos atentos lo que el mismo señor Jesús nos dice en el evangelio de San Marcos, capítulo 12, versículos 28 al 34.

(EVANGELIO)

Ya desde el Antiguo Testamento, el libro del Deuteronomio, quinto libro de la Biblia en orden sucesivo, en el capítulo 6, versículos 3 y siguientes nos dice: “Escucha Israel, cuida de practicar lo que te hará feliz y por lo que te multiplicarás. Escucha Israel, Yahvé es nuestro Dios, es el único Dios, amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy, se las repartirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado, las atarás a tu mano como una señal y serán como insignia entre tus ojos, las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas”.

La palabra de Dios nos invita a escuchar. Caminamos por el malecón y sentimos la suave brisa y escuchamos el sonido armonioso de las olas del mar, contemplamos el ocaso del sol y admiramos la formación y coloración de las nubes. Dios nos habla aquí; en silencio escuchamos estos mensajes que Él nos envía a través de la naturaleza. Caminamos por los paseos con arboleda y por el campo; observamos las plantas, los piñones floridos, la floración de los árboles frutales, las distintas flores, y con san Ignacio escuchamos y exclamamos. ¡Cállense, cállense, que ya sé que me hablan de Dios!

El esposo y la esposa se miran y se admiran de la belleza corporal y espiritual de cada uno; los padres cargan a sus hijos y gozan de la maravilla que son. Los hijos notan el cariño, el sacrificio y la entrega de sus padres por ellos. La familia reunida se alegra por el amor dado y recibido entre todos. Los amigos agradecidos por los favores, se sienten hermanos. Todas estas personas nos hablan del amor de Dios; Dios nos habla a través de ellas, lo escuchamos, lo alabamos por la grandeza del amor compartido. Damos gracias.

También en los momentos de la enfermedad, del fracaso, de la muerte, Dios Padre está presente y nos habla. Solo oídos atentos a lo que nos dice interiormente y muchas veces por las personas presentes a muestro lado en momentos de sufrimiento.

(CANTO)

El Papa también nos habla en nombre Dios. Escuchamos lo que nos dice desde el Vaticano:

“Si perdemos el hilo de la vida espiritual, si mil problemas y pensamientos nos acosan, hagamos nuestros los consejos de Pablo: pongámonos ante Cristo crucificado, partamos de nuevo de Él, tomemos el crucifijo entre las manos, apretémoslo sobre el corazón o detengámonos en la oración ante la eucaristía donde Jesús es el pan partido por nosotros, el crucificado resucitado, el poder de Dios que derrama su amor en nuestros corazones. El fruto del espíritu, en cambio, es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí, así dice Pablo. Los cristianos que en el bautismo se han revestido de Cristo están llamados a vivir así. Puede ser un buen ejercicio espiritual, leer la lista de san Pablo y mirar la propia conducta para ver si se corresponde, si nuestra vida es realmente según el espíritu santo, si lleva estos frutos, estos frutos de amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí. ¿Mi vida tiene estos frutos? Por ejemplo, los tres primeros enumerados son el amor, la paz y la alegría. Desde aquí se reconoce a una persona habitada por el espíritu de Dios. Una persona que está en paz es alegre, y que ama con estas tres pistas se ve al espíritu”.

(CANTO)

Dios nos habla en la Sagrada Escritura. La Biblia no es solamente historia, sino mensaje. El Concilio Vaticano II nos dice: “La Biblia nos comunica de modo inmutable la Palabra del mismo Dios. La Iglesia la ha venerado siempre y al igual que el cuerpo mismo del Señor, ya que sobre todo en la liturgia  no cesa de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del cuerpo de Cristo. San Agustín expresa: ‘el más diligente investigador de las Sagradas Escrituras será en primer lugar el que las lee íntegramente y las tenga presentes, sino en la memoria a lo menos en la constante lectura’. El oyente de la Palabra de Dios no alaba la Palabra divina con la lengua y la desprecia con la vida. Es el evangelio la boca de Cristo, quien sentado ya en el cielo no deja de hablar en la Tierra. No seamos nosotros sordos, Él bien alto habla; no seamos nosotros sordos’. Las santas escrituras antiguas y nuevas que llamamos canónicas son las fuentes de la fe de las que vive el justo. Si en las Sagradas Escrituras ves a Cristo no solo tiene sabor lo que lees sino que llegues también a embriagarte”.

Cristo ha dicho: “el segundo mandamiento es: amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

El doctor Nelson fue enviado como médico a Angola. Se llevó consigo la foto de su esposa con sus dos hijos. Dicha foto la ponía todas las noches debajo de su almohada y rezaba por su esposa y por sus hijos, sobre todo cuando era tentado por enviadas del diablo, quienes lo invitaban a ser infiel a su esposa. Y mientras más tentaciones, más contemplaba la foto familiar y oía las palabras amorosas de su esposa y también las palabras de sus hijos, que le llegaban hasta lo hondo de su corazón. Y a pesar de la lejanía, el amor fiel a su esposa se multiplicaba y lo que tanto le aconsejaron sus hijos lo escuchaba con más sonoridad y alegría. Todos los días enviaba mensajes y cartas a la querida esposa y a los frutos benditos de su amor. Mientras tanto, Gladis y sus dos hijos rezaban por el esposo y el papá delante de la foto familiar todas las noches. Gladis todos los días limpiaba los zapatos que dejó su esposo, revisaba la ropa de su esposo, la olía, la lavaba cada vez que se le ocurría que podría llegar de improviso. Leía una y otra vez, las cartas del noviazgo de los primeros años matrimoniales y las muchas que llegaban de Angola. A los dos años regresó el triunfante esposo fiel y los corazones de los esposos latieron tan fuerte que se oían en el aeropuerto al encontrarse y estrecharse una vez más. Y los hijos saltaban de alegría, gritando y abrazando a su papá que nunca dejó de escuchar a sus hijos, que añoraban el regreso.

Esposa ama a tu esposo que es tu prójimo, el más cercano. Esposo ama a tu esposa, tu prójima, quien es la que te quiere más porque sabe cómo tú la amas. Papás y mamás, escuchen la voz de sus hijos que sueñan, desean y rezan para que ustedes estén siempre juntos al lado de ellos.

(CANTO)

Sor Cándida de la Eucaristía nos cuenta el gesto maravilloso de su querido papá, Cruz Reyes, y que ella vivió en Sociedad, su pueblo natal:

Voz: “En una ocasión cuando era adolescente, mi papá y yo nos encontrábamos en una cola para comprar boletos para el circo. Delante de nosotros solo había una familia, un matrimonio y sus seis hijos, todos menores de quince años. Se veían pobres pero limpios, los niños se comportaban bien. Todos conversaban entusiasmados sobre los payasos, los elefantes y cómo sería el trapecio. Se notaba que nunca habían asistido al circo y muy contentos por ese acontecimiento nunca disfrutado en sus vidas. El papá y la mamá se encontraban delante de sus hijos en la cola; la madre sostenía la mano de su esposo y lo miraba como diciendo: ‘eres mi caballero con armadura brillante’. Él sonreía orgulloso y la miraba como si respondiera: ‘tú eres la reina más bonita del mundo’. La encargada de la taquilla preguntó al padre cuántas entradas quería. Seis para niños y dos para adultos. La encargada le dijo: ‘diez pesos’. El papá metió la mano en el bolsillo y solo tenía cinco pesos. El padre se acercó y preguntó: ¿cuánto?  ‘Diez pesos’. Le dijo a su esposa: ‘solo tengo cinco pesos’. El esposo y la esposa pensaron: ¿cómo podríamos decirle a nuestros hijos que no podemos entrar al circo, que no nos alcanza el dinero? Qué duro para ellos. Mi papá se dio cuenta de la terrible situación y sacó cinco pesos y los dejó caer en el suelo. Mi papá se agachó y dijo: ‘disculpe, señor, esto cayó de su bolsillo’. El papá de los muchachos sintió pena, no había pedido ayuda, pero agradeció la solución de la situación angustiosa y desesperada en que se encontraba. Con la mirada y un estrechón de manos agradeció el amor brindado al prójimo. Pagó las entradas y dentro del circo una familia fue feliz. Mi papá y yo regresamos a la casa, esa noche no fuimos al circo, nos fuimos sin un centavo pero con una intensa y desbordante alegría por haber amado al prójimo y su familia como a nosotros mismos. También fuera del circo hubo una familia feliz”.

(CANTO)

En la parte superior del frontispicio a la entrada del cementerio de Colón verás tres imágenes que simbolizan la fe, la esperanza y la caridad. En el centro está la fe por la cual creemos. Nuestra fe afirma que Cristo crucificado ha resucitado, nos lo dice el evangelio según San Juan capítulo 20, versículos 19 al 31. A la derecha de la imagen de la fe está la esperanza, la cual nos la anuncia San Pablo en su primera carta a los cristianos de Tesalónica, capítulo 4, versículos 13 al 18. A la izquierda de la imagen de la fe está la caridad. Cristo en el evangelio según San Lucas, capítulo 10, versículos 25 al 37 nos explica cómo vivir la caridad. Lo que la Iglesia nos dice por medio de estas tres imágenes nos encamina a ser felices en esta vida y después en la eterna con nuestros difuntos. Creemos, esperamos, amamos. El día 2 de noviembre rezamos especialmente por nuestros difuntos. Ve a la Iglesia más cercana o a la capilla del cementerio y ofrece la misa por tus familiares y amigos difuntos.

En consonancia con el Papa, realizamos nuestro sínodo familiar. Hoy o en esta semana, la familia reunida en el almuerzo o en otro momento conversa. ¿Qué ejemplo y enseñanza nos dejaron nuestros difuntos? ¿Cómo hacerlos presentes entre los que estamos?

(CANTO)

Santa María de la Caridad, tú estuviste al pie de la cruz donde moría tu hijo; tú conoces el dolor que siento por la muerte de mi ser querido a quien he amado… Ruega ahora por mí que lloro como tu lloraste, recuérdame que la muerte no es el final, sino que Dios nos llevará a su casa del cielo. Perdonó con la muerte de Cristo en la cruz, Dios Padre nuestros pecados y premiará toda obra buena. Consuélame, ayúdame y dame la esperanza de que un día, después de cumplir mi misión familiar, Dios nos llevará juntos a nuestros familiares difuntos. Amén.

Amamos a Dios rezando la primera parte del Padrenuestro: Padrenuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Y en esta segunda parte pedimos a Dios que nos ayude a amar al prójimo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

La bendición de Dios Padre Todopoderoso  que nos creó para constituir una bella familia… La bendición de Jesucristo, camino del amor… La bendición del Espíritu Santo que puede lograr todos nuestros sueños familiares, descienda sobre todos ustedes, sobre sus familiares, sobre los enfermos y permanezca para siempre. Amén.

 

Faccia il primo comento

Faccia un comento

L'indirizzo email non sarà pubblicato.


*