Cruz y Caballete

Por: MSc. Carlos Vicente Fernández

Una mirada contemporánea a la imagen de nuestra Señora de la Altagracia

 

palabranueva@ccpadrevarela.org

 

Ángel González Urrely, nacido en La Habana en 1971, es un artista cubano que reside y trabaja en Santo Domingo, República Dominicana, desde 1999. Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1998, fue uno de los participantes en el II Salón de Arte Contemporáneo, en el entonces Instituto Superior de Arte (ISA), pero ha desarrollado su obra en la República Dominicana, donde ha sido reconocida y apreciada.

El encuentro con ese país caribeño provocó que el universo pictórico de Urrely se nutriera de sus colores vibrantes, su imaginería popular, la música, la naturaleza. El hombre dominicano, como se manifiesta en la vida de la calle, le ofrece ideas sobre cosas que suelen pasar inadvertidas, o que se consideran intrascendentes, las cuales adquieren, en su figuración artística, un carácter de enigma y metáfora.

Este acercamiento a su realidad personal, que deviene simbólico e identifica su arte, también lo materializa en sus singulares diarios, donde anota lo que llama su atención, o lo que no desea que desaparezca de la memoria privada o colectiva, y que constituye ilustraciones minuciosas y relatos diversos sobre vivencias reales u oníricas, escritos en letra cuidada.

Su integración en la sociedad dominicana lo llevó a indagar en la fe de ese pueblo de profunda raíz cristiana, que profesa una profunda veneración a la Virgen María, sobre todo en la advocación de Nuestra Señora de la Altagracia, patrona de Higüey; su serie 175 lunas con la caja del cuerpo, del año 2016, es exponente de su incursión estética en esta sagrada imagen, mientras que el título de la serie alude a los correspondientes meses lunares que el artista ya había vivido en Santo Domingo.

Parte de esa sucesión de piezas es esta pintura, donde la mente analítica, más la inquietud y curiosidad intelectual de Ángel Urrely, se expresan con exactitud y limpieza formal, con un dibujo preciso y la geometrización de las formas. Coloca la figura de la Virgen de la Altagracia presidiendo edificios altos, macizos e impersonales: se trata de la ciudad, otra de las obsesiones recurrentes en su obra, urbes despojadas de humanidad. Es alegoría de Santo Domingo, pues desde su llegada allí, el creador cubano fue testigo del rápido crecimiento urbano de la capital caribeña, y observador de su modernización acelerada, gracias a la cual se despersonalizaba y perdía vegetación.

De ahí que la figura humana, ausente aquí, le cede lugar a otro universo simbólico, colocando en las azoteas de los edificios cañas de azúcar, plantas, o cruces, entre otros muchos elementos posibles y relacionados con la tradición y la modernidad dominicana. El formato de la pieza es un rectángulo, dentro del cual la escena representada se enmarca en un círculo, que hace referencia a la aparición de la Virgen de la Altagracia en la isla, cuando su imagen, un icono, fue encontrada milagrosamente entre las ramas de un naranjo cuyo fruto, como es sabido, es redondo.

Entre los elementos que se observan sobre las edificaciones, hay una casa sobre una cruz blanca, símbolo de los patriotas dominicanos del siglo XIX, y que por su vista a vuelo de pájaro, al artista le recuerda algunas de las antiguas iglesias de Lalibela en Etiopía; también aparecen las hojas de lengua de vaca, componente natural al que los dominicanos, al igual que en Cuba, le otorgan virtudes protectoras, y una media luna, vinculada tradicionalmente a María, a partir de la conocida referencia en el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis.

Pintura de sobrio colorido, donde imperan el blanco y el azul, tonos asociados a la Virgen, la figura Nuestra Señora de la Altagracia se reproduce con pocas libertades a partir de su icono original, pero en correspondencia con los ya mencionados presupuestos estéticos del autor.

Abierto a corrientes filosóficas y espirituales, Ángel Urrely, como individuo y artista no se reconoce como un místico; sobre esto ha dicho: «Vivo en una ciudad, es difícil ser místico y vivir en una ciudad contaminada. Un día viviré en un espacio que me permita tener una vida más cercana al misticismo. Es difícil que la contaminación pueda vivir junto al misticismo; ahora no soy un ermitaño, soy un hombre que vive en una ciudad y estoy consciente de esto».

Entre otros premios y galardones, el artista habanero ha sido premiado dos veces en las Bienales Nacionales de Artes Visuales de Santo Domingo, en 2007 y 2013, y mereció Mención de Honor en el Primer Concurso de Arte Juan José Bellapart, 2022, de la misma ciudad. Sus obras se conservan y exhiben en diversas colecciones públicas y privadas de Cuba, República Dominicana y los Estados Unidos.

Fuentes

Silvestre, Clara. Los acertijos de Ángel Urrely. En https://www.hoy.com.do/

Urrely, Ángel: Caribe alucinante. Catálogo a la exposición. Casa Oswaldo Guayasamín, La Habana, 2017.

Conversaciones con el artista.

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