La pastoral carcelaria en la misión de la Iglesia

Por: Yarelis Rico Hernández

Mons. Jorge Serpa, obispo emérito de Pinar del Río,
Mons. Jorge Serpa, obispo emérito de Pinar del Río,

Solo un mundo de hombres cambiados, será un mundo cambiado

foto Iván Batista Cadalzo

Tengo ante mí a un hombre calmado, seguro de lo que dice y de por qué lo dice. Permaneció fuera de Cuba durante mucho tiempo en contra de su voluntad. Después de cursar estudios para sacerdote fuera de la Isla, no le permitieron entrar al país. Tanto lo intentó hasta que al fin pudo llegar y quedarse, permanecer… Desde hace años, Mons. Jorge Serpa, obispo emérito de Pinar del Río, preside la Comisión Nacional de Pastoral Penitenciaria, y lo sigue haciendo después de su retiro, tal vez por esas mañas de viejo y sabio observador, que sabe cuándo, cómo y con quién dialogar. Es un hombre de Dios, un cubano que aboga por la acogida y defensa del preso desde una actitud de respeto, cercanía, escucha, comprensión, empatía… y nunca por el juicio, la condena, el rechazo, la distancia o el menosprecio.

Asegura que los sucesos del 11 de julio de 2021 han sido motivo de reflexión desde el mismo día de los hechos y lo sigue siendo particularmente para todos los que quieren que en Cuba haya paz y armonía. La Iglesia ha intervenido en los casos que lo han solicitado. Así lo ha hecho desde que, en 1989, fue creada la Comisión Nacional de Pastoral Penitenciaria para trabajar directamente con los reclusos y sus familiares. Sobre la cercanía de la Iglesia a los que sufren prisión, va esta entrevista. El tema es oportuno.

¿A qué se debe la existencia de una Pastoral Penitenciaria en la Iglesia cubana?

“Antes de responder la pregunta, deseo agradecer esta oportunidad de hacer conocer a muchas personas la labor que realiza la Pastoral Penitenciaria. Además, veo que la pregunta está muy dirigida a la Iglesia en Cuba, y pienso que esta entrevista puede ser leída por algunas personas que no conocen la Pastoral Penitenciaria y es el momento de presentar un mejor conocimiento sobre el tema.

”Esta pastoral no es exclusiva de la Iglesia cubana, responde a la misión de la Iglesia universal. Está presente en muchos países, claro, ajustándose a las características propias del lugar, y funciona según el sistema de gobierno imperante en el país, eso facilitará la labor, bien que sea un gobierno democrático o totalitario, o de derecha o de izquierda, como se ha compartido con los responsables de otros países en nuestras reuniones.

”Ahora bien, lo que motiva a la Iglesia en este trabajo, es el cumplimiento de las obras corporales de misericordia: ‘Visitar al recluso’, basándonos en lo que pide Jesús en el evangelio (Mt. 25), ‘Cada vez que lo hiciste con uno de ellos a mí me lo hiciste’.

”En Cuba, la Iglesia trata de cumplir con este mandato del Señor en un sentido religioso y de promoción humana”.

¿Está contemplado como un derecho que el recluso solicite la ayuda o el acompañamiento de la Iglesia? De ser así, ¿facilitan las autoridades del gobierno y penitenciarias este acercamiento?

“Sí, está contemplado este derecho a los presos, aunque en la práctica se presentan dificultades, que muchas veces se resuelven. De hecho, tenemos dos reuniones anuales con la Dirección General de Prisiones (también otras denominaciones religiosas las tienen). En estas reuniones se ventilan las dificultades y se evalúan los avances del trabajo que se viene realizando.

”No siempre se logran todas las peticiones que se presentan, y aunque se trabaja sobre la misma persona ‘el preso’, los enfoques son diferentes; nosotros desde el evangelio y las autoridades desde lo establecido en el sistema carcelario, que responde muchas veces a un sistema.

”El recluso tiene derecho cada mes a una entrevista personal con el capellán y a otra colectiva. Para ser atendido religiosamente, debe presentar la solicitud por escrito a la dirección de su prisión, que con frecuencia demora en tramitar ese permiso. A nivel de la Dirección General de Prisiones hay una mejor organización en este programa de atención religiosa a los presos, pero ha sido todo un proceso. Las dificultades se presentan en algunas prisiones, donde demoran la atención y no agilizan las solicitudes presentadas por los reclusos.

”En cuanto a la segunda pregunta, en general, sí. Digo en general por lo de la pandemia de la COVID, que afectó mucho la asistencia a las cárceles, pero era comprensible. Sin embargo, se siguió trabajando con las familias de los presos, y por medio de familiares pudimos ayudarlos”.

¿Cómo hace la Iglesia en Cuba para llegar a las personas reclusas? ¿Qué se busca con este acercamiento?

“La Comisión Nacional de Pastoral Penitenciaria se creó en 1989 y desde entonces se trabaja directamente con los reclusos y sus familiares. En la actualidad podemos atender todas las ‘prisiones cerradas’ (un total de cincuenta y dos en todo el país) donde los reclusos soliciten la atención religiosa.

”En cada diócesis, la Comisión Penitenciaria, en acuerdo con la Dirección Provincial de Prisiones, precisa día y hora de atención y se presenta con los voluntarios que están autorizados de antemano.

”En el sentido de llegar a la persona del recluso, los familiares ayudan, motivan… También están los reclusos que realizan una buena labor misionera entre sus compañeros de prisión.

”Hemos insistido en que nos permitan, aunque sea una vez por año, el podernos dirigir a toda la prisión, claro, de manera libre, pues el evangelio se propone, no se impone. Hasta ahora, esto no se ha logrado y, sin embargo, las evaluaciones de las autoridades sobre los que asisten son muy positivas, por lo que no entiendo que algo que ayuda se prohíba.

”Con este acercamiento, lo que se busca es concretar en la acción el objetivo general de nuestra Pastoral Penitenciaria: ‘promover en el mundo penitenciario una espiritualidad centrada en el encuentro con Jesucristo para su conversión al evangelio y su promoción de los valores humanos’. Está en práctica el Plan de Trabajo, con un objetivo general y cuatro objetivos específicos, que son: restaurar la dignidad de la persona; fortalecer con voluntarios la Pastoral Penitenciaria y las Comisiones Diocesanas, así como afianzar el contacto con las autoridades. Cada uno de estos objetivos tiene líneas de acción.

”Tenemos claro que la comunidad cristiana se reúne y celebra como Iglesia, pero un preso es un miembro que está separado. Por lo tanto, los demás miembros tenemos que hacernos presentes para aliviar, compartir y ayudar a ese miembro que sufre”.

¿Cómo se integra para su misión la Comisión Nacional Penitenciaria?

“La Pastoral Penitenciaria es una Comisión Nacional, presidida por un obispo, por lo que forma parte de la Conferencia de Obispos Católicos Cubanos. Esta Comisión Nacional está compuesta por un representante diocesano nombrado por su respectivo obispo. Cada diócesis tiene una Comisión Diocesana que organiza el trabajo con capellanes, con voluntarios y asesores jurídicos. A esta comisión también le corresponde la coordinación con las parroquias y la atención de los presos y sus familiares. La Comisión Diocesana es de mucha importancia para la vitalidad de la Pastoral Penitenciaria y de su dinamismo depende su eficacia.

”Procuramos que sea una pastoral fundamentalmente de acogida y defensa del preso, donde las actividades, las intervenciones, el estilo de actuación, todo ha de estar inspirado por una actitud de respeto, cercanía, escucha, comprensión, empatía y nunca por el juicio, la condena, el rechazo, la distancia o el menosprecio”.

¿Se impulsan desde esta Pastoral procesos de indultos? De hacerse, ¿qué reclusos son favorecidos?, ¿cómo llegar a acuerdos con el gobierno para beneficiar a un mayor número de presos y de familias afectadas?

“Preciso, nuevamente, que la Comisión Nacional de Pastoral Penitenciaria se constituyó en 1989, atendiendo a presos y a sus familiares. En las últimas décadas se han realizado intervenciones de la Iglesia en ocasión de las visitas pontificias y de delegados pontificios, siempre ha habido una palabra al respecto con el gobierno y se ha constatado, por los motivos que sean, que se han efectuado varios indultos. Se ha verificado que algunos de los nombres registrados en la Gaceta Oficial coinciden con el listado que se ha enviado, solicitando que se consideren esos casos por motivos humanitarios”.

En los últimos tiempos, y tras los sucesos del 11 de julio de 2021, desde las redes sociales, principalmente, se le ha pedido a la Iglesia el acompañamiento a los involucrados en estas protestas; se le ha llegado a exigir, además, su pronunciamiento en relación con los procesos legales seguidos y las penas impuestas. En este sentido, ¿qué ha hecho la Pastoral Penitenciaria? ¿Ha pedido algún familiar de los involucrados el acompañamiento de la Iglesia?

“Los sucesos del 11 de julio de 2021 han sido motivo de reflexión desde el mismo día de los hechos, y lo sigue siendo particularmente para todos los que queremos que en Cuba haya paz y armonía. No se debe permitir que reine un ‘diálogo entre sordos’ que no favorece ni al gobierno, ni a la sociedad civil, ni a la oposición… y más bien buscar un discurso como aquellas palabras del Papa Francisco en la frontera de México en 2016 que, aunque en situación diferente, nos pueden servir. Decía Francisco: ‘siempre hay posibilidad de cambio. Estamos a tiempo de reaccionar y transformar. Modificar y cambiar. Convertir lo que nos está destruyendo como pueblo, lo que nos esté degradando como humanidad’.

”La Iglesia ha estado presente y en cada diócesis se ha intervenido en los casos que lo han solicitado e incluso, se han visitado algunos detenidos por solicitud de sus familiares. Se ha prestado ayuda económica y asesoría jurídica.

”Es verdad que hay mucha preocupación en el pueblo por los que aún están detenidos, que son algunos cientos, y se espera que haya benevolencia en la forma de juzgar a los detenidos, ya que solo un mundo de hombres cambiados, será un mundo cambiado, y no siempre la prisión es la mejor escuela para lograrlo.

”Nosotros rezamos en uno de los prefacios de la Misa, pidiendo que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz, que el perdón venza al odio y la indulgencia, a la venganza y esto puede ser una linda experiencia a poner en práctica en medio de los conflictos”.

En su opinión, ¿cómo hacer ver que la misión de la Iglesia hacia quienes viven en cautiverio no debe reducirse a la acción de la Pastoral Penitenciaria? ¿En qué medida, aunque parezca paradójico, intervenir desde esta Pastoral permite un mejor desarrollo de la misión?

“Se debe sensibilizar a la comunidad civil en general y de manera particular a la comunidad cristiana, a vivir la misericordia de Dios para que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos.

”Sabemos que el tema ‘preso’ causa estupor en muchas personas, pero el preso es un ser humano como otros tantos, pero que vive una realidad distinta a los que gozan de libertad. Son personas que necesitan ayuda y sobre todo la ayuda de la escucha, y aquí se podrá aplicar aquello de ‘jamás juzgues a otro antes de tiempo’.

”El trabajo de los valores en la sociedad es de gran importancia, sobre todo el valor de la honestidad, no solo en las acciones, también en el pensamiento. El valor de la honestidad se vuelve como fundamento de la justicia, de la verdadera justicia, no de la justicia apañada. Esto nos permite recordar el objetivo general de la Pastoral Penitenciaria en Cuba: ‘que el hombre preso llegue a trabajar una espiritualidad que lo lleve a una conversión al evangelio y pueda promover en sí los valores humanos’.

”El hombre no es una estaca que se clava en la tierra y ya. No es porque esté privado de libertad, que el hombre deja de tener necesidad de ayuda, al contrario, es cuando más comprensión necesita, que se le trate como persona y se le respete los derechos humanos fundamentales”.

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