
La devoción a Nuestra Señora de las Mercedes se inicia el 1ero. de agosto de 1218, cuando apareció por separado ante tres ilustres personajes de Barcelona: Pedro Nolasco, quien sería el fundador de la Orden de la Merced, el rey Jaime I de Aragón y Raimundo de Peñafort, fraile dominico, maestro general de su orden de predicadores y confesor del primero.
Diez días después, los tres caballeros se encontraron en la catedral de Barcelona y compartieron haber tenido la misma aparición: la Virgen María les pedía la fundación de una orden religiosa dedicada a la redención de los cautivos. Por eso es considerada la Patrona de cárceles e instituciones penitenciarias, y las cadenas rotas que porta simbolizan esta acción liberadora.
Su devoción se difundió por toda Cataluña y de ahí pasó al resto de España, Francia e Italia. Se le atribuían milagros extraordinarios. Con la evangelización de América, donde la Orden de la Merced participó desde sus inicios, el fervor a la Virgen se extendió y arraigó en todo el continente.
Santo Domingo fue un punto clave en la extensión de esta devoción por todos los milagros de disímil naturaleza a los que se le atribuye su mediación. Su estandarte acompañó al Ejército Real de Santo Domingo en la batalla de Sabana Real de la Limonada, el 21 de enero de 1691. La victoria sobre los franceses, marcó el fortalecimiento de su devoción. En 1808, fue venerada y proclamada como la guía espiritual de las tropas de Juan Sánchez Ramírez en las vísperas de la batalla de Palo Hincado y tuvieron una victoria aplastante sobre las fuerzas francesas. Entraron triunfantes en Santo Domingo, con el estandarte que contenía la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, y Sánchez Ramírez ofreció a la Virgen en El Seibo unos pequeños grillos de metal precioso como muestra de su devoción.
Durante la guerra de independencia dominicana, en la batalla de Santomé, José Martí aclamó a la Virgen de las Mercedes en uno de los momentos más críticos del combate, que culminó con la victoria dominicana sobre las fuerzas haitianas.
En La Habana Vieja, ubicada en la calle Cuba y Merced, en la barriada de San Isidro, encontramos su templo estilo barroco, fundado en 1630 y concluido en 1867. Está decorado con importantes murales y pinturas realizados por artistas plásticos significativos del siglo xix.
La Virgen de las Mercedes, como le llamamos los cubanos, es también la Reina de la Paz y la Señora vestida de Sol, representada con su manto blanco, escapulario, cadenas y grilletes rotos. El 24 de septiembre es visitada por todos, para cumplir promesas, orar, ofrendarle flores y velas y, en especial, tratar de tocar al niño que lleva en sus brazos, como la mujer con hemorragia en el Evangelio toca el manto de Jesús, poniendo en este gesto toda su fe en que el Señor la sanará. A nosotros como cristianos, nos toca girarla para mostrarle al pueblo el hijo que tiene en sus brazos.
La Virgen de la Merced, que significa también Virgen de la Misericordia, es patrona de muchas instituciones, ciudades y localidades desde el Río Grande hasta la Patagonia. Se solía celebrar su festividad el 8 de septiembre, fecha de su intercesión en el terremoto de 1615. En 1740, una Real Cédula de Felipe V de España cambió la fecha de la festividad al 24 de septiembre, en consonancia con la establecida por el papa Inocencio XII en 1696.
¡Que la Virgen de las Cadenas Rotas nos haga libres en Cristo!


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