
Treinta años después de su fallecimiento en Ciudad México, el 1ero. de marzo de 1994, Eliseo Diego nos sigue hablando desde su poesía, en ese modo suave e íntimo que lo caracteriza. Reconocido como uno de los poetas más importantes de Cuba y de la lengua hispana, Eliseo escribió también ensayos, narrativa y literatura infanto-juvenil, e incursionó con acierto y sensibilidad en la traducción. A esta faceta de su quehacer nos acercaremos aquí.
Eliseo de Jesús de Diego y Fernández Cuervo, nacido en La Habana el 2 de julio de 1920, debutó como autor con el poemario En la Calzada de Jesús del Monte (1949), al que siguieron Por los extraños pueblos (1958), El oscuro esplendor (1966), Divertimentos y versiones (1967), Noticias de la quimera (1975), Los días de tu vida (1977), Inventario de asombros (1982), El libro de quizás y de quién sabe (1989) y Conversación con los difuntos (1991). Libros suyos han sido traducidos al alemán, húngaro, inglés, italiano, polaco, ruso, francés y portugués. En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba por el conjunto de su obra; en 1992, la Universidad del Valle de Cali, Colombia, le otorgó un doctorado Honoris Causa, y en 1993 fue distinguido con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (denominacion inicial del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que se otorga en México desde 1991, durante la Feria Internacionel del Libro de Guadalajara).
Hace mucho tiempo tuve la suerte de visitar al poeta, invitada por un amigo de ambos, el sacerdote jesuita Federico Alonso Torío. Tenía yo veinte años y estaba comenzando mis estudios de lengua alemana en la universidad. Recuerdo a Eliseo diferente a las fotos suyas que he visto, mucho más apuesto y elegante que en cualquiera de ellas: un hombre gentil y acogedor que leyó mis poemas de principiante, me animó a seguir escribiendo y a que volviera a verlo. Por distintos motivos, fui posponiendo la siguiente visita hasta que el olvido la retuvo en sus oscuras manos. Pero continué leyendo sus poemas, de los que tomé algún fragmento para iniciar uno que otro de mis propios escritos.
Al paso de los años, en 2017, la vida me acercó de nuevo a Eliseo por medio de un proyecto común con Natividade Lemos, entonces representante en Cuba del Instituto Camões: el libro Eugénio&Eliseo, una historia de amores cruzados, en el que reunimos mi traducción al español del poemario El peso de la sombra, de Eugénio de Andrade, y la que realizó Natividade al portugués de El oscuro esplendor, de Eliseo Diego. Durante la preparación del libro, Natividade y yo visitamos en varias ocasiones a la hija del poeta, Josefina de Diego. Guardiana de la memoria familiar, Fefé nos mostró parte de la gran biblioteca de Eliseo, nos explicó qué autores prefería su padre y por qué había traducido a algunos de ellos.
Entre las traducciones de Eliseo me llaman la atención las que hizo de sus propios poemas al inglés, pero sobre todo las versiones que recogió en el libro Conversación con los difuntos, publicado en primera edición por Ediciones del Equilibrista, México, 1991, y reeditado en 2016 por Ediciones Holguín: poemas de doce autores que escribieron en lengua inglesa, en una línea temporal que va desde el siglo xvii hasta el xx, seleccionados por nuestro poeta entre sus «amigos» de diferentes épocas. Andrew Marvell, Thomas Gray, Joseph Blanco White, Robert Browning, Coventry Patmore, Ernest Dowson, Rudyard Kipling, G. K. Chesterton, Walter de La Mare, Edna St.Vincent Millay, William Butler Yeats y Langston Hughes, nos convocan desde estas páginas en la voz de Eliseo, quien expresa en el prólogo:
«Todos me hablaban en inglés, idioma muy distinto al nuestro. Sin embargo, ¿no desea uno siempre compartir sus hallazgos de amistad con los que ama? Y así he pedido a mis amigos distantes que me permitiesen siquiera un eco en español de los consuelos, alegrías, deslumbramientos, susurrados por ellos a mi oído».1
Los poemas de cada autor incluido en el libro van precedidos por una breve presentación del “amigo” traducido, y a veces también algunas consideraciones sobre la versión realizada o sobre traducción en general, en las que vale la pena detenerse:
«La versión a la que me atrevo aquí no es sino el eco dejado a través de los años en mi corazón de habla española por sus palabras inglesas. Aquello que uno aprende a amar en otro idioma, ¿no se vuelve, de algún modo, nuestro, y no susurra acaso dentro de la entraña con el rumor del ser propio? No pretendo más que haber atendido a ese rumor tan intensamente como lo permitió mi torpeza (…)».2
La modestia del poeta le hace hablar de su torpeza, cuando los lectores nos enfrentamos a un libro que es una verdadera joya, por la maestría de las versiones, que se leen como poemas escritos originalmente en español; por la peculiar selección, que no toma en cuenta la mayor o menor fama de los poetas elegidos, y por las magníficas notas introductorias a cada autor.
Sobre Walter de la Mare (1873-1956), de quien tradujo para este libro varios poemas, dice Eliseo: «Hoy no es muy leído en su país. Los ídolos cambian con las generaciones. Para mí será siempre uno de los más grandes líricos de la lengua inglesa». Para concluir quisiera compartir con los lectores, en traducción de Eliseo Diego, el poema de Walter de la Mare «All that’s past», en el que hay referencias a la Biblia, apreciada por el autor y el traductor.
Todo el pasado
Muy viejos son los bosques
y los brotes que nacen
en el rosal silvestre
con el viento de marzo,
tan vieja es su belleza –
¡oh ningún hombre supo
a qué siglos salvajes
se remonta la rosa!
Muy viejos los arroyos
y las ondas que tiemblan
en la nieve dormida
bajo cielos azules,
tales historias cuentan
de lo ido y venido
que es sabia cada gota
como fue Salomón.
Viejos somos los hombres,
nuestros sueños son cuentos
que en vago Edén murmuran
los ruiseñores de Eva;
despiertos, susurramos,
pero, el día cumplido,
sueño y silencio campos
de amaranto son ya. 3 W
Notas
[1] Eliseo Diego, Conversación con los difuntos, Ediciones Holguín, 2016, pp. 7-8.
2 Ibidem, p. 18.
3 Ibidem, p. 79.



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