Discurso del Cardenal Stella en el Centro Cultural Padre Félix Varela

Por: Cardenal Beniamino Stella

Cardenal Stella en el Centro CUltural Padre Félix Varela
Cardenal Stella en el Centro CUltural Padre Félix Varela

Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Juan García, Arzobispo de La Habana,

Autoridades del Estado y de las instituciones culturales,

Ilustres profesores, artistas e intelectuales aquí reunidos,

Queridos hermanos:

Los organizadores de esta cita fraternal han elegido esta histórica edificación, hoy Centro Cultural que lleva el nombre del Venerable Padre Félix Varela, otrora sede del Seminario San Carlos y San Ambrosio, para rememorar aquel encuentro, que hace veinticinco años el Papa Juan Pablo II, sostuvo con el mundo de la cultura en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Agradezco las palabras de bienvenida del padre Yosvany Carvajal Sureda y a todos los que han accedido a esta invitación.

La belleza del entorno en que nos encontramos, la armonía de las líneas que conforman sus piedras talladas y sus columnas, nos hacen alzar la vista y afinar el oído para percibir el invaluable tesoro que alberga esta vetusta edificación, la cual forma parte indiscutible de la cultura cubana. Me parece oportuno iniciar estas palabras constatando la belleza de este lugar, de este pueblo y sus múltiples tradiciones, pues “la belleza no es la ilusión efímera de una apariencia o de un ornamento, afirma el Papa Francisco, sino que surge de la raíz de la bondad, la verdad y la justicia, que son sus sinónimos. Pero no debemos dejar de pensar y hablar de la belleza —prosigue el Santo Padre— porque el corazón humano no solo necesita el pan, no solo necesita lo que garantiza su supervivencia inmediata: también necesita la cultura, lo que toca el alma, lo que acerca al ser humano a su dignidad profunda. Por eso la Iglesia debe dar testimonio de la importancia de la belleza y de la cultura en diálogo con la particular sed de infinito que define al ser humano”.1

Recuerdo aquella visita del Santo Padre Juan Pablo II al Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde enfatizó que la Iglesia Católica, aunque no se identifica con ninguna cultura en particular, se acerca a todas ellas con espíritu abierto. Su misión es proponer con respeto su visión del hombre y de los valores, contribuyendo a la creciente humanización de la sociedad.

El Evangelio llegó a Cuba e impregnó con la Redención de Cristo, el alma de esta cultura entonces naciente, elevándola e infundiéndole un dinamismo nuevo y potente. La religión es el alma de la cultura; no es amante del pasado, en este sentido no es nostalgia, ni tampoco modernista, sino simplemente humana. Cristo asume la naturaleza humana y la abre a nuevos horizontes hasta entonces desconocidos. La fe cristiana se encarna en la cultura y se convierte también en un hecho cultural y la cultura en un hecho religioso. La cultura ofrece a la fe su lenguaje y la fe da a la cultura su contenido último. ¡Qué hermoso es poder verificar esta magnífica armonía y cuidarla siempre desde la Iglesia y desde las instituciones del Estado, pues redunda en beneficio de la persona humana a la que deseamos servir!

Queridos hermanos: es por esta razón que la fe está en compromiso constante con la cultura en la cual vive, y, al mismo tiempo, libra una lucha que se renueva incesantemente, para que este espíritu de compromiso no se convierta en concesión. Heredera de dos milenios de Iglesia, la fe no es un pasado que duerme en memorias olvidadizas, por eso quiso iniciar, el Papa Juan Pablo II su Ministerio apostólico, con el profético llamado que definió todo su pontificado: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo conoce!”.

Siento una gran alegría al visitar esta Casa por la que tantas veces caminé durante mi período como nuncio apostólico en Cuba. En ella se ha dado para Cuba un magnífico paradigma en la relación fe y cultura: el venerable padre Félix Varela. En palabras precisas del entonces arzobispo de La Habana, Mons. Evelio Díaz: “el primero que enseñó a pensar en cubano”.

El P. padre Varela resume el espíritu de una época, y seguirá siendo un modelo para todas; especialmente para esta que les ha tocado vivir a ustedes. Entre estas paredes se gestó a Cuba como nación. Pero no solo él, se sumó el impulso que dio el obispo Espada al Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio, donde se formaban al unísono eclesiásticos y laicos, que modeló hombres sin cuyo pensamiento y acción la historia y la cultura cubanas hubieran quedado malogradas, o no existiera como la vemos hoy.

¿Cómo hubiera sido el desarrollo de la historia de Cuba sin el padre José Agustín Caballero, o sin aquellos estudiantes laicos que se formaron en estas aulas? Pienso en José de la Luz y Caballero, Carlos Manuel de Céspedes, Tomás Romay, Cirilo Villaverde, José Antonio Saco, o Rafael María de Mendive, el maestro de José Martí, aquel insigne cubano que, animado por una espiritualidad de raíz eminentemente cristiana, propugnara una Cuba con todos y para el bien de todos. En estos claustros no solo se hacía academia sino también se acunaba la Cuba soñada. El padre Félix Varela, desde estas propias aulas, se referirá a la Cátedra de Constitución en su inauguración como la Cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales, la fuente de las virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad.

Este Centro Cultural que hoy nos acoge, antiguo Seminario San Carlos, ya estaba destinado a ser, desde entonces, una casa donde se construye una cultura del encuentro y del diálogo, donde se siga soñando el bien de Cuba, como les animó el Papa Francisco en su visita, y en aquellas palabras dirigidas a los jóvenes que frente a esta edificación, se reunieron para recibirle y escucharle. Trabajen siempre por construir esa cultura del encuentro, evitando caer en la cultura del descarte, a esto les animó el Papa Francisco en armonía con el pensamiento de sus predecesores.

En estos claustros se continúa viviendo el espíritu que inspiró a los que en otra época fundaron esta casa de estudios, ya sea a través de una pastoral de la cultura, como del vínculo con el mundo académico; iniciativas que desarrollan el Instituto de Estudios Eclesiásticos que lleva el nombre del padre Varela y el Instituto de Bioética Juan Pablo II, así como el de otros centros culturales y de formación que la Iglesia tiene en cada diócesis. Igualmente, es justo destacar, el empeño que las instituciones de la cultura realizan en Cuba para cultivar aquellas aspiraciones de los próceres patrios, mediante el acostumbrado talento que existe entre sus artistas e intelectuales.

En el Aula Magna, aseguró el Papa Juan Pablo II: “En Cuba se puede hablar de un diálogo cultural fecundo, que es garantía de un crecimiento más armónico y de un incremento de iniciativas y de creatividad de la sociedad civil. En este país —continúa el Papa— la mayor parte de los artífices de la cultura —católicos y no católicos, creyentes y no creyentes— son hombres de diálogo, capaces de proponer y de escuchar”.2 El Papa, en aquel encuentro, los animaba a proseguir esforzándose en encontrar la síntesis donde quepan todos los cubanos. Me sumo a ese deseo expresado y lo hago mío esta tarde entre ustedes, a fin de iluminar el presente, no exento de dificultades y retos. En Cuba se puede alcanzar mucho con el aporte de todos, y con la capacidad que tienen los jóvenes, que en las crisis actuales, buscan nuevos horizontes para sus metas personales y familiares.

¿Dónde nos encontramos hoy? ¿En qué situación camina el mundo con este cambio de época? Vivimos sumergidos en un mundo cambiante y muchas veces desorientado, en el que constatamos también cosas buenas que brotan del hombre mismo, cuando se percata que no puede vivir mucho tiempo sin convicciones y sin horizontes. Muchos se convierten en buscadores de una identidad y anhelan el Absoluto. La religiosidad tiende a ocupar hoy el lugar de lo religioso y se comprueba cuando muchas de nuestra gente expresan: ¡hay que creer en algo! Es una búsqueda de la trascendencia presente en cada generación.

Los hombres y mujeres de cultura, con la extraordinaria riqueza que deriva de las múltiples influencias que posee Cuba, por su situación geográfica y por su historia con alma cristiana, pueden colaborar juntos para evitar caer en el error que prolifera en estos tiempos en que vivimos: la tentación de desacralizar lo sagrado, que inevitablemente induce, a falta de algo mejor, a sacralizar lo profano. San Agustín afirmaba: “La verdad es amada a tal punto que aquellos que aman otra cosa que no sea ella, quieren que lo que aman sea la verdad”.3

Ante esta realidad, el Papa Francisco ha hecho llamados iluminadores a buscar los nuevos mapas que el mundo necesita. Cito al Papa Francisco: “En este cambio de época que la pandemia ha acelerado, la humanidad necesita nuevos mapas para descubrir el significado de la fraternidad, la amistad social y el bien común. La lógica de los bloques cerrados es estéril y está llena de malentendidos. Necesitamos una nueva belleza, que ya no sea el reflejo habitual del poder de unos pocos, sino el mosaico valiente de la diversidad de todos. No debe ser el espejo de un antropocentrismo despótico, sino un nuevo cántico de las criaturas, donde una ecología integral encuentre una concreción real”.4

Queridos hermanos y hermanas: tengo tantos gratos recuerdos de los momentos vividos entre ustedes, que me llevan a agradecer primero a Dios, que me ha permitido regresar a esta tierra, y convertir en memoria agradecida la experiencia de fe y de fraternidad que nos unió en aquellos días de enero junto al Papa Juan Pablo II. Gracias a los obispos cubanos que me han invitado para conmemorar aquella histórica visita. Gracias a ustedes por venir a revivirla juntos esta tarde. Gracias por la determinación de querer construir una cultura del encuentro donde, el aporte de la Iglesia y el mensaje del Evangelio de Jesucristo, sigan proporcionando horizontes de paz, amor y justicia. No renuncien a este valioso legado que inspiró a los padres fundadores de la nacionalidad.

Este fue el propósito de la visita del Papa a la Universidad de La Habana en su encuentro con el mundo de la cultura: resaltar el alma cristiana de la nación cubana y decirnos a todos que el lazo que une la cultura y la religión es el hombre mismo; reconstruir los puentes por donde podamos transitar en pos del bien común, del cual somos responsables todos.

Deseo, en comunión con la enseñanza de los tres pontífices que han visitado a Cuba en estos veinticinco años, que siempre esté al centro de toda reflexión y acción social o política la persona humana y su dignidad intrínseca. Ese respeto a la persona humana, imagen de Dios y camino de la Iglesia, es el ser humano en su integralidad y es lo más valioso que debe cuidarse en toda nación. Ese hombre que está siempre presente en todas las formas de culturas y del que Cristo nos revela su dimensión más profunda. Por ello, repitió tantas veces el Papa Juan Pablo II con la Gaudium et spes, que “el misterio del hombre solo se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado”.5

A la Virgen de la Caridad del Cobre, madre y Patrona de todos los cubanos, y símbolo de cubanía e identidad nacional, encomiendo la vida y la acción de todos ustedes, en favor de los anhelos y esperanzas de este noble pueblo. En sus brazos de madre ella lleva a Cristo, su hijo, el Señor de la historia, solo en él todas las naciones y la humanidad entera puede cruzar el umbral de la Esperanza.

Muchas gracias.

Notas

[1] Discurso del Papa Francisco en la Inauguración de la nueva sala de exposiciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana, el 5 de noviembre de 2021.

2 “Encuentro con el mundo de la cultura”. Discurso del Santo Padre Juan Pablo II. Universidad de La Habana, viernes 23 de enero de 1998.

3 San Agustín: Confesiones, Libro X, 23,34.

4 Discurso del Papa Francisco en la Inauguración de la nueva sala de exposiciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana, el 5 de noviembre de 2021.

5 Concilio Vaticano II: Constitución Apostólica Gaudium et spes, 22.

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