Ejercicios de la tolerancia

Por: Daniel Céspedes Góngora (dcespedesgon@gmail.com)

ENCUENTRO ENTRE EL VIEJO Y EL NUEVO MUNDO II
ENCUENTRO ENTRE EL VIEJO Y EL NUEVO MUNDO II

“En literatura no hay historia sucesiva, lineal. Son espirales. Estrellas, constelaciones donde la novolatría —el fanatismo por lo nuevo— no funciona como criterio de valor”.

José Prats Sariol

Desde el contacto con el diario de Edith von Kekesfalva, una de las protagonistas de la novela La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig, el lector pudiera conectar pronto con otra novela: Diarios para Stefan Zweig (Casa Vacía, 2023), de José Prats Sariol. La austriaca Edith y el cubano Federico se conocerán. Además de lector y relojero, el criollo exiliado hace sus apuntes en lo que viene a ser también un diario. La autoría, entrecruzada y como agente de la Historia, favorecerá la avidez de las prolongaciones.

No le interesa plantearse al autor qué tanto puede haber del austríaco en su curiosidad por revelar a otros, teniendo en cuenta cómo la narración biográfica —se sabe— es tan selectiva y calculadora en su intento (y con frecuencia logro) de conjeturar figuras pretéritas: “También cruzo el Atlántico para eso: encontrar semillas. Pero en realidad es para huir del gobierno y de las amenazas que el padre de Gertrudis me lanzó al ver a un mulato con su hija blanquísima como la nie­ve. ¡Ah! Gertrudis Saco y del Castillo. Usted perdone don Antonio Saco”.

Tanteo ante las idas y venidas del investigador de la vida ajena y su transitar por la narración, el personaje del editor sabe de antemano cuánto le debe un biógrafo a un hacedor de historias. No hay mayor aspiración de quien acoge, con sus aciertos y miserias, aquella vida que merece ser contada desde la selección de hechos y la economía del lenguaje. ¿Rematar con datos? Eso es salvable si asoman y son desarrolladas imágenes heterogéneas de vidas y acontecimientos. Diría François Dosse: “Convendría cortar por lo sano, llevar a cabo elecciones drásticas y dolorosas, aceptar que quedan fallas, huecos en la documentación, que se llenan con la deducción lógica o la imaginación; es el lugar soñado de la inventiva, de la ficción. Es el momento de la escritura”.1

Encuentro entre el viejo y el nuevo mundo
Encuentro entre el viejo y el nuevo mundo

Inserta adrede el autor declaraciones que suelen revelar la naturaleza del subgénero de la imaginada autobiografía, como cuando Edith escribe pensando en Ilona y parece que le habla al lector: “Por eso no creas que te lo cuento todo, que mis ansias las comparto sin reservas. Porque no entenderías y podrías estorbar, enredar los proyectos, revelar más allá de lo necesario. Cuando te confieso algo de mucho secreto, bajo la promesa de no conversarlo ni con la almohada, antes calculé los efectos que deseo provocar”.

Prosa descriptiva y ensayística a ratos como cuando Federico, ese aprendiz de casi todo y todos, viaja para visitar la torre biblioteca de Montaigne en el capítulo homónimo. Mientras el cubano reconoce: “Leer a Montaigne es darse cuenta de que las fron­teras son un invento de idiotas o demagogos”, una Edith de dieciocho años manifiesta: “(…) los nacionalismos siempre habían sido una higiénica manera de extirpar realidades más dañinas”. Es en estas páginas sobre el renacentista francés donde el autor de Diarios… convoca sin expresarlo abiertamente —no hace falta— subjetividades tan distintas y distantes que pudieran oscilar entre Hombres representativos, de Ralph Waldo Emerson, y La muerte de Montaigne, de Jorge Edwards, sin descartar —tal cual reconoce—las relecturas de Alejo Carpentier.

Narración paralela de un exiliado y una chica donde se va al pasado y se regresa. El relato bien pudiera desembocar en el punto de vista de ella. Aunque no tiene que enclavarse hasta el final en Europa. Al alternarse distintas visiones y procederes escriturales (ella es cuidadosa en la arquitectura de su discurso‚ mientras él sacrifica a ratos el continente por el contenido como cuando anota: “No me interesa que nadie observe que escribo sin comas y sin puntos y comas porque no sirven para nada”‚ logra una concordia entre lo general y los detalles)‚ el contrapunteo en cuanto a la asimilación y extroversión cultural —contrario a lo que pudiera esperarse— privilegia las particularidades de ambos. A ello se le suma la presencia del editor que distrae en apariencia de los pasajes formativos de quienes se complementarán más de lo esperado.

El carácter fragmentario, el supuesto orden ininterrumpido y hasta la espontaneidad, sin embargo, no son los elementos más importantes en la trama de una novela como Diarios para Stefan Zweig. El propósito de José Prats Sariol con el lector ha sido la conexión con un pensamiento inquieto por la cultura mundial, por ese sujeto que parece y a veces es destinado a permanecer en la sombra de la Historia. La avidez se proyecta por encima de lo que se puede comprobar y justificar. Dos personajes simbólicos‚ amén de muy curiosos e inconformes‚ se encuentran. Aceptarse con sus diferencias los engrandece. En rigor, es asunto de examen y coartada. También de la imaginación siempre en abanico.

Notas

[1] François Dosse: El arte de la biografía. Entre historia y ficción, Universidad Iberoamericana, A.C., Ciudad de México, 2007, pp. 20-21.

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