EL PADRE TONY: LOS BUENOS NUNCA SE OLVIDAN

Por: Redacción de Palabra Nueva

La ausencia física del padre Tony, fallecido este 25 de octubre, quien firmaba su sección Cosas de curas como ONITOAN, (Antonio, de atrás hacia adelante), priva a Palabra Nueva de un estilo comunicativo directo e incisivo que, tanto los lectores como los miembros de la redacción, extrañaremos con creces.

En su espacio de más de tres años, el padre Tony narró, con verbo filoso, sucesos que involucraron a sacerdotes cubanos en su vida cotidiana, y dotó sus crónicas de un humor similar al del látigo con cascabel en la punta que quería Martí, aunque en ocasiones resultaba muy mordaz y escribía como un espadachín propinando estocadas. Como en este, su último texto de Cosas de curas.

¡Hermano, agua!

Quien esto gritaba, enjabonado, a las cinco de la mañana en el convento del Carmen habanero, era el padre Clemente o Teodoro Becerril, cuando le cortaban el agua de la ducha en la que se bañaba. ¿Quién era? Nada más y nada menos que nuestro querido hermanito Andrés, de quien escribí en el número anterior.

Y prosigue: «Pero para comprender la medida, parte en broma y parte castigadora, del hermanito Andrés, es necesario hablar a los lectores de Palabra Nueva del padre Clemente, a quien le dediqué el segundo o tercer artículo de esta sección, hace ya dos o tres años. El padre Clemente fue uno de esos curas extraordinarios que son necesarios hoy. Pienso que con cinco como el padre Clemente se resolvería la evangelización de la capital cubana. ¡Qué buen ejemplo para los curas de ahora! En pocos sacerdotes he conocido el celo apostólico que animaba a Clemente el del Carmen, como muchos lo conocían».

Y sigue hasta el final con el mismo estilo con el que podemos imaginarnos al padre Tony riendo, burlón y sarcástico, mientras dictaba sus remembranzas, pues estaba privado de la vista y no podía escribir. Como nota el lector, no dudaba en estampar sus criterios con crudeza, desde una honestidad con la que, en ocasiones, olvidaba el cascabel y solo usaba el látigo.

El padre Tony nació el 23 de agosto de 1951 en Güira de Melena y es hijo de padres farmacéuticos. Cursó allí las enseñanzas primaria y secundaria y el preuniversitario en la actual provincia de La Habana.

Una nota firmada por el equipo de comunicación de la diócesis de Pinar del Río recuerda que «desde pequeño frecuentó la parroquia, pero fue en 1969, mientras estudiaba en la Universidad», cuando maduró su vocación al sacerdocio. A los 20 años, tras concluir su segundo año de la carrera de medicina, en 1971, fue aceptado para estudiar en el Seminario San Carlos y San Ambrosio.

«Allí, cumplidos sus estudios de Filosofía y Teología, fue ordenado sacerdote el 18 de abril de 1979, en la Catedral de Pinar del Río, de manos de Mons. Jaime Ortega Alamino, Obispo diocesano en aquel entonces», aclara la nota, que además recuerda que Monseñor Antonio Rodríguez Díaz, el Padre Tony, era también Tony “La Güira”», en alusión al pueblo donde nació, en la antigua provincia de La Habana.

Trabajó en la subcomisión de historia durante el proceso de la Reflexión Eclesial Cubana (REC), luego Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) de 1986.  Cursó en España la licenciatura en Teología Moral en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se graduó en 1988. Fue párroco en San Teresa de Jesús en Mariel, en San Marcos Evangelista en Artemisa, más tarde fue Rector del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, hasta 1996, cuando regresó a Artemisa como sacerdote.

Su inteligencia, que quienes lo conocieron califican de brillante, iba acompañada del don del orador, y es fácil recordarlo impartiendo conferencias sobre ética y moral e historia.

En 2008 volvió a rectorar el Seminario San Carlos y San Ambrosio, y dos años después recibió el título de Prelado de Honor de su Santidad (Monseñor).

En 2012 regresó a Pinar del Río, donde fue nombrado Vicario Pastoral de la Catedral de San Rosendo, Miembro del Tribunal Eclesiástico de Primera Instancia, Miembro del Colegio de Consultores, Canciller de la Diócesis y Director de la revista Vitral. Por ese tiempo escribió varias veces para Palabra Nueva. Enfermo, en 2014 se vio obligado a vivir en el Hogar San José, hasta que partió a encontrarse con Dios, la noche del pasado viernes, y, a la vez, dejó en la Iglesia católica cubana el vacío que dejan los hombres devotos y profesionales.

El texto de los católicos pinareños expresa: «Su testimonio como sacerdote inspira a las nuevas generaciones. Descansa en paz, Padre Tony, hoy estás frente a frente al que tanto amaste que le entregaste tu vida. Recibe la corona de gloria que te has ganado en este mundo».

Faccia il primo comento

Faccia un comento

L'indirizzo email non sarà pubblicato.


*