Los niños que salvaron a Jesús

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Hoy, seguimos escuchando las palabras del Ángel a los pastores: «Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo, en la ciudad de David, ha nacido el Salvador» (Lc 2,10-11).

Pero la Navidad, la llegada de Jesús entre los hombres, viene acompañada también del llanto, envuelto en una tragedia. Es la historia de unos niños conocida como la Matanza de los Inocentes, un episodio bíblico relatado en el Evangelio de Mateo, en el Nuevo Testamento.

Herodes el Grande, rey de Judea, era cruel y paranoico. Gobernó con mano dura y no dudó en eliminar a cualquier posible amenaza a su poder. Según el Evangelio de Mateo, después del nacimiento de Jesús, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén buscando al «rey de los judíos» que acababa de nacer. Herodes, al enterarse de esto, se sintió amenazado y pidió a los magos que le informaran sobre el paradero del niño para que él también pudiera «adorarlo». Sin embargo, los magos, advertidos en sueños, no regresaron a Herodes y se fueron por otro camino.

Al darse cuenta de que había sido engañado por los magos, Herodes se enfureció y ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Este acto brutal tenía como objetivo eliminar a Jesús, a quien el rey de Judea veía como una amenaza a su trono. El Evangelio de Mateo describe este evento de la siguiente manera: «Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.  Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: “Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen”» (Mateo 2,16-18).

La Iglesia católica venera a estos niños como mártires, y los considera los primeros en morir por Cristo. Aunque no sabían por qué morían, su sacrificio es visto como un testimonio de la brutalidad de Herodes y la inocencia de los niños. La crueldad de Herodes está bien documentada por historiadores como Flavio Josefo, quien describe otros actos brutales cometidos por el rey.

En la actualidad, se sigue escuchando este gemido, este dolor, que no debemos ignorar ni callar. Percibimos el llanto de familias por la muerte de sus hijos inocentes en las guerras, en la miseria de no tener el pan para sobrevivir, de fallecer por no poder atender su salud, en la impotencia después de un desastre natural.

Hay que tener el corazón sensible y abierto al dolor de los más pequeños, el coraje para proteger su alegría y su esperanza de esos nuevos Herodes de nuestros días. Debemos saber escuchar a los infantes, tanto a los que hablan como a los que sufren desde el silencio. Todo ser humano tiene el compromiso de luchar contra el trabajo clandestino, la prostitución infantil, la trata sexual, la inmigración forzada, y de apoyar a quienes no tienen el derecho de estudiar. Es así como podremos construir un mundo mejor para nuestros niños.

La Matanza de los Inocentes ha inspirado numerosas obras de arte a lo largo de los siglos, desde pinturas y esculturas hasta música y literatura. Es un recordatorio sombrío de la crueldad que puede surgir del miedo y la paranoia; y ha servido como un símbolo de la inocencia sacrificada y la brutalidad del poder desmedido.

Al mismo tiempo, estos hechos nos invitan a custodiar la vida, y ayudarla a nacer y crecer.

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