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El padre Valentín Sanz estudió en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana para ser sacerdote de los padres paúles, tenía una inteligencia brillante, manejaba muy bien el arte de la fotografía y así terminó sus estudios en el Seminario en 1976. Detrás de su vocación estuvo monseñor Ángel Gastelu, el párroco de la iglesia del Espíritu Santo, en La Habana.
El 27 de septiembre de 1976, fiesta de San Vicente de Paúl, fue ordenado sacerdote en la iglesia de la Merced por el obispo monseñor Francisco Oves, arzobispo de La Habana en aquel tiempo. Posteriormente, el padre Valentín fue destinado a la parroquia de Baracoa, la más oriental de las zonas de Cuba, que en aquel momento comprendía todo el territorio hasta la punta de Maisí, incluidos los pueblos de la Sabana, de la Máquina. Fue allí cuando escribió sus mejores páginas de sacerdote misionero, los conocía uno a uno, llevaba para convivir en su casa a los hijos de campesinos y se dedicó por completo a aquella parroquia.
Después, cuando pudo, fundó capillas de oración en cada uno de esos lugares, la página más luminosa de la vida del padre Valentín. Él nunca hubiera querido que lo sacaran de Baracoa. Fue párroco de San Luis en la arquidiócesis de Santiago de Cuba, más tarde párroco de la iglesia de San Francisco de Asís en la propia Santiago y de ahí lo trasladaron para La Habana, donde estuvo indistintamente en la Merced y en la Milagrosa, en Santos Suárez, donde los feligreses lo recuerdan con gran cariño por visitar metódicamente a los enfermos, empezar las misas con puntualidad y tiempo de confesionario.
En el año 1988 fue a estudiar la licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas, se destacó porque tenía una gran habilidad para los idiomas y el uso de las lenguas orientales, arameo, por ejemplo, que era la lengua de Jesucristo, y cuando celebró sus veinticinco años de sacerdote, la consagración del pan y del vino en la misa la dijo en arameo. Además del sirio antiguo, dominaba el griego, el latín y el inglés. Hace poco tiempo impartió clases de Sagrada Escritura en el Seminario, en La Habana, y antes las había dado en el de San Basilio, en Santiago de Cuba.
El padre Valentín, con sus defectos y limitaciones, ha sido una joya de la congregación de la misión en Cuba.
Hace pocos días vino a verme al hospital, y ahora él es quien parte ante el juicio de Dios. Las fotos de mi primera misa, que no estaban previstas, las tiró él, y curiosamente apareció en 1988 e hizo las de mi graduación como Licenciado en Teología Moral, en un acto en la explanada de la Universidad Pontificia de Comillas.
La tesis de Licenciatura del padre Valentín fue excelente suma con laudé. En alguna oportunidad fue superior de los padres paúles en Cuba.
Que Dios, a la hora del juicio, valore todas estas obras buenas del padre Valentín. Que Dios lo tenga en su gloria.



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