
San Cristóbal es una de las obras europeas más antiguas que se conservan en Cuba, después de formar parte de la donación que en 1841 hizo para la Academia de San Alejandro el entonces capitán general de Cuba, Pedro de Alcántara, príncipe de Anglona, quien había sido director del Museo del Prado.
Esta pieza también es una de las primeras pinturas que el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, salvaguarda y exhibe desde su fundación, en 1913.
La obra destaca por el uso armónico del colorido y la representación poderosa de san Cristóbal, mientras el dinámico movimiento del manto en tonos rosa que cubre sus espaldas complementa armónicamente el ímpetu con que marcha el santo, dirigido desde las alturas de sus hombros por el Niño Jesús, quien impone con un gesto de su mano derecha el camino para seguir, que en este caso es símbolo de su poder salvador.
Jacopo da Ponte, también conocido como Jacopo Bassano, autor de la pieza, divide la atención del espectador entre las figuras unidas de san Cristóbal y el Niño Jesús y el grupo que conforman las figuras de la Virgen, el Niño y san Juan Bautista, todos desde el Cielo, en la parte superior izquierda del cuadro. El paisaje que sirve de fondo de la escena es muestra de un interés que se aprecia en casi toda la obra del artista, incluyendo las de tipo religioso: el medio ambiente natural.
Jacopo da Ponte nació en Bassano dal Grappa, en la región de Venecia, en torno al año de 1515, adoptó el sobrenombre por el que se le conoce de su ciudad natal, donde también murió en 1592; su creación se inscribe en el período del Renacimiento italiano, dentro del cual el artista seguía los códigos formales de la Escuela Veneciana y del Manierismo. Este San Cristóbal fue realizado por el artista, originalmente, para la iglesia de la Isoletta cerca de Murano, en Venecia.
*El autor de este texto es curador del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).


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