
Un aroma a santidad, a aceite consagrado e incienso, selló el momento más importante de su vida. Con la unción del crisma en sus palmas, Yasniel Romero Marrero recibió el signo imborrable que lo configuraría para siempre como Cristo Sacerdote. Fue el sello final de una ordenación presbiterial presidida por monseñor Eloy Ricardo Domínguez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana, en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola (Reina), en Centro Habana.
La ordenación sacerdotal, sacramento que imprime un carácter indeleble, le confiere ahora las facultades para presidir la eucaristía, administrar la reconciliación y llevar la unción a los enfermos, entre otros ministerios propios del presbítero.
Yasniel Romero Marrero nació en Alquízar, y es hijo único de Mercedes y Antonio. De su madre heredó la justicia, la fortaleza y el valor; del padre, la humildad y la generosidad. Encontró la fe en Jesucristo durante sus estudios universitarios de la carrera de Matemáticas; se dejó interpelar por la vida de san Ignacio e hizo los ejercicios espirituales, en los que halló su camino para seguir a Jesús y entregarse a su Iglesia. Al ingresar en la Compañía de Jesús, realizó sus estudios en República Dominicana y Francia; y ha sido consagrado presbítero ante los ojos de la parroquia de Reina, que lo vio crecer en su caminar cristiano como catequista.
En su homilía, monseñor Eloy dirigió una exhortación al ordenando: «El Señor te ama y te confía su Iglesia para servir con una entrega infinita e incondicional (…); el sacerdocio es el amor del corazón de Cristo. Cristo te ama y te impulsa a pastorear almas; te dice apacienta mis ovejas; acompáñalas (…)».
El momento central de la liturgia fue la imposición de las manos en silencio por parte del obispo y de todos los presbíteros presentes, gesto apostólico que constituye el núcleo del sacramento del Orden. Luego, el nuevo sacerdote fue revestido con la casulla y sus manos fueron ungidas con el sagrado crisma, símbolo de su consagración para santificar a los fieles.
El lema que guiará su vida como sacerdote es una pregunta sencilla pero profunda: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Corintios 4,7). Con esta pregunta de san Pablo, el nuevo padre Yasniel quiere recordarse cada día que todo lo que tiene: su fe, su vocación y ahora su ministerio, es un regalo de Dios. Es una confesión de gratitud, y pone todo lo recibido al servicio de la gente como un buen administrador de la confianza que Dios le ha dado.
La Santa Misa de ordenación fue un momento de gracia para toda la comunidad. El templo se llenó de fieles, familiares, sacerdotes y religiosas que corearon con fervor la letanía de los santos, e imploraron al Espíritu por el nuevo ministro.
Esta ordenación es un motivo de regocijo para la Iglesia en Cuba. En un momento en que el mundo necesita testigos auténticos de caridad y esperanza, el «sí» generoso de jóvenes como Yasniel renueva la fe en la vitalidad de la Iglesia y en la promesa de Cristo de estar con nosotros «hasta el fin del mundo».









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