
fotografías de Marie-Heidi Pérez
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La villa de San Cristóbal de La Habana, fundada el 16 de noviembre de 1519, celebra sus 505 años de historia con un profundo sentido de fe y tradición, que nos recuerda la primera misa celebrada en este suelo bendecido, en honor al mártir san Cristóbal de Lycia, en la cual, «…españoles, nativos y criollos, estaban unidos bajo un mismo cielo, bajo una misma ceiba, sobre una misma tierra…», como bien lo plasma Vermay en sus cuadros. Este fue un acto que cimentó los valores espirituales y religiosos de nuestra comunidad.
Como las grandes solemnidades se preparan bien desde el día antes, S.E. monseñor Eloy Ricardo Domínguez Martínez, obispo auxiliar de La Habana, celebró una misa de vigilia en la S.M.I. Catedral de La Habana que animó a los feligreses a alistarse para su fiesta patronal.
A las 6:00 de la mañana del sábado comenzaron los festejos, con una tradición católica única en Cuba, la Misa de los Mudos, oficiada por el presbítero Yosvany Carvajal Sureda, párroco de esta comunidad, en completo silencio, un momento para la contemplación y la comunicación interna con Dios.
Durante todo el día se escuchó el toque de las aldabas al entrar por la puerta ancha de la iglesia, tres toques llamando al santo para que los bendiga y acompañe. Esta tradición lleva también la visita a la ceiba del Templete por donde pasan durante todo el día creyentes para ver cumplidas sus promesas con las tres vueltas características al árbol. Estos hermanos con folclor cubano y devoción mediante ritos ponen sus deseos a los pies de san Cristóbal, patrón de los chóferes, viajeros y emigrantes, y protector de la ciudad.
El padre Juan Ríos Dorta, párroco de la iglesia de Monserrate, ofreció la misa de difuntos, en la que estuvieron presentes aquellos amigos y familiares de fallecidos que en otro momento acompañaron estas celebraciones.
Un signo de esperanza fueron los tres bautizos de niños celebrados por el diácono José Luis Sánchez, quien será ordenado sacerdote en su comunidad de la Catedral. La alegría, la cercanía y la cubanía de este joven representan las raíces de su herencia habanera.
Un honor fue la celebración presidida por S.E. Mons. Antoine Camilleri, el nuevo nuncio apostólico en Cuba, quien en su homilía hizo un breve recuento de la historia de san Cristóbal, quien se propuso servir al rey más poderoso del mundo y en esta búsqueda encontró a Cristo, que tiene la fuerza de todos los hombres y los ángeles juntos. La enseñanza que nos deja es que todo cristiano es un portador de Cristo, y que, como el santo, debemos llevar a Jesús en nuestros brazos o corazones y llevar agua viva a quienes tienen sed.
Con las campanadas de las doce meridiano se inició el Ángelus guiado por la Legión de María, con el pedido a la Madre de amparo para los cubanos, que necesitan de su presencia y de su amor. Dos horas después tuvo lugar la Misa por los Emigrantes, celebrada por el padre José Manuel Araya Chavarría, C.Ss.R., misionero costarricense en Cuba. Fue una liturgia para los que han dejado suelo cubano, para que el patrón los anime a seguir buscando el bien y se mantengan cerca de Dios allí donde estén.
Como broche de oro S.E. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, ofició la misa de clausura de estas celebraciones, con un llamado a trabajar juntos por una Cuba mejor, donde no haya insultos, violencia ni divisiones. Citó al Apóstol y recordó su enseñanza sobre el amor, la fuerza más poderosa.
Luego, presidió la procesión que salió desde las puertas de la Catedral con campanas proclamando la gloria de san Cristóbal. El padre Jorge Luis Pérez Soto estuvo al frente de la organización, y en una de las paradas para reflexionar y orar preguntó a los fieles: «¿Esta queridísima Habana nuestra cómo quiere llamarse a sí misma: Réprobo anterior nombre del santo o Cristóbal nombre adoptado después de la conversión?, ¿rechazada o buscadora de Cristo? Solo quien ama y busca a Cristo puede amar sin pedir condiciones, puede perdonar sin exigir garantías, puede abrazar incluso con dolor, solo quien busca a Cristo no rechazará a ningún hermano, lo cuidará como a sí mismo. Que ningún cubano hiera o rechace a otro cubano, que todos, por ser hijos de san Cristóbal, nos amemos con amor de hermanos…».
Y como símbolo de perdón invitó a los participantes a hacer un gesto visible de reconciliación con la persona más cercana en ese momento. En otra pausa el cardenal invitó a llevar nuestras cruces diarias como el santo cargó al niño Jesús, no desde la obligación ni la resignación sino desde el amor por los demás; pidió a los matrimonios comprometerse el uno con el otro hasta la vida eterna, como signo de amor verdadero.
Que esta memoria de los 505 años de fundación nos inspire a seguir recordando no solo los eventos históricos, sino también los valores de fe, esperanza y amor, que han guiado a esta ciudad desde sus inicios.
Así, mirando siempre al futuro con esta determinación, caminemos unidos como símbolo poderoso de la devoción y el compromiso de los habaneros, nativos o adoptados, en la construcción de una Habana mejor.












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