Una Iglesia que quiere renovarse en su fidelidad a Dios y al pueblo

Por: padre Ariel Suárez Jáuregui

Secretario Adjunto de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba

Párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana

palabranueva@ccpadrevarela.org

 

En los últimos tiempos han proliferado en el mundo los llamados libros de autoayuda. Hay mucha gente que los lee y consulta con avidez. En ellos aparece un denominador común a la hora de subrayar la necesidad de proponerse metas y objetivos. Todos indican la fortaleza interior, la voluntad férrea y la constancia como los mejores aliados para alcanzar lo que se desea. Esta misma dinámica acompaña casi todos los documentales o entrevistas a los «famosos», ya sea en el deporte, la música, la danza, el dominio de los idiomas, las destrezas tecnológicas o los éxitos empresariales.

En las revelaciones que hacen a los periodistas, los entrevistados aluden a que, habiéndose propuesto la realización de un sueño, todas las dimensiones de la vida se han encaminado a alcanzarlo, incluso con sacrificios y no pocos sufrimientos. La conclusión casi siempre es la misma: han valido la pena todas las renuncias y los esfuerzos para lograr lo proyectado.

En versión popular y cubana de lo anterior, vivimos tanta alegría en las familias cuando un hijo logra graduarse en la Universidad, o abrir un negocio con buenos resultados. Todos hemos escuchado las narraciones de vecinos, conocidos, amigos y familiares, que han emigrado a otras tierras y nos relatan los pormenores de las travesías y el exitoso desenlace. ¿Por qué comienzo con esta especie de enumeración de factores que de algún modo, hacen mella en nuestras vidas? Porque quizá hay una conciencia extendida de que el ser humano debe orientar la existencia hacia unos objetivos y en base a ellos, organizarse, establecer prioridades y ponerse en movimiento. Eso, así de sencillo, es el mismo dinamismo que la Iglesia muestra cuando reza, elabora, discierne y presenta un Plan Pastoral. Con la diferencia de que, en un Plan Pastoral de la Iglesia, el objetivo lo pone el Señor y la meta es nada más y nada menos, que compartir con todos los hombres y mujeres que nos topamos en el camino, el Bien Sumo que es encontrar a Jesucristo y compartir su vida plena y sin fin.

Quizá los creyentes deberíamos preguntarnos por qué a veces somos tan entusiastas con los planes que pensamos nos van a mejorar las condiciones de vida y el bolsillo; y bastante menos con aquellos que tienen que ver con Dios, con su propuesta para nosotros, con la oferta de vida eterna que Él nos ofrece y que quiere regalarnos gratuitamente. ¿Será que tenemos déficit de fe? En mi personal percepción, el nuevo Plan Pastoral de la Iglesia en Cuba, que los obispos promulgaron el pasado 15 de agosto de 2023, no se entiende ni puede asumirse plenamente sin una actitud profunda de fe. Nos vendría bien una recepción sincera y orante del Mensaje sobre la fe que los mismos obispos nos regalaron el día de la Virgen de la Caridad y que tiene por título: «Crean en la Buena Noticia», una invitación a renovar la fe para adherir a Cristo y su salvación.

En el número 22 del texto sobre la fe, nos dicen nuestros Pastores: «Esa salvación acogida en la fe y recibida en los sacramentos de la Iglesia, produce alegría en los discípulos de Cristo. Y como sucede siempre cuando estamos alegres, queremos compartir esa dicha con los demás. Por eso, la fe genera en nosotros un dinamismo misionero. No se concibe un verdadero cristiano que no comparta su fe con los otros: familia, amistades, vecinos, compañeros de trabajo o estudio».

La Iglesia en Cuba, para compartir este tesoro y esta alegría con todos los cubanos, ha visto la necesidad de establecer prioridades, de indicar senderos, de acentuar elementos del Evangelio que hoy descubrimos más urgentes. Este camino, hecho de oración, discernimiento comunitario, diálogo y escucha recíproca entre laicos, seminaristas, religiosos, religiosas, diáconos permanentes, sacerdotes y obispos, ha tenido un fruto concreto en el quinto Plan Pastoral Nacional que estamos implementando.

El nuevo Plan Pastoral de la Iglesia Católica en Cuba tiene como título «Conviértanse y crean en el Evangelio», como inspiración bíblica el texto del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) y como objetivo general: «Vivir una conversión permanente a Jesucristo, a nivel personal y comunitario, para acercarnos al que sufre, sanar heridas y compartir con todos la alegría del Evangelio». Es este un hermoso y valiente programa de vida que nos orienta a dar testimonio del Señor Resucitado, comprometidos con la desafiante realidad que experimentamos como pueblo y como Iglesia. Y nos aporta claridad para el camino que queremos recorrer juntos, todos los miembros del pueblo de Dios que peregrinamos a la casa del Padre Celestial.

La llamada a la conversión permanente a Jesucristo es una invitación a tomarnos en serio el Evangelio, a asumir los criterios, las opciones y el estilo de Jesús con autenticidad, descubriendo el verdadero rostro de Dios, que está lleno de amor por todos sus hijos e hijas. Este Dios nos enseña que el verdadero culto que le agrada tiene que ver con el servicio humilde a los demás, especialmente a los más pobres y necesitados. Ocúpate de los otros, preocúpate de construir un mundo de fraternidad, ora para que seas más de Jesús y como Él, rompe esquemas y costumbres que te atan al pasado, sal de ti mismo para amar con corazón grande, consuela y anima a los que han perdido la esperanza. En una palabra, vive como nos enseñó Jesús: esto podría ser el resumen de lo que nos pide el nuevo Plan Pastoral como personas y como comunidad cristiana.

 

¿De dónde surgió este Plan Pastoral?

Desde el año 1997 la Iglesia católica en Cuba adoptó como sistema de organización pastoral la elaboración de un plan para un período determinado de años. El primero fue de 1997 al 2000, el segundo del 2001 al 2005, el tercero del 2006 al 2012, el cuarto del 2014 al 2020 y ahora estamos acogiendo el quinto Plan Pastoral, una propuesta para los años de 2023 al 2030. Este nuevo don que la Iglesia en Cuba se hace a sí misma, se ha nutrido de las evaluaciones del Plan 2014-2020 realizadas en el encuentro nacional de coordinadores diocesanos de pastoral con los secretarios ejecutivos de las diferentes comisiones nacionales, los obispos responsables: Presidente y Secretario general de la COCC, su secretario adjunto y el departamento de coordinación pastoral de la COCC. También ha tenido en cuenta los resultados de las asambleas parroquiales y diocesanas realizadas en el marco del proceso sinodal y las aportaciones que esos encuentros hicieron. Una comisión nombrada por los obispos se encargó de recoger todo ese material y redactar un primer borrador del Plan. Ese esquema volvió a las diócesis y comisiones diocesanas. En la elaboración final se integraron las sugerencias, añadidos y reclamos que aportaron los diferentes grupos que animan la pastoral de la Iglesia en Cuba.

 

¿Dónde estamos ahora?

Este es el tiempo más importante y definitivo del Plan Pastoral, el de implementarlo con entusiasmo, con espíritu de fe. Como miembros de la Iglesia que peregrina en Cuba, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles laicos, estamos llamados a asumir este instrumento elaborado por todos y que, aunque tiene límites como toda obra humana, contiene la riqueza y el valor de nuestro sueño común para la vida de la Iglesia en los años venideros: que nos sirva para evaluar la calidad evangélica de nuestra vida personal, y que a través de los consejos parroquiales y consejos de comunidad, podamos renovar y orientar la vitalidad, el testimonio de fraternidad y el dinamismo misionero de nuestras comunidades cristianas.

El verdadero Plan Pastoral de la Iglesia es siempre el Evangelio. Concretarlo para el aquí y ahora de la Iglesia católica en Cuba, en el espíritu sinodal, es a lo que nos sentimos convocados con esta propuesta y sobre todo, con la ayuda del Espíritu Santo. Que la Virgen de la Caridad, quien precede a la Iglesia siempre en el corazón de los cubanos, nos enseñe y estimule en el camino, siempre antiguo y siempre nuevo, de la comunión, la participación y la misión. W

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