Jornada Mundial de la Juventud, antídoto contra el sofá

Por: Redacción Palabra Nueva

De identidad claramente católica, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una invitación, tanto a los miembros de la Iglesia católica como a los más distanciados, a construir un mundo más justo y solidario.

Prevista para la primera semana de agosto próximo, en Lisboa, la capital portuguesa, el encuentro de jóvenes de todo el mundo con el Papa Francisco será de nuevo una expresión del papel de los jóvenes en la Iglesia Universal y un fuerte momento de evangelización del mundo juvenil.

A la Jornada Mundial de la Juventud el Papa ha invitado a los jóvenes a acudir llenos de esperanza, es un tipo de encuentro donde, aclaró, “se crece mucho en una jornada como esta”, y les aconsejó “hablar con los ancianos, porque les ofrecerán sabiduría”.

Como ha sido tradicional desde que el Papa san Juan Pablo II instituyó en 1985 la Jornada Mundial de la Juventud, tras un encuentro internacional que la Iglesia organizó el Domingo de Ramos del año anterior, con otros 350 000 jóvenes que se reunieron en la Plaza de San Pedro, la cita de Lisboa pretende proporcionar a los participantes una experiencia de Iglesia Universal, fomentando el encuentro personal con Jesucristo. Es un nuevo impulso a la fe, a la esperanza y a la caridad de toda la comunidad portuguesa, que los acogerá.

Con los jóvenes como protagonistas, la Jornada Mundial de la Juventud busca, también, promover la paz, la unión y la fraternidad entre los pueblos y las naciones de todo el mundo.

Los antecedentes históricos de la JMJ datan de 1975, cuando, con el Papa Pablo VI, tuvo lugar en Roma el encuentro internacional de jóvenes durante la semana santa del Jubileo o Año Santo como clausura de la I Marcia Internationale della Reconziliatione Cristiana que recorrió el camino de san Francisco desde Asís hasta Roma, en la que participaron jóvenes llegados de numerosos países del mundo.

El lema de Lisboa

El lema de la Jornada Mundial de la Juventud, escogido por el Papa Francisco, es “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1.39), una cita del Evangelio de San Lucas que abre el relato de la Visitación y sigue a la Anunciación, que fue el tema de la pasada JMJ, en 2019, en Panamá.

En la conversación que mantiene con María, en la Anunciación, el ángel también le dice que su prima, una anciana considerada estéril, estaba embarazada. Es entonces cuando María, después de decirle al ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1.38), emprende el camino hacia Ein Karem, una aldea cerca de Jerusalén, donde Isabel vivía mientras esperaba el nacimiento de Juan, quien se convertiría en San Juan Bautista.

María es una figura y un ejemplo imprescindible en el camino del cristiano, nos enseña a decirle sí a Dios. Fue la protagonista de la última edición de la JMJ y también lo será en Lisboa.

El Papa Francisco ve a los jóvenes proyectados hacia la cita de Portugal “siempre mirando a ese horizonte, a esa esperanza”.

“Participar en la Jornada es algo hermoso”, ha dicho el Sumo Pontífice, que desde hace meses invitó a los jóvenes a preparar el acontecimiento con alegría. “Poned esperanza, poned esperanza”, porque crecemos mucho en una Jornada como esta. No nos damos cuenta —añade— pero las cosas quedan dentro, los valores que hemos encontrado, las relaciones que hemos tenido con otros jóvenes de otros países, los encuentros, todo queda dentro y, sobre todo, ver la fuerza de los jóvenes. La Iglesia tiene la fuerza de los jóvenes. Por tanto, adelante”.

En el propio contacto que ha mantenido en los últimos meses con los futuros protagonistas de la JMJ, el Papa dio una sugerencia para preparar bien esta de Lisboa. “Mirad a las raíces, tratad de encontrar a los mayores”, mientras instó a los que tienen abuelos a dialogar con ellos, a pedirles consejo sobre cómo vivir esta cita: “Ellos os darán sabiduría, y vosotros siempre adelante”. Y concluye: “Os espero en Lisboa”.

La Jornada de Lisboa ha generado un libro de la periodista portuguesa Aura Miguel. Se titula Un largo camino hacia Lisboa (Um Longo Caminho até Lisboa, Bertrand Editora) y el prefacio es del Papa Francisco. El volumen narra desde el principio el recorrido de las Jornadas Mundiales de la Juventud con vistas a la próxima JMJ en la capital portuguesa en agosto.

El libro de Aura sitúa en su tiempo las diferentes Jornadas Mundiales de la Juventud, con una cronología de los principales acontecimientos en el mundo y en la Iglesia. El corazón del relato —y esto le gusta al Papa— es lo que ella, como periodista, observadora y creyente, ha captado durante sus coberturas de las Jornadas, desde la primera hasta la de Panamá. “Haber participado en persona es incomparable a haberlo seguido desde la distancia, aunque sea leyendo o viéndolo todo a través de la televisión”, reconoce Francisco.

El Papa Francisco insiste en destacar que las JMJ han sido y siguen siendo momentos fuertes para la experiencia de los jóvenes, “y la inspiración inicial que movió a nuestro querido Papa Wojtyla no se ha desvanecido. Por el contrario, el cambio de época que más o menos conscientemente estamos viviendo representa un desafío también y sobre todo para las generaciones más jóvenes”.

Se supone, por comentarios de Francisco, que la Jornada de agosto próximo, a la que asistirá también una representación de jóvenes católicos de toda Cuba, introduzca el tema de los llamados “nativos digitales”, los chicos de hoy que suelen aislarse en el ambiente virtual gran parte de su tiempo, “haciéndose presa de un mercado agresivo que induce a falsas necesidades. Con la pandemia de COVID y la experiencia del encierro, estos riesgos han aumentado aún más. Salir de casa, salir con compañeros de viaje, vivir experiencias fuertes de escucha y oración, combinadas con momentos de celebración, y hacerlo juntos, hace que estos momentos sean preciosos para la vida de cada uno”, ha opinado el Papa. “Una y otra vez he invitado a los jóvenes a no balconear, es decir, a no permanecer en el balcón viendo pasar la vida como observadores que no se entrometen, que no se ensucian las manos, que interponen la pantalla de un smartphone o de un ordenador entre ellos y el resto del mundo. Una y otra vez les he dicho que no sean ‘jóvenes de sofá’, que no se dejen anestesiar por quienes tienen todo el interés en tenerlos atontados y adormecidos. La juventud es sueño, es apertura a la realidad, es descubrimiento de lo que realmente vale la pena en la vida, es lucha por conquistarlo, es abrirse a relaciones intensas y verdaderas, es compromiso con los demás y para los demás”.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido, precisamente, un antídoto contra el acomodamiento del sofá, el desinterés, aunque no baste con tener una experiencia inmensa en estos encuentros, si después no se cultiva en un terreno fértil que la apoye y la acompañe.

Lo que la Iglesia espera y desea, en cualquier parte del mundo, es que los jóvenes católicos siempre pisen ese terreno fecundo.

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