Padre Charles Monegal: «La gente no pierde la fe»

Texto y fotos de Ángel Marqués Dolz (palabranueva@ccpadrevarela.org)

P. Charles Monegal en plena liturgia
P. Charles Monegal en plena liturgia

Luego de una misa de dos horas y de ungir con óleo bendecido a cuantos se lo pedían, el sacerdote y antiguo capellán del cementerio Colón conversó gentilmente con Palabra Nueva acerca de lo humano y lo divino.

«Si voy a responder preguntas, déjame ponerme la sotana», dice el padre Charles, buscando una solemnidad que no escapa a su intención de empatía con el entrevistador.

Estamos en la sacristía con el rector del Santuario del Rincón, uno de los sitios más espiritualmente acrisolados de Cuba. Aquí se entrelazan la fe y la esperanza en un templo propiciatorio de encuentro y confraternidad para aquellos que buscan alivio, consuelo y sanación.

 

Un santuario de oración y esperanza

Padre Monegal, usted es el rector de esta importante institución espiritual y de socorro y como tal busco su opinión acerca del año jubilar dedicado a los enfermos. Dicho esto, ¿cuál es el papel fundamental de este santuario?

«Más allá del año jubilar, este santuario tiene una profunda vocación de oración por la salud de los enfermos. Surgió a la sombra de un hospital, aunque espiritualmente es al revés: el hospital está a la sombra del santuario. En sus orígenes fue la pequeña capilla del hospital que, con el tiempo y la devoción de los fieles, se convirtió en un santuario, sin que la autoridad eclesiástica lo planeara explícitamente.

»Este lugar no solo acoge a enfermos de Hansen, sino también a personas que buscan penitencia y sacrificio para recuperar la salud. Es un lugar de peregrinación donde la gente viene a pedir salud. Si preguntas a los que están afuera, casi todos te dirán que vienen por eso. En la misa, cuando pregunto qué vienen a pedir a san Lázaro, la respuesta unánime es “salud”. Algunos incluso añaden que a san Lázaro no se le pide dinero ni prosperidad, sino salud».

 

Religiosidad popular: un desafío y una oportunidad

¿Cómo asume la Iglesia católica la religiosidad popular que se manifiesta con tanta pasión y fuerza en el santuario?

«Es un reto, pero un reto positivo. Hay que diferenciar entre la religiosidad popular católica y el sincretismo afrocubano. En cuanto a la piedad popular, la gente en Cuba sabe que Dios existe, aunque su formación religiosa no sea muy profunda. Pocos se declaran ateos abiertamente, y si lo hacen, no lo sienten así en su interior.

»En el santuario, procuramos que la celebración de la misa, los sacramentales y las oraciones respeten el ritual romano y la belleza de la liturgia, pero utilizando un lenguaje que llegue al corazón del pueblo.

»El trabajo más desafiante es con la religiosidad afrocubana. Muchos se consideran católicos, pero también practican religiones paganas. A pesar de que vienen con muy buena intención, encontramos dificultades como la renuencia a quitarse el sombrero en la iglesia por supersticiones. Sin embargo, la mayoría son piadosos y devotos, y buscan la oración del sacerdote.

»Nosotros, siguiendo el mandato de Jesucristo de “ir por el mundo y bautizar”, no solo acogemos a los hermanos de la religión yoruba con respeto, sino que queremos enseñarles a Jesucristo. Queremos que lo conozcan como lo mejor, que le sirvan, le amen y abandonen el paganismo. Ese es nuestro propósito: evangelizar, como hicieron los apóstoles para convertir a los pueblos de Europa y establecer el mundo cristiano.

»Por supuesto, somos respetuosos. No podemos decir que su cultura o religión no sirven para nada. Pero tratamos de proponer a Jesucristo como lo más importante, con la esperanza de que se conviertan a Cristo, le sirvan, le amen y abandonen el paganismo. Al mismo tiempo, los recibimos con cariño y respeto, porque las puertas de la iglesia están abiertas para todos».

 

Sinergia con los servicios médicos estatales

¿Cómo es la relación entre el santuario y los servicios médicos del Estado? ¿Cómo se da esta sinergia?

«Este es un lugar peculiar. El hospital siempre ha sido del gobierno cubano, desde la época española, pasando por la república y la revolución. Aquí siempre hubo una especie de triunvirato: el cura, la superiora de las monjas y el director del hospital. Entre los tres gestionaban los asuntos de esta casa.

»Después de la revolución, la dinámica cambió, pero siempre hemos mantenido buenas relaciones con el director y el personal del hospital. Nos colaboramos mutuamente. Por ejemplo, el director tiene una huerta y nos manda lechuga para los trabajadores. Si hay una necesidad en el hospital, como un aire acondicionado averiado, nosotros ayudamos. Cada uno respeta su lugar y su espacio, y nos coordinamos en lo que podemos».

 

Ausencia sentida

Y las monjas, ¿por qué ya no hay presencia de ellas?

«Lamentamos la ausencia de las monjas, que eran una gran ayuda y una figura femenina hermosa. Eran Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Tuvieron que irse por falta de religiosas. Algunos dijeron que yo las saqué, otros que fue el director, pero ellas se fueron tristes porque no tenían suficientes religiosas para atender este lugar. Además, la enfermedad de Hansen ya no tiene la misma connotación que antes. Ahora, los pacientes se van a casa, se medican y se curan. Aquí quedan unos veintitrés ancianos que eran atendidos por las monjas cuando la enfermedad no tenía cura.

»La partida de las monjas ha supuesto un trabajo adicional para nosotros, no porque nos den trabajo, sino porque hay que velar por esos ancianos. Tratamos de ayudarles en lo que podemos, pero no lo hacemos tan bien como ellas. La mujer es la mujer, y ellas conocían a esos viejitos como a sus hijos. Los ancianos las extrañan mucho».

 

Crisis, fe y transporte

En Cuba, las crisis parecen cíclicas. ¿Siente que estas crisis alimentan la religiosidad del cubano?

«No lo sé. Noto que la gente no pierde la fe, pero una fe no formada es difícil que ayude. Viene mucha gente, y creo que la fe persiste. Sin embargo, las nuevas generaciones tienen menos cercanía a Dios porque no han recibido la transmisión de las tradiciones religiosas. Hay una necesidad de formación religiosa, pero la fe siempre está presente.

»En cuanto al santuario, ha disminuido la asistencia, no por falta de fe, sino por problemas de transporte. El santuario está lejos. Normalmente, las fiestas de san Lázaro, del 17 de septiembre al 17 de diciembre, atraen a mucha gente. Este año, la asistencia ha sido más baja, como en temporada baja, hasta los últimos días de noviembre. En diciembre hubo un repunte, pero en enero volvió a caer. Además, los apagones y los ciclones coincidieron con muchos fines de semana. En resumen, hay una menor asistencia de fieles al santuario en este tiempo».

 

La singular devoción a san Lázaro. Ambivalencias

Teológicamente, ¿cómo se explica la convivencia de san Lázaro obispo y san Lázaro con los perros? ¿Hay una contradicción o una simbiosis en esta doble devoción?

«Hay una confusión en la Iglesia católica, que no tiene que ver con la santidad ni con la piedad popular. El san Lázaro obispo, cuya fiesta es el 17 de diciembre, es el hermano de Marta y María, que luego fue obispo de Chipre. El san Lázaro obispo tiene todas las características para ser un personaje histórico.

»Por otro lado, todos los leprosorios católicos de Europa están dedicados al san Lázaro de la parábola, con su aureola y sus perritos. Se le pide a san Lázaro que nos libre de la peste, pero su fiesta se celebra el día de san Lázaro obispo. La orden de san Lázaro, una orden militar medieval de caballeros leprosos, también contribuye a esta confusión.

»La imagen que tenemos en el altar lateral es una imagen barroca del siglo xviii que estaba en el leprosorio de La Habana Vieja, donde se celebraba la misa el 17 de diciembre. Así que esta confusión no es nueva. La religión yoruba y la religión popular añaden elementos a esta realidad.

»Personalmente, creo que el san Lázaro de la parábola fue un personaje histórico. Se nos dijo que no para evitar el sincretismo, pero en Europa hay iglesias e imágenes antiguas de san Lázaro, y es una devoción católica.

»En la práctica, tratamos a ambos como dos personas distintas, pero cuando me preguntan a quién está dedicada la iglesia, respondo que a san Lázaro, a los dos. Mencionamos a Lázaro en el oficio de difuntos, pidiendo que “con Lázaro, que fue pobre en otro tiempo, tengas descanso eterno o entres en el paraíso”. Si Lázaro está en el paraíso, es porque existió.

»Jesús es el único que usa un nombre en una parábola, lo que sugiere que pudo ser una persona real. Lo cierto es que la gente le pide milagros al san Lázaro de la parábola y los alcanza por la misericordia de Dios. Así que debe haber alguien arriba que tramite esas oraciones y conceda esas gracias».

La Iglesia y la modernidad: ¿tecnología o tradición?

Padre, me ha llamado la atención que Ud. ha tomado su móvil y un misal para intervenir en la liturgia. ¿Qué opinión le merece el uso de la tecnología en la evangelización? ¿Ve posible que la Iglesia evangelice mediante un teléfono móvil?

«Por supuesto. Hay curas predicando en YouTube, así que es posible. Sin embargo, a mí no me gusta usar el teléfono en la liturgia, por la belleza y la sacralidad de la misma. Prefiero los libros, porque Cristo es la palabra eterna del Padre, y un libro habla más de palabra que un aparato. Pero, en situaciones de emergencia, la tecnología puede ser conveniente. Por ejemplo, si no tengo el libro de las letanías, puedo buscarlo en Internet».

 

El último en decir adiós al Seminario de San Carlos y San Ambrosio

A los lectores de Palabra Nueva les interesará conocer un perfil biográfico suyo… ¿Es posible?

«En la tarde del 29 de junio del año 2017 fui ordenado sacerdote. Fui de los primeros que ordenó el obispo de La Habana, Juan de la Caridad, antes de ser cardenal. Fuimos tres los ordenados: el padre Alfredo, el padre Eduardo y yo».

 

¿Lo hizo todavía en el histórico Seminario de San Carlos y San Ambrosio?

«Fui el último que vivió en la casa vieja y en el seminario viejo, estando en Propedéutico y primero de Filosofía. Ayudé a mudar la casa con todos los seminaristas para el seminario nuevo en Guanabacoa y todos se fueron ordenando, se fueron graduando y se fueron yendo y el último grupito que quedó fue el mío y ya después que yo salí del seminario no quedó nadie allí.

»Debo decir que aunque en el seminario se insiste mucho en el amor a Cuba, en la casa vieja era magnífico todo, porque había un ambiente de amor a la patria, a la nacionalidad cubana. Ahí estaba la pila donde fue bautizado José Martí, donde fue bautizado Félix Varela».

 

La Iglesia a futuro

¿Cómo percibe el futuro de la Iglesia en Cuba, en medio de tantas dificultades y privaciones?

«Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera y como Dios quiera. Pero si miramos el plano terrenal y humano, pues será un camino difícil de recorrer. Ahora, este es el año jubilar de la Esperanza y eso nos ayudará a entender que Dios siempre tiene caminos nuevos, ¿verdad?

»No importa que haya que quitar maleza, Dios siempre tendrá caminos nuevos y siempre dispondrá la manera de que su obra salga adelante y llegue a feliz término, porque nada ni nadie podrá contra la Iglesia y ni las persecuciones cuando ha habido. Ahora no hay persecución, ahora hay dificultades. Y si las persecuciones, la muerte de los mártires, no acabaron con la Iglesia, pues las dificultades materiales o lo que sea, con amor, las sortearemos.

»Si no hay luz, seguiremos predicando. Habrá que gritar más, y ya está».

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