Párroco Ariel Suárez: «La misión de la Iglesia es predicar el Evangelio»

Por: Mario Vizcaíno Serrat (palabranueva@ccpadrevarela.org)

Haila María Mompié, Alain Pérez y Yomil, entre los primeros feligreses en llegar a la parroquia
Haila María Mompié, Alain Pérez y Yomil, entre los primeros feligreses en llegar a la parroquia

El pulso que simpatizantes y críticos de Celia Cruz protagonizaron en Cuba alrededor de los cien años de su nacimiento involucró a la Iglesia católica cuando la cantante Haila María Mompié acudió por WhatsApp al padre Ariel Suárez Jáuregui y le pidió la posibilidad de rezar por la fallecida artista en la misa por los difuntos que tocaba celebrar el día de su centenario.

El deseo de orar por Celia Cruz en el templo que preside la Virgen de la Caridad del Cobre se debió a que la excantante de la Sonora Matancera era devota de la Patrona de Cuba.

Fiel al espíritu de la Iglesia de estar abierta para todos, la arquidiócesis y el párroco del popular templo de Centro Habana dijeron sí, y a Haila se le sumaron los músicos Alain Pérez y Yomil. De modo que mientras se celebraba la misa por los difuntos y el ambiente de culto a Dios se derramaba sobre los feligreses, la bondad y la misericordia vencían al sin sentido de la confrontación ideológica que durante tantos años alejó a Celia Cruz de su público natural, y los fieles oraban para conseguir del Padre celestial el descanso eterno para ella.

Casi dos semanas después de la misa, intacta la viejísima polémica ideológica que los defensores del pasado no dejan morir, Palabra Nueva quiso conocer, para saciar la curiosidad natural de sus lectores, cómo sintió el sacerdote Suárez Jáuregui un proceso que lo sorprendió y en el que facilitó, en el momento de rendirle honor a Dios, que Celia Cruz tuviera un poco más de paz.

—¿Qué le dejó el proceso de preparación de esta misa?

—Me dejó tranquilo y agradecido a Dios. Porque la Iglesia pudo mostrar una vez más, que es una casa abierta para todos, donde podemos encontrarnos con Dios y encomendarle a los difuntos que amamos, en esa gran oración que es la Misa.

—¿Qué detalles, qué rasgos dignos de comentar, puede tener una misa por el alma de alguien que es un ícono cultural y, por tanto, popular?

—A la prensa extranjera que me abordó antes de la misa, pude clarificarle que no era en sentido estricto un homenaje a Celia. La Iglesia rinde siempre honor a Su Señor, al Dios Uno y Trino. Incluso cuando celebramos la memoria de la Virgen Santísima o de los Santos canonizados, en realidad celebramos y damos culto a Dios, que es el autor de la santidad de sus hijos e hijas. La Misa pues, es culto a Dios y como es, al mismo tiempo, el memorial del misterio pascual, oramos por los vivos y los difuntos, ya que por todos Cristo murió y resucitó. Lo que se nos pidió fue rezar por Celia, como rezamos por todos los difuntos. El hecho de que se tratase de un «ícono cultural», como tú dices, es lo que, probablemente, suscitó un marcado interés por esa iniciativa, que la Iglesia hace todos los días, en el mundo entero.

—Mientras buscada información de Celia Cruz, ¿la escuchó cantar?

—No en este momento. La había escuchado en otras ocasiones previas y después de la misa también lo hice.

—¿Le gustó que los músicos le hayan pedido oficiar esa misa?

—Sí. Porque me pareció positivo que lo que querían era orar. Y la oración es una fuerza potente que une a los hombres con Dios y entre nosotros.

—Ideología y política de por medio, las redes sociales han recogido en las últimas semanas opiniones a favor y en contra de homenajear a Celia Cruz por los cien años de su nacimiento. En su opinión, ¿qué debe primar para decidir algo así?

—En el mundo de hoy parece inevitable que, sobre cualquier acontecimiento, se emitan criterios y juicios desde diversos ángulos. Lo hemos visto, por ejemplo, en las visitas de los últimos tres Papas a Cuba. Ellos hablaron con sus discursos y también con sus gestos. Fueron visitas pastorales, pero con incidencias en otros campos, porque así es la vida. La gente de fe sencilla entiende y da gracias a Dios cuando el Evangelio es predicado. Esa es la misión de la Iglesia. Cualquier oportunidad para hacerlo es un reto que se debe asumir. Como soy un pastor, me esfuerzo por enfocarme en lo que Dios me pide. En tu artículo de Palabra Nueva lo expresaste muy bien, en lo que subrayaste de mis palabras en la homilía.

El sacerdote Ariel Suárez se refiere a una idea de su homilía, aquella mañana luminosa del 21 de octubre, al amparo de la Virgen de la Caridad del Cobre, el gran símbolo de esperanza y fortaleza de los cubanos: «cada misa celebra la victoria de Jesús sobre la muerte y el mal, y cuando con mucha devoción ofrecemos misas por nuestros difuntos, por los seres que amamos, lo que pedimos para ellos es que el Señor perdone sus pecados y los haga participar en el triunfo sobre la muerte y el mal».

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