
CRUZ Y CABALLETE
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En el barrio de Los Sitios, municipio de Centro Habana, se levanta la parroquia de San Judas y San Nicolás; su nave lateral derecha está presidida por un altar dedicado a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, advocación mariana que se representa no como una imagen de bulto o tridimensional, exenta (escultura o talla), como es común en el cristianismo católico, sino mediante una pintura sobre madera, como lo requiere la fe de los cristianos orientales u ortodoxos.
La devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, en el catolicismo contemporáneo, vino de la mano de los Padres Redentoristas, de los cuales es patrona, en el siglo xix, pero su presencia en el occidente europeo se remonta a los finales del siglo xv, cuando ya era venerada en la Iglesia romana de los Padres Agustinos. Según la tradición, en aquel siglo llegó la imagen a la Ciudad Eterna proveniente de la isla de Creta, cuando un comerciante griego ortodoxo la trajo consigo, después que su vida fuera salvada por la intercesión milagrosa de esta advocación, durante un agitado viaje por mar.
El vocablo icono procede de la palabra griega eikon, que significa «imagen». A un icono se le considera un objeto divinamente inspirado, pues para la devoción de Iglesia ortodoxa no son simples representaciones religiosas, sino la divinidad materializada; por ello son pintados por monjes o personas santas que se constituyen a sí mismas en un canal inspirador de la voluntad divina. Un monje ortodoxo, por ejemplo, antes de pintar un icono debe realizar determinados actos piadosos como el retiro y la oración contemplativa: el proceso de la creación de un icono constituye un acto sagrado en su totalidad.
De esta manera, el artista carece de relevancia y permanece anónimo; por las mismas razones, las fórmulas y técnicas utilizadas para realización de iconos no han evolucionado apenas desde el siglo viii d.C. Las figuras se reproducen hieráticas y frontales, evitando la humanización de la misma a la vez que se resalta su carácter sacro: se está transmitiendo la idea de la Divinidad en un espacio bidimensional y no lo que nosotros percibimos a través de nuestros ojos mortales.
Esta actitud hacia la pintura y veneración de una imagen encuentra su razonamiento en Colosenses 1, 15: «Cristo es la imagen (eikon) del Dios invisible». La misma concepción sobre la representación de la imagen de Cristo se extiende a otros sujetos de devoción, como la Virgen, los Santos y los Mártires.
Como todo icono, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro contiene varios elementos iconográficos que son expresiones de una simbología que el creyente debe conocer e interiorizar; entre estos se encuentran abreviaciones en alfabeto griego de términos o conceptos como Madre de Dios, Arcángel San Gabriel, Arcángel San Miguel y Jesucristo; los ojos de María son de gran tamaño pues miran hacia nosotros y nuestras peticiones; las manos de Jesús descansan en la mano de María para señalar que mediante Ella advienen todas las gracias; la Madre de Dios viste una túnica roja que significa virginidad. El color dorado del fondo simboliza lo más elevado y espiritual; los dos arcángeles mencionados portan, respectivamente, la cruz y los clavos, instrumentos del martirio del Redentor. La pintura original fue coronada por el Papa Pio IX en 1867, como agradecimiento por los milagros realizados por la Virgen, fue entonces que se le llamó «Madre o Virgen del Perpetuo Socorro».
El origen de la parroquia de San Judas y San Nicolás se encuentra en una ermita dedicada a Nuestra Señora del Rosario, la cual fue destruida en 1802 por un incendio. Reconstruida en 1848, en 1854 fue bendecida como parroquia por el entonces Obispo de La Habana, Jacinto María Martínez. Una imagen de San Marón, que se conserva en uno de sus retablos, nos recuerda que esta iglesia parroquial sirvió para los oficios religiosos de la comunidad católica de rito sirio-maronita, residente en La Habana, hasta comienzos de la década de 1960. W
Bibliografía
San Judas Tadeo y San Nicolas de Bari, La Habana, Cuba. En https://www.parroquiasescolapias.org/.
Varios autores: L’ icone russe. Musée Historique de Moscou, Ediciones de Arte Aurora, Moscú, 1988.
Imágenes tomadas de Internet y realizadas por el autor de este texto, curador del Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana.




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