Cosas de Curas

Por: ONITOAN

«Si a mí me preguntan, digo la verdad, porque yo no digo mentiras».

Así respondió un hermanito religioso carmelita llamado Andrés Pra Benito. El nombre adoptado cuando comenzó su noviciado fue el de Fray Dionisio de San Juan de la Cruz. Sin embargo, en el convento de los Carmelitas Descalzos de La Habana, todos lo llamaban «el hermanito Andrés» o simplemente «el hermanito».

El hermanito Andrés llegó a Cuba procedente de su natal España, a fines de la década de 1950. Que yo sepa, siempre estuvo aquí hasta finales de los años noventa, cuando volvió a España para morir el 4 de noviembre del 2009.

Para los que no conocen la terminología religiosa, un hermano lego, lo que fue el hermanito Andrés, es el hombre que hace los tres votos (Obediencia, Castidad, Pobreza), pero que no es sacerdote. Los hermanos legos son clave esencial en la vida de un convento religioso. En ocasiones, algunos de ellos son compradores, carpinteros, plomeros, electricistas, cocineros… e incluso organistas, como lo fue el hermano Raúl Núñez en los Padres Paúles de la Habana.

Y el hermanito Andrés como era carmelita, hacía escapularios y era el amable portero del convento de Infanta y Neptuno. Servicial por naturaleza, a pesar de su aspecto raquítico, algo tartamudo, voz ronca y acampanada, era el rostro amable de su convento… en el que había un león. Sin embargo, el hermanito Andrés, autodidactamente aprendió inglés. Los lunes, que era su día libre, salía a confraternizar y evangelizar a los trabajadores del puerto. Y siempre con su acento español.

La anécdota que voy a contar ocurrió por los años ochenta del pasado siglo, cuando la crianza de cerdos estaba prohibida en la Habana, Artemisa y lo que es hoy Mayabeque, como consecuencia de la fiebre porcina, aparecida en junio de 1971 y extendida hasta enero de 1991, cuando se suspendió la prohibición.

Los carmelitas de «El Carmen habanero» estaban criando un puerquito de manera clandestina (como muchísimas de las cosas que se han hecho en Cuba en los últimos sesenta años) en la azotea del convento. Llegó el soplo a este de que la policía vendría a investigar. En efecto, la comunidad carmelitana se reunió. Uno de ellos sugirió: «Llevemos el cerdito para el convento de las madres carmelitas», a lo cual la voz del padre Clemente dijo: «No, porque si entra no sale…».

El hermanito Andrés por su cuenta, dijo: «Si a mí me preguntan, digo la verdad, porque yo no digo mentiras».

Ahora, a los carmelitas les aparecía otro problema más con el cerdo, ya que el hermanito era el portero del convento. Entonces prepararon a la secretaria, a ella se le encargó que cuando llegara la policía saliese a su encuentro, y los atendiera, tratando de que ni se acercaran al hermanito Andrés, y si le preguntaran por el hermanito, ella respondiera: «¿Ustedes no lo ven?, por eso él no pudo estudiar para sacerdote. No le hagan caso a lo que diga».

La policía nunca llegó. Después los frailes se enteraron de que la policía lo que estaba buscando era unos tubos de luz fría que se habían robado y estaban vendiendo de contrabando. Así, la paz volvió al Convento del Carmen y los frailes pudieron seguir criando su cerdito, que terminaría en la matanza.

Todo esto me lo contaron en una góndola veneciana, en la que yo, por supuesto, iba desternillado de la risa. Habrá otro artículo sobre el hermanito Andrés.

Se el primero en comentar

Deje un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*