
Que músicos e intérpretes experimentados de países y culturas diferentes compartan con estudiantes de una isla del Caribe las mismas sensaciones y emociones alrededor de sonidos de instrumentos, acordes y voces, muestra que no hay lenguaje tan universal como la música.
Es una verdad que ha vuelto a cobrar vida, de modo especial, durante la XI Semana de Música Sacra de La Habana. En iglesias del Centro Histórico, instituciones religiosas y el Centro Cultural Padre Félix Varela, artistas notables y jóvenes inexpertos se han unido alrededor de una música que ha brillado durante siglos con nombres como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel, Ludwig van Beethoven, Amadeus Mozart, Anton Bruckner y otros genios que han conectado al ser humano con Dios mediante sus propias creaciones.
Esta semana, la clavecinista estadounidense Kathleen McIntosh ha trabajado con estudiantes de piano del Instituto Superior de Arte en jornadas mediadas por la jovialidad y la tendencia a reír de una señora que en su casa de Santa Fe, en Nuevo México, escucha las sinfonías de Bruckner, y también al argentino Astor Piazzola.
«Estos muchachos están muy bien preparados. Han captado las ideas que les he dado. Son pianistas, estudian con técnicas distintas a las del clavecín, pero han estado abiertos a aprender. Yo estoy muy satisfecha», confiesa, al hablar sobre la relación musical con ellos en el taller de interpretación al clavecín que impartió durante cinco días, al amparo de san Cristóbal con el niño Jesús en hombros, en la Santa Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana. Con ellos hizo un concierto este sábado, en el Centro Cultural.
Palabra Nueva le pregunta a McIntosh qué papel desempeña el clavecín (o clavicémbalo) en la música sacra.

«Lo normal en la música sacra es el órgano, pero, por ejemplo, en una cantata de la época barroca, se usaría cémbalo, también para no parar la misa, para las separaciones, o para historias de la Biblia. Hay piezas hechas para clavicémbalo, que ilustran momentos del Antiguo Testamento, por ejemplo, la batalla entre David y Goliat. Pero el címbalo siempre se toca con otros instrumentos a la vez», explica.
El clavecín es un instrumento con teclado y cuerda pulsada, mientras el piano es de cuerda percutida.
La maestra estadounidense, conocida por su participación en el Festival de Música de Cámara de Santa Fe desde 1996, también lo ha hecho en festivales de Cuba, Japón, Perú, España y Alemania. Con esta, ha tomado parte en ocho Semanas de Música Sacra de La Habana.
Conversa con Palabra Nueva sentada en uno de los bancos de madera a la entrada del baptisterio de la Catedral.
¿Qué siente cuando ejecuta o escucha música sacra?
«Hay mucha música que no es nombrada sacra y lo es. Por ejemplo, y es solo mi opinión, todo lo que escribió Bach es música sacra. Era un hombre tan religioso, que eso influía en la música que escribía».
Kathleen McIntosh, que, según ella, lleva ¡miles de años en la música!, ha actuado como solista con orquestas en países tan distintos como Rusia y Vietnam. Interpreta música contemporánea y ha estrenado piezas de Leo Brouwer, Melinda Wagner, John Steinmetz y Carl Mansker.
Tras concluir la semana de música sacra, este domingo, y antes de regresar a su país, McIntosh tendrá en la provincia de Villa Clara, en el centro del país, tres presentaciones con el flautista Raúl Zelaya. Su espíritu de colaboración con los músicos cubanos es viejo, inspirada quizás en el respeto que siente por ellos.
«No hay comparación con ningún otro país. Yo he enseñado en Perú, en Polonia, en Estados Unidos, por supuesto, y nunca he encontrado tanto talento como en Cuba. No sé por qué. Ustedes nacieron con música. Está en la ventana de cada casa que ves, mientras caminas por las calles de este país».


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