
Julio César Banasco Rego (Pinar del Río, 1967) es uno entre varios pintores cubanos y extranjeros cuya labor creativa acoge contenidos temáticos y éticos de fuerte inspiración bíblica. Sin embargo, esta cualidad de servicio desde el arte al mismo tiempo clasifica hoy como un descomunal desafío humano: ético, estético y artístico.
En el conjunto de pinturas, dibujos y esculturas realizado por este creador de figuras trasparentes y estilizadas (generalmente incorpóreas, en levitación), podemos entrever algunos de sus empeños por la redención espiritual mediante el modelo antropológico cristiano frente a los sorprendentes horizontes tecnológicos, a la desconfianza social, al avanzado deterioro del medioambiente y de las relaciones humanas. El cuadro Metempsicosis de Banasco-El Otro hijo de Dios II, es un ejemplo oportuno de lo anterior.
¿Qué potencial formal, estilístico y de contenido evangélico es pertinente y/o debe poner a circular el arte religioso de hoy?
Este óleo sobre lienzo (300 x 195 cm) es fruto de un encargo que un sacerdote mexicano le hizo al artista en el año 2001, en La Habana. Es una alegoría, una representación simbólica muy personal de la conversación y cena de Jesús con dos de sus discípulos camino a Emaús (Lucas 24.13-35). Después de concluida, Metempsicosis… permanece a la vista del visitante que llega a la Iglesia María Auxiliadora o María Auxilio de los Cristianos, ubicada en Teniente Rey, entre Aguacate y Compostela, La Habana.
Transfigurar en imágenes que estimulen el fervor humano, sobre todo de los jóvenes, y revitalicen en algo más que en didácticas formas y colores tanto la esperanza como la devoción recibidos del alimento espiritual y moral que proporcionan las escrituras sagradas, constituye hoy parte de los desafíos de los seres humanos, de cara al futuro.
En el caso de la obra que nos ocupa ahora, el autor introduce algunos elementos de contenido y forma que enriquecen la extensa lista de pintores universales que han recreado a Cristo conversando con dos discípulos camino a Emaús o cenando con ellos y en el instante de bendecir el pan. Por ejemplo, en lugar del descriptivo título Cena de Emaús (1560), del italiano Tiziano Vecellio, o de Cena en Emaús (1602), de su coterráneo Michelangelo di Caravaggio, o de otra gran cantidad de pintores extranjeros que han repetido ese tema, Banasco incorpora respetuosas y personales afluencias de su latir cristiano a la enaltecida Cena… porque, según nuestro pintor: “La idea era hacer algo diferente a lo que ellos habían realizado, lo más importante para mí era captar el momento en que Cristo parte el pan, los caminantes lo reconocen y en el mismo instante desaparece. La imagen de Cristo en el centro está fragmentada en sus manos, y arriba se repite la misma imagen para dar la sensación de levitud (sic). Otro detalle para enfatizar dicho momento es que los capiteles están en el aire sosteniéndose sin las columnas, ellas flotan para acentuar su levedad y desaparición. La composición gira alrededor de los seis pares de manos, la banqueta colocada en un primer plano invita al espectador joven a sentarse y formar parte de la cena”.
Esta cena o pasaje bíblico pintado en Cuba hace confluir en una obra sui generis del arte cristiano la resurrección de Cristo y referencias espirituales personales. Para eso, el autor utilizó a su padre como modelo y simbolizó en un autorretrato la figura de Cristo, un Jesús actual, cotidiano, tejido con la esperanza y el deseo de resurrección cubanos.
Debemos apuntar que según testimonio del propio Banasco Rego, previo a la ejecución de su Metempsicosis… en el 2001, consultó a curas y sacerdotes, visitó iglesias de La Habana, y en palabras del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, no existían referencias de otros autores y obras sobre la cena de Emaús ejecutadas en nuestra isla.
La pintura de inspiración evangélica creada en Cuba o procedente del extranjero, tiene aquí su propia historia con valiosísimos cultores y trabajos desde épocas lejanas a la actual. Para apreciar en parte dicho patrimonio convendría recorrer numerosas instituciones culturales y religiosas como el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, el Museo de Arte Sacro —situado dentro del Convento de San Francisco de Asís—, y la profusa red de centros de devoción cristiana existente en pueblos y ciudades cubanos.



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