Cuba: futuro sin adivinanzas

Por: Eduardo O´Bourke Díaz

Perspectivas demográficas. Análisis de cuatro escenarios para el período 2020-2035

Si bien, pensar en los contextos sociales, económicos y políticos es complejo, cada quien se hace sus propias hipótesis. A fin de cuentas, cuando pensamos en el futuro nos imaginamos como individuos, como familias, como grupos sociales dentro de un contexto cultural, un espacio y un tiempo determinado y existen tantos factores que influyen y que son sensibles de modificar las formas en que se desarrollen los acontecimientos que difícilmente pudiéramos acertar. Ahí es donde entra la necesidad de comprender las cualidades del pasado y del presente para desentrañar los derroteros del futuro. ¿Hacia dónde vamos?

No podría responderse con certeza a esta cuestión. Sin embargo, la demografía cuenta con herramientas que aportan algo de luz a la comprensión del futuro. El método de proyección por componentes demográficos es una metodología demográfica que se apoya en los supuestos más básicos de esta ciencia. Si pensamos en una población, veremos que existen sucesos que le adicionan personas y otros que le restan. Cuando alguien emigra o muere se resta y cuando alguien nace o inmigra se suma. Claro está que se trata de una forma muy básica de explicar el contexto. Pero sí, en esencia si tomamos una población y le restamos los que se van y le sumamos los que entran en un período determinado, podemos obtener como resultado la población que queda al finalizar dicho lapso de tiempo, usualmente un año natural (dígase de enero a diciembre).

Las preguntas más obvias y más recurrentes en la cotidianeidad de estos momentos suelen ser: “¿cuántos vamos a quedar en Cuba?” y resulta que podemos estimarlo con cierto grado de seguridad. Pero siempre hay que tener en cuenta que una sociedad no se comporta de manera estable y predecible.

Difícilmente podremos saber lo que pasará de aquí a cuarenta años; pero entre más cercano en el tiempo, más probabilidades de acertar nuestras predicciones y las cifras pueden ayudar a construir una idea de ello. Lo que sucede es que nunca es recomendable quedarnos con los números estrictamente hablando. Hay profesores que aseguran que los números pueden ser sometidos a tortura para que hablen como quieras. Vamos a ver algunos escenarios demográficos.

La manera de llegar a estos resultados ha sido basando el análisis en las tendencias anuales observadas en los componentes del cambio demográfico: fecundidad, mortalidad y saldos migratorios. Se ha partido de la población según sexo y edades simples de Cuba declarados por la ONEI para el 1ero. de enero de 2020, así como de otras informaciones recientes publicadas por esa institución.

Sí, acabo de hablar del 2020 y el ejercicio tuvo lugar en el 2023. Pues el año 2021 arrojó resultados aberrantes en cuestiones de movilidad y mortalidad fundamentalmente, por las afectaciones en la dinámica social y global sufrida por las sociedades a causa de la pandemia por COVID-19. Por su parte el año 2022 resultó ser igualmente afectado por los remanentes de estos efectos en el flujo de los diversos fenómenos demográficos. Entonces, se consideró establecer el criterio de año “normativo”, o un año común, y para ello se empleó el 2020 en función de realizar una proyección más certera en términos de flujo demográfico.

Lo que veremos es “QUÉ PASARÍA SI…” determinada tendencia cambiara o se mantuviera constante en el tiempo.

A partir de los datos antes mencionados, fueron realizados cuatro escenarios posibles para el período entre 2020 y 2035: uno en el cual la mortalidad, fecundidad y migraciones se mantuvieran estables a lo largo del tiempo; otro en el cual la emigración fuera creciendo; un tercer escenario con la migración creciente y niveles de fecundidad extremadamente optimistas y, por último, un escenario con niveles de fecundidad pesimistas.

Vamos a ser serios y aclarar un punto importante para empezar: ni somos doce millones de cubanos viviendo en Cuba, ni existen evidencias que avalen la hipótesis de que lo seremos; al menos no hasta 2035, según diversos ejercicios de proyección en demografía.

Ahora, hablemos de la razón de dependencia. Es una medida demográfica que proporciona una mirada a la cantidad de personas en edad productiva que deben ocuparse de garantizar el acceso a bienes y servicios necesarios para aquella población fuera de las labores económicas propias de la sociedad actual. Es entonces que, se estima como ideal según algunas fuentes, una estructura poblacional con el 20 por ciento mayor de 65 años de edad y 20 por ciento de entre 14 y menos años de edad, para así tener el 60 por ciento de personas entre 15 y 64 años. Dicho de otra forma, de cada diez personas: dos ancianos, dos menores y seis adultos en edad productiva y reproductiva. Entre los casos vistos se ve que en el cuarto escenario hay una situación límite que llega a 0.74, o sea, 74 personas dependientes por cada 100 personas activas. De cada 100 personas, 74 dependerán de la productividad de 36. Esto para el final del período 2020-2035.

De un lado está la población de cubanos por grupos etarios para el año 2035, si la cantidad de nacimientos se sigue reduciendo a un ritmo acelerado, y de otro a si comenzaran a nacer suficientes niños como para sobrepasar el nivel de reemplazo generacional. A pesar de que se suele creer que más niños se traducen en mejores condiciones e infraestructuras sociales a futuro, un aumento acelerado de los nacimientos plantearía un desbalance significativo en el equilibrio económico de una región, porque requeriría dotar a estos nuevos miembros de la sociedad de los bienes y servicios necesarios para su adecuado desarrollo.

El mencionado indicador es más complejo cuando se mira de cerca, porque en Cuba existe cierto movimiento al respecto de estos supuestos basados en la edad. Existen personas que, pasados sus 65 años continúan trabajando y no resultan dependientes en su totalidad, además de que las edades para empezar a trabajar pueden ser variables y que existe una parte de la población que posee condiciones determinadas que le impiden participar a plenitud de las dinámicas sociales en general. Entonces, teniendo en cuenta esto, es posible encontrar que estas realidades se muestran como retos demográficos para el contexto de desarrollo nacional. Una situación como esta debe afrontarse (según expertos) con inversiones en tecnología que se traduzcan en aumentos de los niveles de productividad.

Se entiende que la causa fundamental de estos resultados en el escenario de fecundidad optimista con migraciones estimadas se debe a tres factores: alta esperanza de vida, el aumento de la fecundidad y la emigración de población económicamente activa, en lo fundamental. Este es un escenario muy improbable y para nada debe ser tomado en consideración; porque la fecundidad se tiende a comportar de manera decreciente y relativamente uniforme en su decrecimiento.

Por su parte, la edad mediana es un indicador que no se afecta por las edades límites, ni valores aberrantes en cuestiones estadísticas al observar y analizar la estructura poblacional, con lo cual, arroja cierta claridad en cuanto a la composición de la población. Es una cifra que invariablemente aumenta para todas las proyecciones con el paso de los años, pero que particularmente se dispara en el tercer escenario con fecundidad pesimista y migraciones estimadas.

Este es un escenario muy cercano a lo que pudiera suceder y a lo que nos hace un llamado de atención evidente es al envejecimiento de la población, que en definitiva no es algo novedoso. Es un fenómeno natural en estos tiempos, dado que difícilmente los países alcanzan el nivel de reemplazo generacional y la esperanza de vida es alta, sobre todo en países desarrollados.

Al poner los datos vistos hasta el momento sobre la mesa, es posible entender que el futuro propone retos importantísimos para Cuba y su gente. Necesitamos invertir tiempo y recursos en crear bases sólidas sobre las cuales sostener la población del futuro con sus características. No defiendo la idea de que la ancianidad es un problema que debemos enfrentar. Más bien es una característica de la población del futuro y es necesario comprenderlo. Las tecnologías y los cambios en el mercado internacional y las formas de producción harán modificaciones a la manera en la cual se realizan las actividades de la cotidianeidad, y ello plantea situaciones de ventaja que quizá hoy no es posible ver. Solo hay que mirar hacia atrás. Hace apenas veinte años en Cuba no había prácticamente acceso a internet o telefonía celular y hoy se plantea un tránsito acelerado artificialmente hacia una economía virtual en la que todos los actores empleen métodos y medios de naturaleza tecnológica digital.

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