Iglesia y comunicación. Mucho más que un clic.

Por: Mario Vizcaíno Serrat (mvserrat@gmail.com)

“Es habitual escuchar que la Iglesia debe cambiar su lenguaje para comunicarse con las personas, que las palabras y las formas que utiliza son anticuadas y que en nuestro tiempo no se entienden.

” Sin duda, hay mucho para crecer en esa dirección y todos los esfuerzos que se hagan serán bienvenidos. Pero todo parece indicar que la dificultad es más profunda, que no es solamente una cuestión de lenguaje o palabras más o menos adecuadas”.

Así comienza el libro No basta con un clic. (Iglesia y Comunicación), del sacerdote, periodista y licenciado en sociología argentino Jorge Oesterheld, director de la revista Vida Nueva en su edición para el Cono Sur y párroco de la catedral de la diócesis de Morón, en Buenos Aires.

Con una vasta experiencia en medios de comunicación, Oesterheld aborda en poco más de cien páginas los nudos que deben ser desatados para comunicar con efectividad la persona de Jesucristo, la Buena Noticia, convencido de que ni las tecnologías nuevas ni las viejas técnicas determinan por sí solas el buen o mal efecto del mensaje que quiera transmitirse. La cuestión está en el cómo.

“Hay misioneros —se lee en la introducción del volumen— que apenas conocen la lengua de los destinatarios de sus discursos, consejos y homilías y que, sin embargo, llegan a los corazones y logran transmitir lo más importante del mensaje de Jesús. Hay también excelentes oradores que conocen todas las técnicas y las palabras exactas para llegar a sus auditorios y no logran transmitir lo que se proponen. La diferencia entre uno y otro no se encuentra en ningún curso de oratoria ni en algún entrenamiento para la utilización de los medios. Es necesario ese fuego interior que tiene solamente el que habla desde la experiencia. Es el fuego que movía a los apóstoles después del Pentecostés, es el fuego que Jesús mismo nos dice que ha venido a traer a la tierra, ‘¡y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!’”.

No se trata de encontrar un lenguaje nuevo —advierte el sacerdote argentino, que trabajó varios años con el ahora Papa Francisco cuando era el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio— sino de redescubrir la originalidad de un lenguaje propio y único. Ese lenguaje propio está formado por signos y palabras transmitidos de generación en generación, que desde hace dos mil años ha puesto en comunicación a los discípulos de Jesús con hombres y mujeres de todas las razas y culturas. Para utilizarlo hoy es preciso conocerlo y saber ponerlo en contacto con la realidad en cada lugar y en cada momento.

Resulta interesante cuando el autor de No basta con un clic ofrece algunas claves sobre el protagonismo de Francisco en los medios de comunicación contemporáneos. “Francisco —escribe— es eficaz usando la originalidad del lenguaje y los signos que encontramos en el Evangelio (…) Jesús no era un experto en comunicación institucional, era algo más simple y difícil: era coherente, claro, directo. No tenía nada que ocultar, no había en él segundas intenciones”.

Y el periodista y sacerdote argentino llega hasta una conclusión contundente del papa Francisco: “el compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador”.

Del Sumo Pontífice dice Oesterheld: “Él se pone en juego a sí mismo, se arriesga, dice lo que piensa y siente, vuelve sobre sus pasos cuando se da cuenta de que no es comprendido, y aclara lo que quiso decir. No elude los temas complejos y los trata con palabras comunes. Huye de los tecnicismos que aportan precisión, pero que confirman un lenguaje inaccesible para la mayoría. Prefiere las imprecisiones del lenguaje común, se arriesga a utilizar palabras que puedan ser interpretadas de muchas maneras e incluso a inventar palabras nuevas”.

En su libro, Jorge Oesterheld se hunde en apasionantes criterios, a veces demoledores, como que con la aparición de internet se fueron abajo las mediaciones de los políticos, los eclesiásticos y los medios de comunicación y se dejó ver una humanidad hambrienta de cooperación, deseosa de compartir, entusiasmada con el valor de la vida, con ganas de aprender, asqueada de la mentira y buscadora de valores que ofrezcan un sentido a la existencia de cada uno.

“Es cierto que ahora también se pueden ver mejor, están más a la vista, las actividades de los pedófilos, de los violentos, de los discriminadores y de diversas perversiones pornográficas y de otros tipos. Pero el pensamiento instalado hasta hace poco como lo políticamente correcto no ocultaba este tipo de realidades; al contrario, pensadores, políticos, economistas y —hay que decirlo— muchos eclesiásticos parecían convencidos de que eso era lo que nos definía que el ser humano era algo peligroso para sí mismo y para la naturaleza. La red de redes demuestra que ese tipo de fenómenos es algo marginal cuando lo ponemos en un contexto, cuando se los compara con la inagotable riqueza y belleza de la inmensa mayoría de los seres humanos”.

Y concluye su idea con una imagen que debe tener muchos detractores, pero es insuperable en su mirada positiva de la vida: “internet fue creada para la guerra, pero cuando hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos, blancos, negros, amarillos, ricos y pobres se apropiaron de ella, la convirtieron en un eficaz instrumento de paz y en una extraordinaria escuela de convivencia planetaria”.

Con ese concepto del mundo al que la mayoría no se enfrenta todos los días en los medios de comunicación, el periodista y sacerdote argentino explora los resquicios de la comunicación que la Iglesia está llamada a aplicar, y se remite al Papa Francisco cuando cita a Benedicto XVI: “No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás ‘a través de la disponibilidad, para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de la búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana’”.

Bombardear no es una actitud evangélica —advierte Oesterheld— ni siquiera si lo hacemos con mensajes religiosos.

“Y cuando hablamos de Jesús (que a veces lo hacemos), ¿qué palabras y signos usamos?”, se pregunta el periodista y sacerdote argentino, y de nuevo interroga: “¿Lo que nos propone el marketing de última generación, que diseñan especialistas en ‘imagen corporativa’? ¿Somos de aquellos que prefieren palabras y signos anticuados y fuera de lugar que no pertenecen al Evangelio, sino a culturas ya superadas, o intentamos con sencillez en nuestra vida y nuestra manera de comunicar presentar la vida de Jesús tal como la hemos podido descubrir en las experiencias cotidianas y en los textos sagrados?”.

En ese camino, Oesterheld cree oportuno destacar que la preocupación por la actualidad, que para muchos es sinónimo de frivolidad o superficialidad, es esencial para el comunicador. Porque es en la actualidad cuando vivimos las personas normales, “cuando sufrimos y gozamos, nacemos y morimos. Jesús hablaba de lo que la gente estaba viviendo en ese momento, no elaboraba conceptos que sirvieran para toda ocasión y lugar. La manera de trascender el tiempo no es ser atemporal o teórico, sino concreto y comprometido con la realidad del momento”.

Y prosigue el argentino: “para el comunicador, esta exigencia de la actualidad está unida también a la necesidad de presentar el mensaje de Jesús despojado de todo aquello que se le va agregando con el paso de los años. En este tema también es un maestro el Papa Francisco. En un mensaje dirigido a teólogos hace un llamamiento que es útil para los comunicadores. ‘Debemos tomarnos el trabajo, el arduo trabajo, de distinguir el mensaje de Vida de su forma de trasmisión, de los elementos culturales en los que en un tiempo fue codificado. (…) no hacer este ejercicio de discernimiento lleva sí o sí a traicionar el contenido del mensaje. Hace que la buena nueva deje de ser nueva y especialmente buena, volviéndose una palabra estéril, vacía de toda su fuerza creadora, sanadora, resucitadora, poniendo así en peligro la fe de las personas de nuestro tiempo’. (Videomensaje, 3 de septiembre de 2015)”.

De las sentencias de Oesterheld en su libro esta es de las más especiales: “Cuando las palabras y los gestos de Jesús se alejan de la realidad que viven las personas, la Buena Noticia deja de ser buena y nueva, se convierte en algo que en lugar de iluminar confunde La claridad con la que Francisco habla sobre este tema obliga a citarlo textualmente: ‘A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan que es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo. Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo somos fieles a una formulación, pero no entregamos la sustancia. Ese es el riesgo más grave’”.

“No poner en práctica, no llevar a la realidad la Palabra, es edificar sobre arena, permanecer en la pura idea y degenerar en intimismos y gnosticismos que no dan fruto, que esterilizan su dinamismo”, apunta el Papa Francisco.

No basta con un clic es un libro dirigido al corazón de la Iglesia, un estudio apasionado de la comunicación, cuyas tesis, las del argentino Jorge Oesterheld, tienen todo el prestigio derivado de su doble condición de sacerdote y periodista católico de larga experiencia, dos profesiones emparentadas en la humanidad y en la entrega total que reclaman. W

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