Santo Ángel Custodio, historia viva

Por: Jaime Porcell Prado

Cuando se asciende desde la zona del puerto por las estrechas vías de La Habana Vieja, en la elevación de la calle Compostela, en el número 2, esquina a Cuarteles, de repente, al llegar a la cima, surge como testimonio vivo de la trascendente fe católica la iglesia del Santo Ángel Custodio.

El barrio es conocido como La Loma del Ángel, y como en el siglo xix estaban próximos campamentos militares y las fortalezas del Morro y La Cabaña, era recorrido obligatorio de soldados y oficiales del ejército hispano hacia sus lugares de acuartelamiento.

En las fuentes de la iglesia del Ángel Custodio fueron bautizados dos de los personajes más ilustres de la historia de Cuba: el presbítero Félix Varela y el apóstol, José Martí. El templo fue escogido, además, por el célebre escritor Cirilo Villaverde como uno de los escenarios de su novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel.

Como verdadera reliquia se conserva aún la campana de bronce que desde aquella época lejana, y también en la actualidad, llama a misa a los fieles. En los archivos, gruesos libros de asiento, de hojas amarillentas y letras de tintas desgarradas por el tiempo conservan las anotaciones, iniciadas en el siglo xvii, cuando era una ermita. De acuerdo con historiadores, por iniciativa del obispo de Cuba, Diego Evelio de Compostela, fue ampliada y elevada a la condición de parroquia.

Guardados en muebles de madera, que exhiben las huellas del tiempo, los archivos constituyen un testimonio vivo de los pobladores de entonces, con sus datos y apellidos. Especial cuidado se confería a las festividades religiosas, de segura celebración, y a la ética cristiana, pues el Nuevo Mundo, aunque distante de la lejana península, permanecía dentro de los preceptos rigurosos de la España imperial bajo la vigilancia del reducido núcleo de párrocos hispanos.

No como españoles (aunque así quisieran designarlos) sino como “criollos”, podemos encontrar las partidas de bautismo de ilustres habaneros y enriquecidas familias de varias épocas. Otras desaparecieron en manos irrespetuosas o ambiciosas, como la de José Martí y Pérez, sin que se conozca dónde se encuentra ni quién la sustrajo, y se conserva la del presbítero Félix Varela. Están las del poeta Julián del Casal, la bailarina Alicia Alonso, y Francisco de Albear y Fernández de Lara, famoso por la construcción de un acueducto para La Habana.

Otras manos codiciosas robaron en la década de 1980 obras religiosas del pintor Nicolás de Escalera: La virgen del pez, El bautismo del Señor, La última cena, perdidas por lo imposible de restaurar. La policía capturó a los delincuentes, quienes, por ignorantes, las habían enrollado y colocado, como escondite, dentro de un barril de yeso. Los esfuerzos por recuperarlas fueron inútiles debido a la acción corrosiva.

Valiosa es la misma arquitectura de la iglesia, que por su antigüedad recuerda las construcciones religiosas medievales, con arcos de medio punto y los bellísimos vitrales distribuidos en la media planta alta y el oratorio, en las que se aprecian los doce apóstoles, el Inmaculado Corazón de María, el Sagrado Corazón de Jesús y el Santo Ángel Custodio. Es en la actualidad la única iglesia cubana con un deambulatorio alrededor del altar.

Los vitrales, colocados en 1923, afirman una atmósfera de presencia de la fe y la cultura católica. Se trata de obras imposibles de valorar por lo que significan y de obligatorio cuidado futuro. Creadas en las ciudades de Munich y Barcelona por encargo a especializados artesanos, cumplen la función de recordación bíblica con el cuidadoso tratamiento de los personajes, sus atributos y el esplendor de los colores, tan atrayentes en lo visual como representativos de la espiritualidad cristiana.

Fue la esposa del presidente Mario García Menocal, doña Mariana Ceva de Menocal, devota católica, la auspiciadora de la colecta pública que posibilitó la adquisición de los vitrales en aquella segunda década de la república, cuando todavía el Capitolio Nacional era solo un proyecto y los ingresos de la Isla estaban limitados a la industria azucarera, en lo esencial, y al tabaco como segunda fuente de divisas. Eran los tiempos del Mayoral, como le decían al mandatario, general de la última guerra de independencia y de triste fama de represor de obreros en los dos períodos como jefe de Estado.

La iglesia, de historia ya tan dilatada, fue la cuarta parroquia de La Habana de intramuros, mucho antes de las descripciones de Cirilo Villaverde, pues numerosas reparaciones y mejorías se introdujeron, la mayor de ellas a finales del siglo xix, de acuerdo con el sacristán, Yoel Hidalgo García, quien facilitó a Palabra Nueva acceso a una abundante documentación y a sus propias indagaciones.

Bautismos de José Martí y de Félix Varela

El bautizo del Apóstol de la independencia, como correspondía a un padre policía de la condición de Mariano Martí, lo realizó un capellán que ofrecía sus servicios al regimiento al que pertenecía su progenitor. Le pusieron por nombre José Julián Martí y Pérez, como constaba en el libro del que se arrancó la hoja robada. La madre, Leonor Pérez, había traído al mundo a quien sería líder indiscutible de la última guerra liberadora.

La hoja donde se leen, ya en tintas degradadas y rasgos irregulares, las anotaciones sobre el bautismo del padre Félix Varela, es uno de los tesoros que conserva la iglesia. Lo escrito recibe un cuidadoso trato, y aunque su conservación todavía es legible, demanda de mejores condiciones ambientales para evitar el riesgo de plagas y el deterioro del papel.

Durante muchos años, fue monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal (1936-2014), tataranieto del Padre de la Patria, quien ofició las misas y atendió a los fieles. Integrante de la Academia de la Lengua Cubana y reconocido por su gran cultura, el autor de la novela Érase una vez en La Habana es recordado con mucho cariño y respeto en la iglesia del Santo Ángel Custodio, que desde hace más de veinte años ofrece a unos cincuenta ancianos y personas desvalidas un almuerzo varias veces cada semana.

Es la iglesia del Santo Ángel Custodio, cuya historia, arquitectura y archivos la convirtieron en un patrimonio cultural, que merece todo el apoyo y la atención, para que pueda proseguir su obra evangelizadora.

Se el primero en comentar

Deje un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*